Opinión y análisis

El dueño de Amazon es madurista

Jeff Bezos // Tomada de El Confidencial

Trino Márquez

El pasado 9 de abril se llevó a cabo una votación histórica en Estados Unidos. El grupo de trabajadores de Amazon -la empresa de ventas por internet más grande del mundo y la segunda empleadora de ese país, solo por detrás de Walmart- que había promovido durante meses la formación de un sindicato en la sede de Alabama, logró que los empleados sufragaran ese día para decidir si formaban o no la unión. La iniciativa encalló. De los casi seis mil trabajadores que participaron en la consulta, la mayoría se inclinó por rechazar la proposición del núcleo promotor.

Una verdadera pena que ese intento haya fallado. La consulta, como suele ocurrir desde los tiempos de Donald Trump, movilizó y polarizó al país. Hasta el presidente Joe Biden se involucró, de forma indirecta, en la defensa del derecho a la sindicalización.  Sin embargo, más pudo la agresiva campaña desatada por Amazon para disuadir a los trabajadores de que se pronunciaran a favor  de la constitución del sindicato. En el operativo se combinaron sutiles y velados con contenidos intimidatorios o chantajistas. Hubo amenazas de represalias y coacción. Todo dentro de técnicas publicitarias y comunicacionales muy sofisticadas. Nada de obscenidad. Nadie mostró los colmillos de los altos gerentes de la compañía. Los promotores de la asociación resistieron el embate, pero no pudieron convencer a la suficiente cantidad de empleados.

Uno de los argumentos más curiosos que oí durante la campaña fue el del señor Jeff Bezos, dueño de la empresa. Argüía Bezos que los dependientes de Amazon ganan  muy por encima del salario promedio de sus equivalentes en otras compañías del big tech y, en consecuencia, que no hacía falta crear ningún sindicato para defender a los trabadores. Él, padre protector, ya se encargaba, sin que nadie lo presionara, de cuidar a sus ‘queridos empleados’. Ese razonamiento de Bezos no es solo patriarcal, sino profundamente antidemocrático.

Los sindicatos, a diferencia de lo que piensa la derecha rancia, no están asociados al socialismo, sino al fortalecimiento de la democracia en el mundo. De hecho, los sindicatos como formas independientes de organización de los trabajadores desaparecen en los regímenes autoritarios, sean estos capitalistas o comunistas. En las dictaduras militares, los sindicatos son proscritos  o pasan a ser dirigidos por mansos personajes que obedecen las directrices del gobierno dictatorial. Exactamente lo mismo sucede en el comunismo. En la URRS y sus países satélites de Europa del Este, las asociaciones obreras autónomas se extinguieron. La ‘dictadura del proletariado’ proclamada por Marx en la Crítica del Programa de Gotha y por Lenin en El Estado y la revolución, se convirtió en la tiranía de un grupo de burócratas del partido. Los líderes obreros genuinos fueron perseguidos y exterminados por Stalin y sus sucesores. Lo mismo ocurre en China y Cuba desde hace más de siete y seis décadas, respectivamente. No hablemos de Corea del Norte porque tampoco hay que abusar.

En Venezuela, desde que se instaló Hugo Chávez en el poder, se inició el proceso de demolición de la sociedad civil independiente. Las organizaciones no gubernamentales (ONG) comenzaron a ser sustituidas por organizaciones muy gubernamentales. Podrían identificarse como OMG. La destrucción y sustitución de los núcleos independientes de la sociedad civil continuó a marcha acelerada con Nicolás Maduro. Una de las víctimas  favoritas de esta molienda han sido los sindicatos y gremios autónomos. La CTV y las otras grandes centrales obreras se esfumaron a lo largo de las dos décadas recientes. Ahora vienen por las ONG que sobreviven en medio del acoso permanente. Ni siquiera elecciones libres pueden convocar las uniones  obreras o profesionales. Los sindicatos y gremios que las convoquen pueden  ser intervenidos por el CNE o por el TSJ, a través de la Sala Electoral.

A Maduro le gustan los personajes como Wills Rangel,  presidente desde hace años de la Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST), dispuestos a acatar sus órdenes como si de ucases se tratara.  A líderes como Rubén González, de Guayana, los persigue y encarcela. Así actúa el antiguo ‘dirigente obrero’ del Metro de Caracas.

Los sindicatos constituyen una conquista de la modernidad democrática. Conforman una herramienta esencial de los trabajadores para luchar y defender sus intereses sociales, y forman un instrumento clave para lograr la cooperación entre empresarios y trabajadores; entre el capital y el trabajo. El ‘sindicalerismo -es decir, el uso de los sindicatos para extorsionar o amedrentar  a los patronos y crear una aristocracia arrogante-  representa una distorsión; un peligro que debe combatirse con instrumentos democráticos: la consulta a las bases laborales, el diálogo y la persuasión. Ningún empresario –privado o público- puede sustituir a los representantes legítimos de los trabajadores.

¿Quién iba a pensar que el hombre más rico del planeta iba a coincidir con el  presidente de un país tan arruinado como Venezuela? El lazo que los une es el desprecio de ambos por la democracia.    

@trinomarquezc

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