Carta del Director

¿Es una opción la participación electoral?

EDITORIAL

Extraída de:  Republica

Benigno Alarcón Deza

Mientras el proceso para llevar adelante la elección de gobernadores y alcaldes convocada por el gobierno para este año sigue su curso, los partidos opositores siguen sin definir su estrategia. Sondeos preliminares realizados por algunas encuestadoras nacionales advierten que la mayoría de la población estaría dispuesta a participar si el liderazgo opositor decide hacerlo. Si bien es cierto que las condiciones bajo este régimen nunca serán las óptimas, participar con alguna posibilidad de éxito requeriría de una estrategia unitaria y adecuada que permita generar confianza en el voto como vía para conseguir un cambio político.

Sin mucho ruido, y quizá opacado un poco por el anuncio de una nueva cuarentena “radical” debido a los supuestos efectos de la cepa brasileña en el incremento de casos de Covid-19 en el país, el proceso para ir a unas elecciones de gobernadores y alcaldes este año sigue su curso. En esta línea, la Asamblea Nacional (AN) oficialista designó el Comité de Postulaciones para escoger los candidatos a rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE).

Además de los 15 candidatos postulados por la sociedad civil, hay otros 99 nominados por las facultades de Ciencias Jurídicas y Políticas de las universidades nacionales y por el Poder Ciudadano (Fiscalía General, Contraloría General y Procuraduría).

Aunque se espera que la selección de los cinco rectores principales y sus diez suplentes concluya para el mes de abril, algunos conocedores de esta dinámica electoral aseguran que hay una desaceleración del proceso que podría esta relacionada con las últimas sanciones de la Unión Europea y la ausencia de cambios en la política hacia Venezuela a pesar de la llegada de Joe Biden a la presidencia de Estados Unidos. Específicamente existía la expectativa de un posible levantamiento parcial, o total, de las sanciones económicas tanto por parte de Estados Unidos como de la Unión Europea (UE), lo que no solo no sucedió, sino que por el contrario se produjeron nuevas sanciones y fuertes pronunciamientos en contra del actual gobierno de Maduro y a favor de Juan Guaidó y, adicionalmente, esta semana se aprobó el Estatus de Protección Temporal (TPS) para venezolanos en Estados Unidos, una forma de ayuda humanitaria que se puede otorgar cuando se considera inseguro regresar a al país de origen.

Otra explicación parte del intento por reabrir una mediación, con la ayuda de los expertos noruegos que visitan el país, en búsqueda de algún entendimiento que incluiría el nombramiento de los nuevos rectores del Consejo Nacional Electoral, que de no alcanzarse, coloca cuesta arriba las probabilidades de una solución electoral a la crisis política venezolana.

La insistencia de los gobiernos de Estados Unidos, la Unión Europea y del Grupo Internacional de Contacto en el sentido de que se logren elecciones presidenciales libres, justas y competitivas en Venezuela, hizo que el canciller Jorge Arreaza reaccionara aireadamente asegurando que nuestro país tiene las mejores condiciones electorales de América Latina.  Tal declaración, por si sola, dice mucho sobre las probabilidades de un cambio de posición de parte del gobierno y hacia dónde vamos, o por lo menos hacia donde no vamos en materia de revisión de condiciones electorales, lo que podría hacer más tortuoso el camino electoral, así como para una oposición que no ha alcanzado acuerdos en materia de participación.

¿Es posible un árbitro electoral equilibrado?

Una de las condiciones en las que mucho se ha insistido en los últimos procesos electorales celebrados en el país, es la necesidad de que se conforme un Consejo Nacional Electoral (CNE) equilibrado. Eso nunca se ha logrado en los últimos años, donde más bien se ha violado la disposición según la cual los rectores no deben tener militancia política. Y con casi total seguridad, no habrá una excepción hoy en día cuando el régimen domina más del 90% de la Asamblea Nacional, y cuando toca escoger a los rectores que tendrán la responsabilidad de arbitrar las elecciones regionales y municipales de este año, además de cualquier referendum revocatorio a partir del próximo año, así como la próxima elección presidencial en menos de tres años.

La inclusión de 15 personalidades de reconocida trayectoria para optar al cargo de rectores en la lista final de postulados publicada por la Asamblea Nacional, ha sido bien vista tanto por los expertos electorales, por este Centro de Estudios Políticos, como por la opinión pública informada, aunque las probabilidades de que más de uno de ellos, y quizás sus suplentes, puedan ser elegidos resultan escasas, con lo cual estaríamos ante una conformación del organismo electoral equivalente a la que se ha tenido desde 2006.

¿Participar es una opción?

A pesar de todos los escollos y frustraciones generadas en procesos anteriores, sondeos realizados por encuestadoras nacionales revelan que la mayoría de la población quiere volver a participar electoralmente. Posición que debería ser tomada en cuenta por los partidos políticos de la oposición para la redefinición de sus estrategias. Que la gente participe o se abstenga dependerá, en buena medida, como sucedió en la pasada elección parlamentaria, de lo que los partidos mayoritarios de la oposición, o sea lo que se conoce como el G4, decidan hacer.

Uno de los problemas críticos que deberá resolver la oposición, en caso de que finalmente decida lanzar candidatos en esta nueva contienda, es la estrategia comunicacional. Allí existe un problema que es cómo llegarle masivamente a la población cuando la mayoría de los medios tradicionales han sido cerrados por el gobierno y existen bloqueos a los digitales.

Lo otro es cómo justificar un giro estratégico mayor, que cambia el orden del lema: “cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres” que Guaidó popularizó. Una manera de racionalizar este cambio de estrategía sería la de justificar esta decisión como parte de la revisión de la estrategia y de un plan mayor. Otra forma es concentrarse en las realidades locales para diferenciar los procesos locales de la dinámica nacional. Pero sea cual sea la decisión, ésta tiene que ser aprobada en pleno por los partidos participantes pues, de lo contrario, terminarán atomizándose las candidaturas. Lo que se traduciría en una nueva derrota y mayores pérdidas para la unidad democrática, y un mayor afianzamiento del régimen.

La gente quiere votar y aun cuando los nuevos rectores del CNE no representen un mayor cambio en cuanto a equilibrio se refiere, podría darse mayor participación en este proceso si se define una estrategia clara y consensuada y se comunica eficazmente.

Los expertos en opinión pública aseguran que si en esta oportunidad los partidos deciden llamar al voto, habrá una participación importante. Si la gente acude a las urnas electorales en una contienda regional y/o municipal, es casi un hecho que la oposición derrotaría a los candidatos oficialistas en la mayoría de los casos. Probarlo y defender tales resultados, es un tema aparte que merece un análisis mucho más cuidadoso.

En su mayoría, la gente ve con buenos ojos la posibilidad de participar, pero hay que estar claros de que el gobierno siempre va a intentar hacer algo para inhibir esas intenciones, tratando de dar la impresión de que todo lo controla, o para desconocer los resultados.

Otro paso que deberían dar los partidos opositores, si quieren recuperar espacios por la vía electoral, es insistir y negociar la posibilidad de contar con una tarjeta unitaria. Actualmente hay partidos que permanecen en un limbo legal como es el caso de Primero Justicia y Voluntad Popular, que no están intervenidos pero no le ha devuelto el control de sus símbolos y tarjetas, y por lo tanto requieren de alianzas para poder participar en este proceso; mientras que Acción Democrática continua intervenida y controlada por quien fuese su Secretario de Organización, Bernabé Gutiérrez, por orden del Tribunal Supremo de Justicia.

En conclusión…

Lo cierto es que mientras el régimen avanza en una estrategia de cooptación de actores políticos y sociales, y hacia la convocatoria de las elecciones regionales y municipales, el tiempo juega en contra de los actores y partidos de la oposición democrática. En la medida en que no se den definiciones, sea cual sea la decisión de los partidos políticos sobre su estrategia ante las elecciones regionales y locales previstas para el último trimestre, para el régimen será más fácil y expedito conducirse y avanzar en la ruta descrita.

La comunidad internacional se sigue presionando al régimen para que acepte la celebración de elecciones libres, al tiempo que se demanda a la oposición definiciones y un acuerdo sobre su estrategia. Se participe o no, se requiere una ruta coherente dentro de los partidos y entre estos y la sociedad civil. La movilización de la lucha por condiciones electorales es crucial y transversal a cualquier decisión.

En caso de que se escoja participar, múltiples variables son de cuidado especial. De ellas, lucen indispensables el control de las organizaciones partidistas y sus símbolos, la habilitación de los principales partidos políticos de oposición y/o la inscripción de una tarjeta unitaria que los represente, a tiempo para ser posicionada. Estas parecieran ser las únicas vías realistas y factibles  que permitirían a la oposición capitalizar los votos de quienes les apoyan en el próximo proceso electoral que se avecina y evitar los efectos de dispersión de tarjetas que solo llevan a una gran confusión y pérdida de espacios. Este debe ser un elemento fundamental de negociación.

Sin lugar a dudas, concebir una estrategia creíble que permita a la oposición una expectativa razonable de triunfo pondría al gobierno en problemas más serios que la abstención, de lograrse la necesaria coordinación entre los partidos, la postulación de candidaturas unitarias, y una campaña que estimule la participación masiva. Es por ello que uno de los temas fundamentales sería una estrategia comunicacional  que sea capaz de lidiar con la contradicción que implicaría el llamado a participar, a pesar de que no se den mayores cambios en las condiciones electorales como de seguro sucederá.

También es un reto que los factores civiles y políticos busquen puntos de encuentro para poder afrontar en forma coherente el escenario que se vislumbra tanto este año con las elecciones regionales y locales, como en el mediano plazo, siempre con el propósito de lograr un cambio político en Venezuela.

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