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Venezuela se desliza hacia la «nada»

Foto: Cambio16

Eglé Iturbe de Blanco


Desde la entrada del presente siglo, con la llegada al poder de Hugo Chávez Frías y su revolución bolivariana, Venezuela inició un proceso de disolución que con la visión de HCH de que podía resolver los problemas de miseria, desigualdad e invisibilidad de los más pobres y lograr una sociedad más participativa, solidaria y protagónica. Se sentía llamado a completar la tarea de independencia que, a su juicio, Simón Bolívar no había concluido y con la responsabilidad histórica de asumir ese reto.  Para ello, necesitaba una Carta Magna que le diera un piso a los cambios que pensaba hacer y llegó al gobierno convocando una Asamblea Nacional Constituyente para elaborar la nueva Constitución, la cual estuvo lista para diciembre de 1999 y entró en vigencia en marzo del 2000. Este proceso de cambio, se inició lento pero paulatino y está llevando a la desaparición de Venezuela como país, proceso que se  rematará con la aprobación de la “Ley Constitucional  Antibloqueo para el Desarrollo Nacional y la Garantía de los Derechos Humanos”. Esta ley acaba con la existencia de Venezuela como país, al eliminar la constitución vigente dejándolo desamparado de derechos y justicia y dándo amplios poderes al régimen, justificando este hecho en la lucha contra las sanciones impuestas por el nivel de corrupción de la cúpula gobernante.

 El proceso de aproximación a este nuevo estado de felicidad, se inició con el cambio de nombre de país en la nueva Constitución a República Bolivariana de Venezuela. Constitución que derogó la de 1961 que había regido  durante los 40 años de democracia. En el 2006 se agregó una estrella a la Bandera Nacional y se hicieron cambios en el  Escudo Nacional para que el caballo mirara  a la izquierda. Todos estas modificaciones  afectaron la esencia de la nacionalidad. Los venezolanos pasaron a ser ciudadanos de otro país sin darse cuenta. Debieron renovar todos sus documentos, sacar nuevas cédulas de identidad y pasaportes, las instituciones cambiaron de nombre y el número de ministerios de la administración pública se multiplicó, pasó de 16 ministerios en 1989 a los 34 de hoy en día; las empresas públicas pasaron de 93 a más de 700 y el empleo público se triplicó.  No escaparon a estos cambios los estilos de vida del ciudadano, los medios de producción y el control de los recursos públicos y la moneda nacional.

Bajo el lema de la igualdad social y el mejoramiento de la vida de los sectores menos favorecidos se deterioró la calidad de vida de la clase media, hoy casi desaparecida. Se dictaron normas para proteger el inquilino frente al propietario, eliminando el modo de vida de innumerables familias que habían ahorrado para tener un ingreso que les permitiera vivir cuando ya no estaban en edad de trabajar o para que sus hijos cuando se casaran tuvieran un primer hogar. Se destruyó el mercado de alquiler y nunca más se construyó para alquilar. Se crearon misiones para ayudar a las clases populares, entre  2001 y 2012, unas  30 y  hoy hay más de 50 misiones y un sinnúmero de bonos que se otorgan periódicamente a través de un sistema discriminatorio llamado Sistema Patria. Este sistema de dádivas, no solo no ha beneficiado a las personas y familias adecuadamente durante los años de la revolución, porque no les dio trabajo y hoy día millones de personas dependen para comer de recibir el bono y/o la caja o bolsa CLAP, sin proteínas y con productos,  en su mayoría importados de países lejanos como Turquía, Rusia, Irán,  que han deteriorado el nivel alimenticio y la salud  de los niños creando una generación que se percibe con gran deterioro intelectual  y físico (ver resultados encuesta COVID-20) . Este beneficio ha sido manejado como herramienta de control social y no ha ido acompañado de generación de empleo productivo, aumentando la dependencia del ciudadano del Estado.

Durante estos 20 años se ha destruido la capacidad productiva privada al grito de “exprópiese” de actividades  industriales y comerciales y con la apropiación de las tierras de vocación agrícola que hoy día están en manos del Estado, buena parte improductiva. Las actividades industriales privadas se han reducido a unas pocas empresas que han podido o decidido permanecer en su actividad aunque en condiciones precarias y el nivel del consumo del ciudadano se ha reducido por la falta de ingreso y la hiperinflación que ha llegado a ser una de las más altas del mundo; unido a la desaparición de la moneda nacional: el bolívar, que se le han quitado tantos ceros y cambiado de nombre que ya no existe y las transacciones se están haciendo en porcentajes cada vez más importantes en moneda extranjera, dólar o euros, para los que puedan recibir ingresos en esas monedas, bien de las pocas actividades productivas que aún existen o de los familiares que han abandonado el país en busca de mejores oportunidades de vida y envían remesas. Se estima que el tamaño de la economía venezolana se ha reducido en 70% en 7 años y que cerca de 2.000 millones de dólares circulan en manos de privados en el país producto de las remesas. El salario básico de las personas que trabajan fijo y de los pensionados y jubilados no alcanza  un dólar mensual,(400.000 Bs.)mientras que la canasta básica se ha ubicado para mayo de este año por encima de los 24 millones de bolívares; se necesitan 60 salarios mínimos  mensuales para cubrir la canasta básica.

No solo se ha destruido la empresa privada, se ha desaparecido la principal fuente de ingreso nacional, la industria petrolera, la cual generó en 5 años, entre el 2007 y 2011, más de un billón de dólares , más que  todos los recursos en divisas generados por la industria en el pasado. El proceso de desaparición de la industria petrolera se inició en el 2002 cuando con un pitazo HCH despidió a 20.000 trabajadores de la gerencia petrolera y técnicos con muchos años de experiencia, que no han podido ser sustituidos y que hoy en día prestan sus servicios en otros países del mundo. Se cuadruplicó el empleo en la industria petrolera y se  convirtió en la caja chica de la presidencia de la República.  Venezuela el país con las mayores reservas petroleras del mundo, ha dejado de ser un país petrolero: de más de 3 millones de barriles diarios que se producían en 1989, hoy se produce una décima parte. Venezuela que fue modelo de desarrollo hidroeléctrico en el mundo con la central hidroeléctrica de Guri y la monumental obra construida en la región de Guayana, aprovechando el río Caroní, donde se generaba energía suficiente para las empresas de aluminio y acero y alumbrar a casi toda Venezuela. Hoy no produce ni para mantener alumbrada a las principales ciudades del país. Y las empresas de acero y aluminio son un recuerdo del pasado.

Los servicios públicos que debe generar el gobierno han desaparecido o se han deteriorado al máximo y los ciudadanos hoy no cuentan con  electricidad continua, ni agua potable sin racionamiento, ni gas para cocinar. El agua está racionada porque los sistemas funcionan a 50% de capacidad por falta de mantenimiento, al igual que la electricidad, por falta de mantenimiento e impericia en el manejo de los sistemas. No hay gas doméstico por la baja producción petrolera, ya que el gas está asociado a los niveles de producción de petróleo y la guinda del pastel es la falta de gasolina. Las cuatro refinerías existentes que producían suficiente gasolina para el consumo local y exportación fueron dañadas por malas prácticas y desmanteladas en parte y hoy somos importadores de gasolina de Irán. Hay un fuerte racionamiento que se vislumbra en las largas colas donde las personas deben permanecer por horas e incluso días para poder abastecerse. Esto afecta no solo a las personas naturales sino, y más grave, a los transportistas de alimentos que deben permanecer en largas colas a ver si los abastecen y pagar las primas en el camino, ello encarece la comida que llega a las ciudades afectando más al ciudadano que ahora debe comprar en divisas y más caro.

No solo los servicios públicos en lo material han sido destruidos; la educación, la salud, la moral y la cultura han sufrido el embate de la falta de criterio y conocimiento. La educación esta en manos de quien fue en el pasado un maestro de educación física en un liceo de Caracas, la salud ha probado en esta pandemia el abandono de los hospitales y la atención inadecuada de la misma, la moral se ha deteriorado por el modelaje de la cúpula hacia los ciudadanos convirtiendo a todos en cómplices de las fechorías de toda índole para poder sobrevivir en medio de la gran miseria, en un país donde el salario mensual no alcanza, y el empleo formal casi ha desaparecido, obligando a las personas a no guardar la cuarentena para poder llevar comida a sus casas cada día.

Al lado de todos estos elementos y para completar la disolución del país varios países como Estados Unidos, Canadá, y Europa, han puesto precio a la cabeza de varios jerarcas del régimen empezando por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, y más de otras 40 personas han sido sancionadas  por haberse apropiado en diferentes formas de los recursos  nacionales provocando la ruina del otrora país más rico del continente suramericano. Nuestro recursos minerales, oro, coltán y otros minerales valiosos están siendo entregados a los países amigos del régimen a cambio de su apoyo, y la ley recién aprobada que permite la venta de las empresas y activos públicos en “secreto,” con leyes preparadas a la medida. Dejaremos de ser un país  para convertirnos en colonia de los nuevos conquistadores. Cuando paso revista a la situación en que ha sumido a Venezuela la revolución bolivariana recuerdo un libro para adolescentes del escritor alemán Michael Ende, titulado La Historia Interminable, que relata las vicisitudes de un país llamado FANTASÍA  que esta siendo devorado por la “NADA”, especie de bruma que por todos los límites de Fantasía se va tragando al país, habitantes, campos, bosques, lagunas y pantanos. Sus  habitantes ,seres diversos en especie, conviven en armonía hasta que la NADA empieza a aparecer en todas partes y esto los obliga a enviar mensajeros a hablar  con la emperatriz que gobierna el país y que está también muy enferma(el valor de la negociación) y todos los mensajeros llevan la misma pregunta (el valor de la unidad). La emperatriz escoge un niño para que salve al país  que debe desafiar todos los obstáculos con la ayuda de todos los pobladores que quieren recuperar su país (el líder escogido), el cual es ayudado por un niño de la tierra que decide incluirse en el libro para ayudar al líder (la ayuda externa), pero es el líder de Fantasía con el apoyo del niño terrícola quien logra devolver la vida a Fantasía (la democracia) . Muchos ejemplos de solidaridad, unidad de propósitos y conocimiento de lo que se desea encontrar están a lo largo del libro, no viene al caso relatarlos. Lo importante, desde mi punto de vista, es que si los venezolanos actúan sabiendo lo que quieren, con unidad de propósitos, practicando el diálogo, aprovechando la ayuda externa y siguiendo la línea estratégica del líder escogido, podremos evitar que nos trague la NADA. Cambiando el modelo de desarrollo, impidiendo la puesta en práctica de la Ley Antibloqueo, negándonos a los deseos del mal, podremos recuperar la libertad, la democracia y reconstruir nuestro país ante de que no quede NADA de él.

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