
Tomada de la Revista Crisis
Andrés Cañizález 13.03.25
Las elecciones regionales de 2012 tuvieron lugar pocos días después de la despedida pública de Hugo Chávez. Reelecto en las presidenciales del 7 de octubre de aquel año, en unos comicios donde se impuso ampliamente pese a la opacidad informativa sobre su estado de salud, como reseñamos en otro artículo, el mandatario apareció en persona por última vez el 8 de diciembre de 2012. Ocho días después se celebraron las elecciones regionales.
Chávez no pudo gobernar ni un día de su período presidencial 2013-2019, lo cual desnudó la precaria condición de salud que tenía en 2012 cuando tuvo lugar la campaña por su reelección. Tras la elección del 7 de octubre, y en las semanas finales de aquel año, Chávez prácticamente no apareció en público y su círculo más estrecho de colaboradores, con Nicolás Maduro a la cabeza como vicepresidente y jefe de Estado en términos prácticos, dirigieron una campaña que giró en torno al líder y padre de lo que ya entonces había dejado de llamarse Revolución Bolivariana.
Como apuntaba el politólogo y jesuita Arturo Sosa a inicios de 2013, al hacer un balance político del año anterior, la revolución (como se insistía en llamar al proceso político) había dejado de ser bolivariana para pasar a ser cada vez más chavista. La enfermedad de Chávez, cuando aún no se había producido el anuncio oficial de su deceso, generaba diversas especulaciones y lecturas. Para Sosa no existía chavismo sin Chávez y ante la eventual desaparición física del líder este iba a pasar a ser referencia simbólica insustituible.
“Un bolivarianismo sui generis ha derivado en un proyecto político asociado indisolublemente tanto a la figura de Chávez como al ideario considerado chavista”, apuntaba Sosa en 2013 en las páginas de la revista SIC del Centro Gumilla. Chávez había pasado de ser no sólo el líder indiscutido del proyecto, cuando estaba en capacidad de tomar las decisiones y anunciarlas de viva voz, a mito político aglutinador de sus seguidores, como ocurrió en las dos elecciones de 2012, para devenir en “padre y maestro de quienes ejercen el gobierno en su nombre”, analizaba el hoy padre general de la Compañía de Jesús.
Los resultados del 16D
Luis Lander, quien entonces ejercía como director de la iniciativa no gubernamental Ojo Electoral, resaltó de las elecciones regionales la permanencia de tendencias. Hubo en 2012 una abstención bastante similar si se le comparaba con elecciones regionales de años anteriores. Un 47% de los venezolanos con derecho al voto se abstuvo y aquello era motivo de interpretaciones ya que se le comparaba con las elecciones presidenciales de dos meses antes, cuando la abstención estuvo por debajo del 20%.
Para Lander constituía un error dado que en Venezuela se cuenta con “un régimen político fuertemente presidencialista”, con lo cual, ese tipo de votaciones “despiertan siempre bastante mayor interés que otro tipo de elecciones”. Cuando se miraba la elección del 16D con otras elecciones regionales, el ausentismo estaba dentro de las tendencias históricas para ese tipo de comicios.
Totalizando los votos, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y aliados sumaron el 52,3%, mientras que los opositores, nucleados en torno a la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), tuvieron 41,6% de respaldo. Para Lander resultaba llamativo que ambas fuerzas perdieran caudal electoral y volumen de participación, en comparación con el 7 de octubre previo, cuando Chávez había alcanzado 55,1% de votos y Henrique Capriles (candidato de la MUD) un 44,3%.
De las gobernaciones que estaban en disputa, el oficialismo se hizo de 20 de un total de 23, lo cual simbolizó un duro retroceso. En manos opositoras quedaron las gobernaciones de Amazonas y Lara, de figuras originalmente identificadas con Chávez como los casos de los gobernadores Liborio Guarulla y Henry Falcón, mientras que en Miranda el propio Capriles retuvo su cargo de gobernador. Pese a la mayoritaria votación opositora en las presidenciales en estados como Mérida y Táchira, los candidatos de la MUD fueron derrotados por el chavismo, mientras que en el estado Zulia tampoco se pudo retener la gobernación que había sido ocupada por Pablo Pérez de Un Nuevo Tiempo, en el período 2008-2012.
Jennifer Cyr, en su análisis de aquellas elecciones, destacaba como una característica de la oposición democrática venezolana de entonces su condición de estructuras partidistas regionalizadas, sin tener un verdadero alcance o estructura nacional. Primero Justicia, que se asomaba como primera fuerza opositora, empujada por la candidatura presidencial unitaria de su líder Henrique Capriles, en verdad tenía una presencia sólida en Miranda, o Un Nuevo Tiempo en el Zulia. La apuesta de Henry Falcón de hacer de Avanzada Progresista un partido nacional tampoco había rendido frutos, siendo el varias veces alcalde de Barquisimeto y gobernador de Lara, un referente netamente regional.
En la acera de enfrente, con una presidencia conseguida de forma holgada con un Chávez enfermo ciertamente pero que estuvo en campaña y dio la pelea, junto a un mapa de Venezuela mayoritariamente rojo, en referencia al PSUV, con escasos puntos azules (en referencia a la MUD), aquel año 2012 concluía con un chavismo que se proyectaba como hegemónico.
La principal fortaleza y debilidad para el chavismo, un asunto en el que coincidían las lecturas de Cyr y de Sosa, era su completa dependencia de la figura de Chávez, y en aquel momento, estando visiblemente grave el mandatario, aquello abría una línea de muchas interrogantes al concluir el año 2012.
Un Chávez triunfante pero enfermo, inmediatamente después de la victoria presidencial del 7 de octubre, se encargó de designar de forma personal a cada uno de los 23 candidatos a gobernadores de estado, en una muestra de que, pese a su enfermedad, seguía teniendo bajo su control el poder político vía PSUV, como lo comentó críticamente un editorial de la revista SIC. Antes de aquellas designaciones a dedo, ya la jefa de gobierno del Distrito Capital, Jacqueline Farías, se había encargado de reinterpretar aquel mecanismo poco deliberativo y de nula participación, al sostener que el dedo de Chávez era el dedo del pueblo.
Fuentes
Centro Gumilla (2012). “Editorial: El país, elecciones y realidad” En: SIC. N° 749. pp. 386-387.
Cyr, Jennifer (2013). “Que veinte años no es nada: Hugo Chávez, las elecciones de 2012 y el continuismo político venezolano”. En: Revista de Ciencia Política. Vol. 33. N° 1. pp. 375-391.
Lander, Luis (2013). “Las elecciones regionales del 16-D”. En: SIC. N° 751. pp. 8-10.
Sosa, Arturo (2013). “Transición, incertidumbre y futuro político”. En: SIC. N° 751. pp. 4-7.
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