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Sobre la construcción de gobernabilidad internacional (I)

Tomada de DW

Félix Arellano

Del orden westfaliano al liberal internacional

Desde la creación del Estado-Nación como actor fundamental de las relaciones internacionales, la conformación de condiciones que permitan la convivencia en el contexto mundial, constituye uno de los grandes desafíos de la humanidad. A tales fines encontramos tres grandes manifestaciones de organización de la dinámica mundial, sobre las cuales vamos a reflexionar en una serie, iniciando con su primera expresión definida como el orden westfaliano.

Con la firma del Tratado de Westfalia en 1648, que pone fin a la guerra de los treinta años, ocurren grandes transformaciones entre las que cabe destacar: el establecimiento de las bases de lo que será la modernidad en el ámbito político; la superación de las instituciones feudales y del protagonismo y hegemonía de la iglesia católica, en particular del Papa, en los asuntos mundiales; adicionalmente, la conformación del Estado-Nación.

En la medida que se van desarrollando crecientes interacciones entre los nuevos actores estatales, surge la necesidad de definir un mínimo de certidumbres y estabilidad en el contexto mundial; lo que conlleva la progresiva conformación del llamado orden internacional westfaliano, también definido como el orden de la balanza de poder, por las alianzas y juegos de equilibrio entre las potencias de la época, que representa su fundamento.

Ese nuevo ordenamiento privilegia el papel de la soberanía nacional como la fundamentación de la capacidad de acción de los Estados, consagra la separación entre la religión y la política y, transforma a Europa en el centro hegemónico del orden internacional.

En la medida que la soberanía se presenta como el pivote sobre el cual gira la actuación de los Estados, la anarquía en el plano mundial se proyecta como el escenario característico; en consecuencia, para lograr niveles de convivencia resulta necesario adoptar acuerdos de equilibrio o alianzas de poder, cuya negociación, desarrollo y aplicación están supeditados a la voluntad soberana del Estado y controlada por el poder efectivo de los miembros.

En el plano académico, el orden internacional westfaliano europeo se corresponde con la visión del realismo político, según el cual la dinámica internacional constituye una anarquía, que reproduce la lucha por el poder, administrable mediante los acuerdos voluntarios de las partes y, fundamentalmente por el poder hegemónico de los actores llamados potencias esenciales. Un orden que privilegia el uso de la fuerza, la agenda de la seguridad, la defensa y los asuntos militares.

Por otra parte, no podemos desconocer que tal visión tiene un peso significativo en las relaciones internacionales, al punto de ser definida como uno de los paradigmas fundamentales; empero, en la medida que las interacciones entre los actores internacionales se tornan más complejas, entre otros, por la diversidad de los actores y los temas, el realismo político va resultando insuficiente, limitado y estático.

El papel hegemónico de Europa en el orden westfaliano se puede apreciar por algunos acontecimientos históricos relevantes tales como: i) el Congreso de Viena, efectuado con el objeto de restablecer las fronteras europeas luego de la derrota de Napoleón Bonaparte, que se desarrolla desde septiembre de 1814 a junio de 1815; ii) la Santa Alianza, los acuerdos estratégicos entre Austria, Rusia y Prusia en 1815; iii) y, el más relevante a los fines del orden westfaliano, el llamado Concierto Europeo, periodo que va desde 1815 hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, también definido como la restauración europea.

Será con la Primera Guerra Mundial y los acuerdos suscritos para culminar ese larga  y sangrienta fase (1914-1918), -como fueron los tratados de Brest-Litovsk, octubre 1818; Versalles, junio 1919; Saint-Germain, septiembre 1919; Neuilly-sur-Seine (Francia), noviembre 1919; Trianon, junio 1920 y Sèvres y Lausana, agosto 1920; – que se inicia la decadencia del orden westfaliano europeo, proceso que finalmente culmina con la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Además de las transformaciones que generaron los acuerdos mencionados, tanto en el mapa europeo, como en el concierto de alianzas y equilibrios, otro factor que influyó significativamente en el deterioro del orden westfaliano, tiene que ver con el proyecto del presidente Woodrow Wilson de los Estados Unidos (1913-1921), de conformar un orden internacional más regulado y jerarquizado, que permitiera superar la anarquía en el orden westfaliano, lo que llevó a la conformación de la Sociedad o Liga de Nacionales (1920-1946), una lejana pretensión de gobierno mundial, que en la práctica se caracterizó por sus profundas limitaciones, escasos resultados y una corta existencia.

Adicionalmente conviene destacar que los aportes del presidente Wilson en los temas internacionales también influyeron en el debate teórico, al fundamentar su proyecto de nuevo orden internacional en la tesis del idealismo político, con su propuesta definida como “Los catorce puntos”, orientado a enfrentar las debilidades y limitaciones del realismo político.

Al finalizar la guerra en 1945, el mundo se enfrenta con la revisión profunda del orden westfaliano, en particular de la hegemonía europea, que había prevalecido por varios siglos. Ahora, Estados Unidos, el gran vencedor de la guerra, promueve una nueva organización de la dinámica mundial, reformulando el viejo orden westfaliano bajo los principios del liberalismo político. El nuevo orden liberal internacional (OLI), mantiene como base fundacional la dinámica estadocéntrica westfaliana, pero sustituye la hegemonía europea y sus equilibrios de poder, por el liderazgo de los Estados Unidos, y tiende a privilegiar las libertades y la institucionalidad democrática.

Dicho orden se va conformando progresivamente mediante la suscripción de varios acuerdos entre los que destacan: la Carta de San Francisco (1945), que permitió la conformación del sistema de las Naciones Unidas y los acuerdos de Bretton Woods, que establecieron las bases de la gobernabilidad económica internacional y la conformación del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, bajo el liderazgo de los Estados Unidos.

Pero debemos destacar que la formulación de la propuesta del nuevo orden liberal internacional se enfrenta con las dos visiones que subyacen en la construcción de la política exterior de los Estados Unidos al finalizar la guerra. Por una parte, los internacionalistas que asignan fundamental importancia al protagonismo del país en la construcción de un orden internacional y su institucionalidad coherente con los valores de la libertad.

Por otra parte, una visión más aislacionista, que privilegia la consolidación de las libertades a nivel nacional, buscando definir al país como la referencia de la libertad en el mundo, pero sin asumir los compromisos y costos que implica la construcción de la gobernabilidad internacional, en el fondo vinculada con el mantenimiento del orden westfaliano, en lo que respecta a la aplicación rígida de la soberanía y la plena autonomía de los Estados.

Desde la perspectiva del internacionalismo se promueve la creación del sistema de Naciones Unidas, pero la corriente aislacionista, apoyada en una rígida visión de la soberanía del viejo orden westfaliano, presiona para que la arquitectura institucional internacional tenga un papel limitado, con poca o ninguna capacidad de control o intervención en los países, particularmente en los Estados Unidos, lo que justifican bajo la ambigua tesis de su excepcionalidad.

La corriente aislacionista, por su estrecha vinculación con el viejo orden westfaliano, cuenta con amplio respaldo a nivel mundial lo que, en gran medida, ha determinado la conformación un orden liberal internacional limitado, donde la soberanía nacional constituye el epicentro y las instituciones internacionales, en particular las normativas, son laxas y están sujetas a la voluntad de las partes, tal dinámica ha sido definida en términos académicos como el orden liberal internacional 1.0, que muy pronto se enfrentará con los cambios en la dinámica internacional que se torna cada día más interdependiente y globalizada.

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