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Desdemocratización en Venezuela (XIX): Una democracia popular impuesta “desde arriba”

Tomado de Al Día News

Andrés Cañizález

@infocracia

Corría el año 1999 y en medio de la efervescencia y entusiasmo que levantaba Hugo Chávez y sus propuestas, prácticamente de rehacer el país como un todo, se llevaba adelante la propuesta de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Se estaba ante una de las principales banderas electorales del naciente chavismo en el poder.

Hugo Chávez recién había jurado como presidente el 2 de febrero de aquel año. Tal como señalaron en su momento Margarita López Maya y Luis Lander, su llegada a la presidencia se consolidó con 3,6 millones de votos (36% de abstención), pero luego la aprobación de la nueva Constitución tuvo 3,3 millones de votos y una abstención ligeramente superior al 55%. Se cuestionaban los autores sobre la posibilidad que tendría la popularidad de Chávez para impulsar una reforma a fondo del sistema democrático.

Antes de llegar a la votación aprobatoria de una nueva constitución, que tuvo lugar en diciembre de 1999, el teólogo jesuita Pedro Trigo advertía sobre el peligro de construir “desde arriba” un nuevo modelo democrático. Se insistía desde el chavismo inicial en acabar con la “democracia representativa”, ya que ésta servía a las elites, y abogaban por la necesidad de una “democracia participativa”.

Lo que ocurrió, en verdad, al acabarse el corsé institucional de 1958 fue la aceleración de un proceso de desdemocratización. Las falencias democráticas que tenía el modelo democrático 1958-1998, recibieron como respuesta una profundización de aquellos males.

“Proceso Constituyente de una democracia popular”, así tituló Trigo un artículo de análisis cuando aún faltaba medio año para que se aprobara la carta magna. La ausencia de mecanismos genuinos para la participación popular le hacía advertir que no se alcanzaría con éxito una profundización democrática en Venezuela.

Para Trigo, la discusión constituyente corría el gran riesgo de que la letra constitucional terminara siendo impuesta “desde arriba”. Para el jesuita desde el Estado, para analistas como López Maya y Lander, el desafío era separar la popularidad de Chávez de mecanismos sociales y participativos en pro de un cambio democrático. Lo que ocurrió en verdad fue que Chávez terminó arropando la discusión constituyente y a fin de cuentas, en muchos aspectos, se hizo una constitución a la medida de sus deseos y expectativas.

Trigo abogaba para que la carta magna que naciera, en aquel 1999, fuese producto de un genuino proceso participativo, construida “desde abajo”, con el pueblo y sus organizaciones sociales, vecinales y de base.

Trigo repasaba históricamente lo que se entiende por “democracia popular”, poniendo especial énfasis en la experiencia latinoamericana y, lo que se catalogó de esa forma en el socialismo real de Europa del Este. Para el autor, el enorme desafío de la Venezuela en proceso constituyente era generar espacios, mecanismos y prácticas participativas como génesis de una nueva carta magna y como praxis de un nuevo quehacer político. Era, sin duda, un desafío mayúsculo, ya que la mera imposición de una constitución desde el poder terminaría fracasando, alertaba Trigo tempranamente.

A partir de experiencias latinoamericanas y socialistas de “democracia popular”, Trigo le indicaba a los actores partidistas de la Venezuela de 1999 que debían estar conscientes de las desviaciones ya conocidas: “Se llamó al pueblo a participar en la ejecución de lo que no había diseñado, ni gerenciaba, ni controlaba. En nombre del pueblo se negó al pueblo como sujeto, se le sustituyó”.

Para Trigo, pese al uso desviado que había tenido históricamente el concepto de “democracia popular”, era éste el modelo necesario para lograr genuinamente una inclusión de los más pobres y sus diferentes esquemas de organización en la discusión de los asuntos públicos. Hacerlos protagonistas de lo público había sido, era en aquel 1999 y sigue siendo, el desafío político central en Venezuela.

“El pueblo no puede ser mero destinatario de dádivas o mero ejecutor de lo que ni concibe, ni gerencia, ni controla. Si el gobernante se limita a llamar al pueblo para que colabore con él, si las organizaciones no estatales se limitan a encuadrar al pueblo desde paradigmas ajenos a él, nunca llegará el pueblo a ejercer la ciudadanía”, sostenía Trigo.

Dada la naturaleza del Estado en Venezuela, la sujeción del pueblo y de las propuestas que ya despuntaban del proceso constituyente en la Venezuela de 1999, Trigo apuntaba aún antes de que se aprobará una nueva carta magna que ésta no podría dar a luz una democracia popular, en un sentido genuino.

Para el teólogo, en Venezuela la lógica poder-pueblo estaba “disfrazada” de dos formas para impedir un verdadero ejercicio democrático de los más pobres. Por un lado, “mimetizándose con él (con el pueblo) hasta aparecer como su epónimo que lo condensa en sí, pero para que él haga lo que yo quiero (esa es la esencia del populismo), o por otro lado, haciéndole creer (mediante una mayéutica tramposa) que sale de él lo que en realidad yo tenía previsto”.

Teniendo tal contexto, Trigo veía imposible que surgiera un modelo democrático participativo del proceso constituyente de 1999. Y lanzaba una frase que podríamos ver, años después, en un sentido premonitorio: “Sin la iniciativa popular nada se sostendrá”.

Aquello que ya nació impuesto desde arriba tuvo unos primeros años que diversos analistas consideraron positivo, en términos de la participación popular en diversos ámbitos. La reelección de Chávez en 2006, como apunta López Maya, y su empecinado intento de imponer el modelo del “Socialismo del siglo XXI”, aniquiló las dinámicas participativas que venían gestándose.

A partir de entonces, “el poder popular” pasó a entenderse como una definición del Estado, una enunciación hecha desde un chavismo apropiado de las instituciones y de un Chávez que ya abiertamente manifestaba su intención de perpetuarse en el poder.

Fuentes:

López Maya, Margarita (2011) “Sobre la democracia participativa”. En: SIC. Vol. 74. N° 740. pp. 409-410. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

Lander, Luis y López Maya, Margarita (2000) “La Popularidad de Chávez. ¿Base para un proyecto popular?”. En: Cuestiones Políticas. N° 24. pp. 8-21. Maracaibo: Universidad del Zulia.

Trigo, Pedro (1999) “Proceso constituyente de una democracia popular”. En: SIC. Vol. 62. N° 615. pp. 196-199. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

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