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¿Y ahora qué? Apropiarse de la “idea” de Democracia como forma de vida

Foto: Andrés Martínez Casares / Reuters

Pedro González Caro


Las circunstancias

Las circunstancias que atraviesa Venezuela exigen respuestas casi inmediatas frente a los abusos y arbitrariedades. Sin embargo, generar respuestas irreflexivas o impulsivas nos empuja al riesgo de perder la brújula, el norte, que guía la resistencia cívica y con ello, caer en la trampa de la anarquía.

La situación política y social, exige para Venezuela un momento de repensar. Líderes democráticos y ciudadanos tienen un mandato de la democracia, para reencontrar caminos, valorar alianzas y conductas.  Me parece que la propuesta de Carlos Matus que refiere al Triángulo de Gobierno que establece una relación entre elementos como el Proyecto de Gobierno, la Capacidad de Gestión y la Gobernabilidad del Sistema, sería de gran utilidad.

La Democracia como forma de vida

En democracia, los ciudadanos tienen la oportunidad de aprender y ayudarse unos a otros a formar los valores y establecer las prioridades que servirán de guía para instrumentar su propio desarrollo. Pero para lograrlo es imperativo desarrollar cultura cívica que permita construir comunitariamente los valores y principios que determinarán esa forma de vida y nuestra relación con el resto de los ciudadanos, con nuestra historia y nuestro gentilicio.

Es imperativo reconstruir la propuesta democrática como forma de vida, como Proyecto de país para encontrar en él, el nuevo espacio de encuentro y de reconciliación de las fuerzas democráticas, pero fundamentalmente debemos valorar nuestra capacidad para poder llevar adelante esta “idea”, y finalmente ganar la gobernabilidad necesaria para poder cumplirla. Las tres variables: Proyecto, Capacidad y Gobernabilidad del Sistema, exigen determinadas concordancias. Si hay proyecto y no existe gobernabilidad o capacidad, será inútil pretender ejecutar sus actividades.

El valor de la Libertad

Así como no es posible llegar a un lugar sin antes haber transitado un recorrido, tampoco se pueden tomar decisiones sin reflexionar. El valor de la Libertad es demasiado alto para que dependa de reacciones viscerales o instintivas que se toman a primera impresión sin mediar un proceso de análisis, pero tampoco podemos fundamentar las decisiones en procesos puramente  lógicos, porque entonces será necesario un análisis muy profundo para alcanzar un nivel de conocimiento sobre el asunto, que esta realidad no está dispuesta a esperar. Menos aún puede basarse la decisión en “obediencias” normativas que si no cumples entonces te “autoexcluyes”, o descalificas a quien no se encuentra con tu línea de pensamiento.

La desesperanza

Todos los análisis aún los más conservadores, han sido tremendamente crudos en la forma de presentar la realidad social y política de Venezuela, y señalan que todos los indicadores nos conducen a  escenarios de consolidación del autoritarismo. Sin embargo si miramos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que estamos ante una realidad que podría ser peor aunque sea evidente también, que podría ser mejorable. Esta circunstancia ha mellado la fuerza de voluntad y la capacidad de lucha de la sociedad. Las organizaciones ciudadanas, se observan aisladas y dispersas, con grandes intensiones, pero en general la sociedad es pasiva, esta conducta social generalizada, obedece a que la sociedad se encuentra frustrada al no obtener ningún resultado de las acciones que adelanta. Se ha perdido la desconfianza en los líderes políticos, y en los partidos políticos.  Toda esta situación pone a los ciudadanos venezolanos en una condición de alta vulnerabilidad, ya no ven salida y han perdido la esperanza.

Los líderes sociales

Los líderes sociales  están dispersos y no demuestran claridad en los objetivos. Los ciudadanos han perdido el interés en los asuntos públicos decantándose por garantizar solo su propia sobrevivencia.  No está mal adaptarse, lo que no se admite es acostumbrarse.

Si una persona se deja llevar por las fuerzas externas y renuncia a conducir su vida hacia sus objetivos, estará renunciando al principal derecho humano, que es decidir con libertad hacia dónde ir y cómo llegar a su objetivo. Como seres humanos implicados en un proceso de evolución y de cambio hacia una vida más justa y más humanizada, tenemos la responsabilidad de tomar partido en pos de esa sociedad cada vez mejor en la que haya sitio para todos y en la que todos podamos vivir de acuerdo con nuestros principios y valores.

¿Y ahora qué?

Es el momento de tomar conciencia de nuestra propia existencia, de nuestro rol en la sociedad democrática  y del verdadero valor de la decisión de vivir en democracia. Es momento de reagrupar y de retomar el camino de la libertad. Es preciso una preparación adecuada, pero fundamentalmente se requiere orden y disciplina en ambos sentidos para alcanzar un resultado óptimo. Debemos ser ordenados y seguir estrictamente las pautas de la no violencia, debemos apropiarnos del proyecto y de la “idea” de Democracia como forma de vida y de identificarnos con él, debemos ser disciplinados “prepararnos mentalmente” y “concentrarnos” en nuestro empeño y evaluar alternativas sin prejuicios ni mezquindades.

La lucha por la libertad, es una lucha sin cuartel, es dura, en ocasiones cruel, y despiadada así que  corremos el gran riesgo de que, bajo el fragor y la intensidad de la lucha, olvidemos la esencia misma de nuestra motivación.

Una fabula cuenta que dos leñadores cortaban leña juntos, uno de ellos lo hacía sin descanso mientras que el otro cortaba leña durante 50 minutos y descansaba 10, sentado bajo la sombra. Al final del día, aquel que descansaba, doblaba en resultados al primero. Cuando el leñador que “más duro trabajaba” le preguntó a su amigo cómo hacía para obtener mejores resultados sabiendo que él hacía pausas en su trabajo con mucha frecuencia, el amigo le contestó: “mientras descanso, ¡afilo el hacha!

Justamente de eso es que se trata, debemos ser ordenados y disciplinados, mantener muy presentes los objetivos que perseguimos, fortalecer y preparar nuestras herramientas, de otro modo el trabajo arduo y difícil puede hacernos olvidar para qué estamos luchando y con ello hacer nuestra lucha más larga y más cruenta.

Articular y movilizar la idea de Democracia como forma de vida

La elección regional que se avecina, es una de esas fuerzas que operara en el sistema para hacer que la realidad venezolana, cambie para bien o para mal. Mantener o recuperar un espacio político en las regiones no sería,  por ejemplo, un objetivo en sí mismo para las fuerzas democráticas, sino más bien aprovechar esa circunstancia para avanzar en la gestación de “Capacidad” para poder conducir la situación sociopolítica en el sentido de lograr la restauración de la democracia, ganando legitimidad frente a los ciudadanos y con ella,  la “Gobernabilidad”  que brinde libertad de acción, para avanzar en camino que nos conduzca a la restauración de la democracia.

De modo que el debate no puede ser “otra vez” si participamos o no participamos, si con este CNE o con uno nuevo. El verdadero debate debe girar en cómo usamos las herramientas que tenemos de la mejor forma posible, para que aún en las condiciones menos favorables nos permita empoderar a la Sociedad Civil, para articular y movilizar la idea de Democracia como forma de vida.

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