Carta del Director

El puente roto entre el chavismo disidente y la oposición

EDITORIAL
Gap in concrete bridge as symbol of risk and danger. Mixed media // Extraídp de: iStock

Mientras las elección en los Estados Unidos, con el triunfo final de Joe Biden, agudiza las angustias y la desesperanza de muchos, que veían en Trump la última esperanza para Venezuela, nosotros seguimos avanzando hacia una elección parlamentaria cuestionada, dentro y  fuera del país, y en la que la gran ganadora será la abstención, abonando a un conflicto al que podría sumarse la base social del chavismo, en la que el descontento va creciendo con un mayor protagonismo en movilizaciones contra el régimen, lo que abre posibilidades para que el liderazgo de este sector y el de la oposición se encuentren en áreas existenciales y de interés común, como lo son la defensa de la Constitución y el derecho a participar democráticamente

Benigno Alarcón   

                                                                                                                                          

La polarización sobre las elecciones en los Estados Unidos

El pasado sábado, tras la adjudicación del estado de Pennsylvania al candidato demócrata, Joe Biden, se puso fin a cuatro días de agonía que iniciaron la noche del martes cuando comenzaron a mostrarse los resultados del proceso electoral en varios estados, que evidenciaban un resultado, que por lo cerrado, era  opuesto a la casi totalidad de las encuestas que no consideraban la reelección como un escenario probable.

En la medida que comenzaron a contarse los votos enviados por correo, lo cual es totalmente válido en los Estados Unidos, y que este año representaron dos tercios del total como consecuencia de la pandemia, los resultados comenzaron a parecerse más a las predicciones, y Trump empezó a perder terreno para terminar con el resultado que ya todos conocemos.

Al tiempo que la noticia sobre el resultado de Pennsylvania se difundía, los demócratas comenzaban a celebrar, el liderazgo republicano comenzaba a reconocer, progresivamente, el resultado, los líderes del mundo libre, incluido Guaidó,  hacían llegar sus felicitaciones al Presidente número 46, y la gente salía a las calles de los Estados Unidos, no para confrontarse, como muchos anunciaban, sino para celebrar el triunfo, no solo de Biden, sino de la democracia, en escenas que todos queremos algún día replicar en las calles de Venezuela.

Toca a nosotros, los venezolanos, aceptar la realidad, dar las gracias al gobierno de Trump por su apoyo y por los intentos, independientemente de sus aciertos, errores, resultados o falta de ellos, y no permitir que la elección de los Estados Unidos, en la que no somos nosotros quienes elegimos, se convierta en un nuevo tema para dividirnos. Toca a los venezolanos entender que la democracia en Venezuela es para los Estados Unidos un asunto de Estado, en el que hay consenso entre demócratas y republicanos, entender que el partido de presidentes como Woodrow Wilson, Truman, Roosevelt, Kennedy, Clinton, Obama, no es un partido comunista, dejar a un lado los prejuicios sobre Biden, y darle la oportunidad al nuevo gobierno de demostrar que tan importante será Venezuela en su agenda, y trabajar para que si hay cambios de estrategia, que seguramente los habrá, sean para superar los errores, mejorar resultados, y materializar el cambio democrático, por el que tanto hemos luchado, lo más pronto posible.

La polarización entre quienes se oponen a Maduro

Tras la muerte de Chávez y el ascenso de Maduro a la presidencia en 2013,  ha ocurrido un progresivo deslave de las bases del chavismo que, sin pasar al otro extremo, o sea a la oposición, no sólo han abandonado su compromiso con la élite gubernamental, sino que comienzan a adversarla de manera cada vez más evidente.

En la medida que este distanciamiento va creciendo, en diversos círculos se ha venido evaluando la posibilidad de que se establezcan puentes entre los liderazgos de la oposición y del chavismo disidente, tomando en consideración intereses comunes como la defensa de la democracia y la Constitución, sin lo cual nadie opuesto al régimen tendrá existencia política.

Para el próximo año es muy posible que aumenten los niveles de represión como consecuencia de un incremento en la movilización y las protestas, al tiempo que se agudiza el deterioro de la situación social y económica. Ello implica una oportunidad para intentar acercamientos entre estos sectores, considerando que muchas de las protestas que en los meses recientes se han desarrollado en el interior del país, han sido acompañadas por dirigentes que en otras épocas militaban en el oficialismo, pero del cual se han ido alejando.

Esto obliga mutuamente, tanto a la oposición como al chavismo disidente, a considerar la necesidad de tender puentes, sin que la primera busque liderarlo, pues  resulta poco probable por las enormes brechas discursivas que existen entre este sector y la oposición. Podría tener mayor factibilidad si se abren caminos a la coordinación en aquellas áreas donde existen zonas de acuerdo posible, como pueden ser la defensa de la Constitución vigente y la democratización del sistema, que es una aspiración común, ya que ambos grupos buscan que se garantice el derecho a elegir, organizarse y ser elegido. También hay posibilidades de coordinación para la movilización ciudadana y las protestas relacionadas con este objetivo y/o por las condiciones de vida, así como para resistir y aumentar los costos de la represión para un régimen que también irá contra ellos en la medida que se vuelve más cerrado y autocrático.

Uno de los elementos clave que requiere ser abordado es la incertidumbre que existe en las bases populares del chavismo descontento sobre lo que podría ocurrir si se produce un cambio político que lleve a la oposición al gobierno. Estas dudas se generan por miedo a la retaliación, a la exclusión. Y se derivan de los  discursos agresivos de algunos opositores que niegan cualquier posibilidad de reconciliación o convivencia y que se propagan a través de canales como las redes sociales, desde donde se contribuye a exaltar estos temores. 

También debe considerarse el impacto de la narrativa que establece una división entre quienes están con el imperio, catalogados como enemigos, y los que se mantienen como aliados, dentro y fuera del país. Este paradigma o modelo no sólo explica la posición del régimen frente al mundo, sino la naturaleza de la oposición desde la óptica del chavismo, incluido el disidente, que ven a la oposición, no como un liderazgo alternativo y democrático, y por lo tanto elegible para gobernar, sino como actores subordinados a intereses foráneos, y por lo tanto no comprometidos con los intereses nacionales y las necesidades del pueblo venezolano.

Una de las mayores limitaciones que tiene la dirigencia disidente chavista -y con mayor razón la opositora-para incidir en las bases del chavismo descontento está en la poca disponibilidad de canales de comunicación e información. Por lo general este sector continúa informándose por los medios oficiales, como Venezolana de Televisión. Esto explica el hecho de que este sector del chavismo, a pesar de sus marcadas diferencias con la cúpula gubernamental en general, y con Maduro en particular, no crea en el déficit de democracia, así como tampoco pareciera enterarse de temas tan trascendentales como los informes sobre derechos humanos de las Naciones Unidas.

No obstante, las redes que ha ido creando el chavismo disidente les ha permitido impactar en la movilización sobre asuntos que tocan directamente a la gente. Las recientes protestas en algunas regiones del país que, por su tendencia mayoritariamente oficialista, resultaron inéditas, como las de Yaracuy y Portuguesa, así como las del centro de Caracas (La Candelaria), asociadas a la deficiencia de los servicios públicos; fueron lideradas por estas redes del chavismo disidente, lo cual hizo que su represión fuese complicada y políticamente costosa, considerando la negativa tanto de colectivos armados como de policías locales a reprimir.

El gobierno, al tanto de esta dinámica y consciente de la alta probabilidad de que la conflictividad social aumente como consecuencia del deterioro de la situación económica y social, está reorganizando a una porción escogida de estos colectivos, en lo que se conoce como las CUPAZ (Cuadrillas de Paz) que, en contradicción a su denominación, son mucho más violentas, lo que implica una dinámica de control social, represión y violencia de pueblo contra pueblo. Es así como la relación y el control del régimen sobre las bases sociales se da no solo a través de la relación clientelar, sino además por el miedo.

Tanto para la oposición como para el liderazgo del chavismo que se hace llamar democrático y pretenda trascender y existir tras una transición democrática, resulta urgente desmontar los temores relacionados con posibles retaliaciones, persecución y exclusión como consecuencias de un cambio político. Pese a este problema, desde hace tiempo identificado, el liderazgo opositor no le habla al chavismo, sea madurista o antimadurista, lo que hace mucho más difícil avanzar hacia una transición democrática. Pavimentar este puente roto es uno de esos asuntos urgentes que debe atenderse desde la agenda estratégica del chavismo disidente y de la oposición, pero no solo a nivel de los liderazgos visibles, sino desde el diálogo social que sucede en cada calle, escuela, universidad, mercado, iglesia, comunidad o rincón del país.

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