
Trino Márquez
La inhabilitación de María Corina Machado aunque era de esperar, no deja de indignar por el cinismo y la insolencia de los argumentos esgrimidos por la Contraloría General. Que un régimen que se ha dejado colonizar y esquilmar por una isla miserable como Cuba, y que está asociado con algunos de los gobiernos más oprobiosos del planeta como Irán, Rusia, Corea del Norte y China, acuse a María Corina de corrupción, entreguismo y traición a la patria, entre otras lindezas, provoca indignación. Esos personajes carecen de vergüenza a la hora de atropellar a los adversarios, en su intento de permanecer atados al poder.
La dirigente de Vente Venezuela se suma a la ilegal inhabilitación de Henrique Capriles, depositario del odio encarnizado que le tiene Diosdado Cabello desde que aquél lo derrotó en las elecciones para gobernador de Miranda, cuando Cabello intentó repetir como mandatario de ese estado. A María Corina y a Capriles podrían seguirles otros candidatos a la Primaria. El Gobierno sería capaz de utilizar a su obediente Contralor para sacar de la competencia a Andrés Velásquez, a Delsa Solórzano, a César Pérez Vivas, a Andrés Caleca o a cualquier otro candidato que despunte en las encuestas y sea considerado por Maduro y su gente como un peligro para su continuidad.
Ese fue el esquema utilizado por Daniel Ortega en Nicaragua, cuando inhabilitó y detuvo a Cristiana Chamorro, en ese momento la líder en las encuestas, y luego continuó con el resto de los aspirantes que fueron tomando el testigo. Ortega no les dio tregua a sus adversarios. Manejó toda la maquinaria del Estado para aplastar a sus opositores. Luego siguió la razzia con periodistas, escritores y sacerdotes de la Iglesia Católica. Todos los que se asomasen como críticos pasaron a ser declarados enemigos y fueron demolidos. La Nicaragua actual es una tiranía similar a la que los hermanos Castro impusieron en Cuba hace más de seis décadas. Ese es el modelo de dominación que pretende establecer la casta roja en Venezuela.
Siendo ese el panorama frente al cual nos encontramos, cómo enfrentar al régimen madurista con algunas posibilidades de impedir que Venezuela termine siendo una copia de Cuba y Nicaragua. La inhabilitación de María Corina y de Capriles constituye una provocación que persigue sacar a los principales sectores opositores –los agrupados en torno de la Plataforma Unitaria y a la Comisión Nacional de Primaria- de la ruta electoral. El Gobierno busca crear frustración y escepticismo con respecto a las posibilidades de lograr cambios democráticos por la vía del sufragio. ¿Para qué organizar la Primaria e ir a votar si el régimen no aceptará al ganador de la consulta y, para cubrir las formalidades legales, impondrá un candidato fantoche manejado por Maduro y quienes lo acompañen en Miraflores? Esta es la reacción que la élite gobernante espera.
Si ese es el propósito del Gobierno, lo más sensato es no complacerlo. La PU, la CNP y todos los sectores que quieran plegarse a esa postura, deberían reafirmar su convicción en la estrategia electoral. Todos los aspirantes inscritos en la Primaria –por supuesto que incluidos María Corina y Capriles- tendrían que seguir recorriendo el país con la certeza de que el enorme malestar existente en Venezuela contra el régimen de Maduro encontrará en esa campaña las posibilidades de expresarse y potenciarse. Al Gobierno no le será fácil reprimir o sofocar los apoyos que vayan recibiendo los aspirantes en cada estado, municipio o localidad que visiten. La Primaria puede convertirse en esa bujía que están esperando los ciudadanos para manifestar su desaliento y rabia por la miseria en la que los hundió un régimen que lleva casi un cuarto de siglo entronizado.
La campaña por lograr una Primaria exitosa, que despierte el entusiasmo de los ciudadanos y atraiga a millones de votantes, debería estar acompañada de acciones en el plano internacional. Considero que la PU tendría que crear una Secretaría Internacional que se dirija regularmente a los presidentes democráticos de América Latina, a los Parlamentos del continente, a los partidos democráticos del mundo y a diversas instituciones y organizaciones internacionales ocupadas de seguir la marcha de la democracia en el planeta, con el fin de informarles de forma detallada acerca de lo que ocurre en Venezuela, exhortándolos a que se pronuncien a favor del respeto a la libertad, al Estado de derecho, a la soberanía popular y a la Constitución, que señala a la votación ciudadana como unos de los derechos fundamentales de la democracia participativa y protagónica.
La dirigencia opositora está obligada a actuar en varios planos nacionales e internacionales, al mismo tiempo. El enemigo que se encuentra enfrente es muy poderoso, sin escrúpulos y aliado con las dictaduras más sanguinarias del continente y el mundo. La vía electoral no se reduce a invitar a la gente votar, primero en la Primaria y luego en las elecciones nacionales. La ruta electoral es mucho más compleja y global que la campaña proselitista y el acto de votar. Así conviene asumirla.
@trinomarquezc
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