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Encovi: retrato de país que debemos reconstruir

Tomada de Proyecto Encovi

Trino Marquéz

@trinomarquezc

El último informe de la Encuesta de Condiciones de Vida (Encovi) -que en esta oportunidad fue realizada solo por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), debido a que la Universidad Central de Venezuela (UCV) y la Universidad Simón Bolívar (USB), los otros socios, no pudieron participar por la postración en la que se encuentran- explotó como una bomba en las pretensiones del gobierno de regodearse con el leve crecimiento económico registrado durante 2021 en unas pocas áreas, luego de siete años continuos de caída de los indicadores más importantes. Convirtió en polvo cósmico la ilusión de que Venezuela vive una fase de recuperación e inclusión.

El reporte, basado en la entrevista con 17.042 hogares, viene a ocupar el espacio que perteneció a la antigua Oficina Central de Estadística e Informática (OCEI). Esta dependencia le presentaba a la nación informes periódicos, entre ellos la Encuesta de Hogares por Muestreo (EHM), modelo de profundidad y pulcritud estadística, y fuente obligatoria de consulta para todos los funcionarios responsables de políticas públicas e investigadores sociales. En 2001, la OCEI se transformó en el Instituto Nacional de Estadística (INE). El silencio obligado al que se le sometió acabó con ese organismo rector. Las universidades se vieron obligadas a tomar el testigo con el fin de proporcionarle al país algunas pistas clave de cómo estamos, hacia dónde vamos y cuáles ajustes conviene introducir. En esta labor las acompañan algunas encuestadoras privadas y, recientemente, varios ‘observatorios’ muy activos y acuciosos.

Muchos son los datos que llaman la atención del estudio presentado por el equipo investigador. Destacó en especial las cifras de pobreza relativa, 94.5%, y pobreza extrema, 76,6%. Alrededor de este indicador se anudan los problemas sociales básicos. Esos dígitos denotan que casi la totalidad de los venezolanos no pueden satisfacer el costo de la Canasta Básica –o Canasta Normativa, como también se le conoce- que incluye, además de los alimentos, vivienda, salud, educación, transporte y recreación. La pobreza extrema encierra aquellos sectores cuyos ingresos no les alcanzan para cubrir el costo de la Canasta Alimentaria para una familia de cinco personas. La incapacidad de acceder a la CA explica el elevado nivel de desnutrición infantil y la emergencia alimentaria que sufre la inmensa mayoría de la población adulta, obligada a comer, más que alimentarse, una dieta monótona integrada fundamentalmente de harinas y carbohidratos. El impacto que este fenómeno ha tenido, se refleja en la esperanza de vida de la población nacida después de 2015. Este grupo tiene una esperanza de vida menor en tres años que la franja nacida entre 2010 y 2015.La crisis global no se expresa de igual modo entre los hombres y las mujeres. La miseria tiene un tono femenino más acentuado. La tasa de ocupación global apenas alcanza 50%. En Venezuela, trabajan en el sector formal únicamente siete millones de personas, cuando deberían hacerlo el doble. Sin embargo, la tasa de ocupación femenina es solo 33%. Dos tercios de las mujeres se encuentran fuera del mercado laboral.

Ante la caída de los ingresos fiscales, el gobierno contrajo el gasto social de manera drástica durante los años recientes, optando por focalizar los auxilios en los disminuidos bonos financieros que entrega y en las raquíticas cajas CLAP que todavía reparte de forma regular entre un pequeño porcentaje de familias. En estos dos rubros se concentra su política social. Antes –cuando abundaban los petrodólares- la política se dispersaba en un amplio conjunto de misiones.

El estudio de Encovi representa uno de los alegatos más contundentes que se haya elaborado contra el régimen personalista, intervencionista y populista instalado en febrero de 1999. El socialismo petrolero del siglo XXI, promovido originalmente por Hugo Chávez y continuado por su discípulo Nicolás Maduro, quedó escaneado en su insondable incompetencia. En el reporte de Encovi aparece un amplio conjunto de cifras que van mostrando las consecuencias de haber acabado con la meritocracia en Pdvsa; haber estatizado más de quinientas empresas que antes eran rentables y ahora solo generan pérdidas, y de haber expropiado empresas privadas exitosas, que creaban empleo y cancelaban sus impuestos; de haber acorralado la iniciativa particular y la propiedad privada; de haber propiciado la contracción del aparato productivo, hasta llevarlo a perder 80% de su volumen; y haber alimentado la voraz inflación que se desató a partir de 2017, causa fundamental de la pulverización del ingreso de los venezolanos y máquina propulsora de la corriente migratoria más intensa que ha existido en Venezuela y América Latina en toda su historia.

Lo que vemos en el informe de investigación es un país deshilachado. Acosado por la pobreza, el desempleo, la informalidad, la hiperinflación, el deterioro de la educación, la salud, la falta de viviendas adecuadas y de servicios públicos que hagan la vida más amable.

No es la Venezuela que soñamos la que aparece fotografiada en ese reporte, sino la nación arruinada que necesita renacer de sus cenizas con el esfuerzo colectivo y la conducción clara del liderazgo democrático nacional.

El equipo de Encovi no entregó un informe complaciente ni agradable, sino una descarnada fotografía del país que nos toca reconstruir.

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