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Para negociar hay que acumular fuerza

Tomada de FAEDIS

Trino Márquez

El Acuerdo de Salvación Nacional propuesto por Juan Guaidó ha sido recibido con desdén e ironía por Nicolás Maduro. Sabe que la oposición está confundida y dividida, y en medio de este cuadro no es posible que acumule la fuerza requerida por una negociación tan compleja como la propuesta en el acuerdo.

Su respuesta, además, se ha movido entre el desprecio y la arrogancia. Maduro dice estar dispuesto a dialogar con la oposición si se satisfacen tres aspiraciones: el levantamiento inmediato de las sanciones contra los funcionarios de su gobierno acusados de diferentes delitos, el reconocimiento de la Asamblea Nacional electa en diciembre del año pasado y la devolución de las cuentas bancarias y los activos a Pdvsa y al Banco Central de Venezuela. Ninguna de las tres condiciones pueden ser satisfechas por  los opositores. Todos los castigos fueron adoptados por gobiernos y organismos soberanos sobre los cuales las fuerzas democráticas carecen de control.  Así como no es posible que los partidos opositores les ordenen a las naciones que invadan a Venezuela, tampoco les pueden dictar que, por ejemplo, les levanten las penas a quienes han sido señalados de violar los derechos humanos o enriquecerse con el patrimonio nacional. 

Esas reivindicaciones podrían alcanzarse en el marco de una ronda de conversaciones en las que participen el gobierno de Maduro, la oposición representada por Guaidó y miembros de Estados Unidos y la Unión Europea. En este caso existe un orden de prelaciones. El huevo antecede a la gallina. Sin que se hayan iniciado formalmente los contactos, ningún país va a reconocer a Maduro como presidente, ni a la Asamblea de 2020 como legítima.

Maduro sabe muy bien cómo se ordenan los factores de la ecuación. Conoce qué va primero y qué después. Ocurre que está consciente de que cualquier discusión seria con la presencia de factores internacionales de poder acerca de la crisis nacional y sus soluciones, debe incluir la revisión de su legitimidad como presidente de la República y su responsabilidad en el desastre actual, luego de más de ocho años de haberse instalado en Miraflores.  Resulta imposible que la agenda excluya la realización de elecciones presidenciales y la convocatoria de unos nuevos comicios parlamentarios sin partidos proscritos, ni dirigentes políticos inhabilitados, y bajo la supervisión y aval de la comunidad internacional democrática.

El drama de la oposición se encuentra en que carece de fuerza suficiente para obligar a Maduro a sentarse a discutir y llegar a acuerdos sobre los problemas políticos, sociales y económicos que les interesan a los venezolanos. Su ventaja competitiva reside en el apoyo que brindan Estados Unidos y la UE.  Sin embargo, ese respaldo gira en torno a los valores abstractos de la libertad y la solidaridad. La presión a la que esos factores se refieren se limita al campo diplomático. Las sanciones económicas, aunque importantes, el régimen ha logrado asimilarlas. De hecho, la caída del PIB en 2021 será menor que la prevista al comenzar el año. También la inflación disminuirá con respecto a 2020. El gobierno ve que los militares de Birmania no han cedido ni un ápice, a pesar de las condenas y  amenazas internacionales. Con Alexander Lukashenko pasa lo mismo, a pesar del inmenso fraude cometido el año pasado y del acto de piratería aérea ordenado para detener a Roman Protasevich, el joven periodista opositor. Las dictaduras se han vuelto inmunes a las presiones de las naciones democráticas. Se burlan de ellas.

En este contexto también hay que evaluar la participación opositora en las próximas elecciones regionales. Mientras el régimen ha ido definiendo candidatos y estrategias, la oposición se mueve en el mundo de las dudas hamletianas. El tiempo transcurre sin que decida si participará o no. Y si concurrirá, de qué modo elegirá sus candidatos. De continuar este estado de indefinición, llegaremos al 21 de noviembre en tal nivel de debilidad, que la paliza será de antología. El régimen, con apenas 20% de apoyo popular, se quedará con casi todas las gobernaciones y alcaldías. El país se pintará de rojo otra vez. De ese proceso -descalificado por algunos núcleos por supuestamente estar ‘viciado’- la oposición saldrá aún más débil. Su capacidad para negociar, incluso una agenda razonable, será ínfima. Si hoy Maduro la trata con sarcasmo, mañana cuando carezca de representantes regionales y locales, la tratará con más desprecio. La UE y Estados Unidos también revisarán su relación con los opositores. Es difícil mantener lazos estrechos con unos personajes que carecen de legitimidad y representatividad popular.

La única manera de lograr autoridad frente a la dictadura es acumulando fuerza en muchos planos. Conviene avanzar donde se puede. En la actual coyuntura es muy difícil reunir fuelle en los estratos populares. Sin partidos ni sindicatos, esa meta se ve lejana. Pero es factible obtener la victoria en gobernaciones y municipios importantes. Esos triunfos permitirán debatir con el régimen en un plano un poco más equilibrado. Los factores internacionales también podrán darse cuenta de que la oposición cuenta con una plataforma más sólida.   Hay que tomar la decisión ya. 

@trinomarquezc

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