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Las OIG en debate

Foto: Archivo

Félix Arellano

Las organizaciones internacionales gubernamentales (OIG), particularmente el sistema de las Naciones Unidas, enfrentan en los últimos años un creciente y, en algunos casos, exagerado cuestionamiento. Conviene destacar que surgen como un complemento funcional a los Estados; empero, con el tiempo, diversos factores se suman tanto para fortalecer su protagonismo, como para incrementar la atención crítica de la sociedad a su funcionamiento.

En este contexto, en los últimos años tienden a ser utilizadas como un recurso de manipulación en las narrativas radicales y populistas, en alguna medida constituyen “chivos expiatorios”, que permiten, evadiendo responsabilidades, recibir las culpas;  menospreciando su contribución en la construcción de las soluciones a los graves problemas que enfrenta la humanidad, en estos momentos es el caso de la pandemia del coronavirus.

Si nos remontamos a sus antecedentes encontramos a la Organización Internacional del Trabajo (OIT), como la primera organización internacional gubernamental de carácter mundial adoptada por los Estados, luego vendrá la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con la firma de la Carta de San Francisco en 1945, y con ella la conformación de un ambicioso y complejo sistema de organizaciones al que se incorpora la OIT.

El sistema de la ONU y muchas otras organizaciones internacionales gubernamentales se establecen para complementar funcionalmente a los Estados, apoyarlos en el manejo de temas técnicos que exigían de la participación de otros países. Ahora bien, con  el desarrollo científico y tecnológico la interconexión del mundo se incrementa, empezamos a utilizar términos como interdependencia compleja o globalización. En ese nuevo escenario los Estados se tornan débiles para enfrentar los nuevos retos.

En el contexto global las OIG van logrando mayor protagonismo, se incrementa el número de países miembros, se multiplican por la diversidad de temas que conlleva la agenda de la interdependencia, su labor se va tornando muy técnica y necesaria. Expresiones como: los problemas globales, requieren de soluciones globales, evidencia el papel relevante que adquieren las OIG para a construcción de confianza y certidumbre a escala mundial.

Pero el crecimiento y fortalecimiento las pone en la mira de la comunidad internacional. Si bien necesarias y convenientes para el manejo eficiente de los problemas globales, los críticos, muchos de ellos concentrados en la visión rígida de la soberanía, escudriñan sus posibles defectos y las criticas van creciendo, entre otras, destacan: demasiados funcionarios, una gran burocracia con privilegios e inmunidades; costosa para los gobiernos, en particular para los países en desarrollo; en muchos casos demasiado autónomas y poco democráticas.

Las debilidades de las organizaciones internacionales empiezan a ser explotadas por las visiones radicales populistas y conservadoras nacionalistas, básicamente por las limitaciones que puede generar a las arbitrariedades de los gobiernos autoritarios. Diversos temas que manejan las OIG, en particular, los derechos humanos o la defensa de la democracia, atraen especial atención de los gobiernos autoritarios y, con el objeto de limitar su capacidad de acción, desarrollan campañas destructivas.

Las OIG son necesarias en la dinámica global, pero como toda organización humana tienen sus debilidades, pueden ser objeto de manipulación por los países miembros, perder eficiencia o capacidad de acción; perder el equilibrio y la prudencia que exige su acción intergubernamental. Frente a sus potenciales debilidades y limitaciones, las soluciones, lejos del retiro de los países o su eliminación, se deberían orientar a la participación más activa de los países miembros, para ejercer el control adecuado y oportuno.

En estos momentos varios gobiernos y, en particular los Estados Unidos, está cuestionando fuertemente a la Organización Mundial de la Salud (OMS), anteriormente se ha retirado de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y está tratando de paralizar el funcionamiento de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Parecieran decisiones poco acertadas, que facilitan el camino de los gobiernos autoritarios en su objetivo de controlar y limitar las OIG.

En el caso específico de la OMS, las dudas son mayores, pues algunos consideran que la posición del Presidente Donald Trump podría constituir una válvula de escape, para evadir las responsabilidades de los manejos erráticos en el tema de la pandemia del coronavirus, donde pareciera que se ha privilegiados los cálculos electorales, frente a la gravedad del problema.

Tanto la OMS, como en general el sistema de Naciones Unidas en su conjunto, exige de un mayor control para lograr resultados más eficientes, y en ese proceso los gobiernos democráticos están llamados a jugar una labor fundamental, para evitar que las OIG se conviertan en instrumentos al servicio del autoritarismo. Para lograr ese objetivo se requiere de coordinación y unidad, las acciones unilaterales debilitan el esfuerzo.

Teniendo en cuenta que la tarea de los gobiernos democráticos es enorme, corresponde a la sociedad civil defensora de los valores democráticos y los derechos humanos, realizar las acciones necesarias para apoyar a los gobiernos. Conviene analizar en profundidad la situación y presentar propuestas de revisión y reingeniería de las OIG. La crítica permanente sin propuestas de cambio es una labor estéril que poco contribuye al logro de los objetivos.

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