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¿Debe renunciar Petro?

Tomada de France 24

Oscar Hernández Bernalette 29.04.25

La sola posibilidad de que las denuncias del excanciller Álvaro  Leyva sobre la supuesta adicción del presidente Petro, es un golpe bajo para la sociedad colombiana, pero igualmente para América Latina. La denuncia ha generado un gran debate. Que un presidente latinoamericano y del país que ha cargado el mayor peso con el tema del narcotráfico, sea acusado de ser consumidor de sustancias estupefacientes, nada más y nada menos por quien fue su canciller, es un hecho realmente preocupante que debe llamar  a la reflexión. Ya nuestra geografía ha sido suficientemente estigmatizada por su banalidad en el manejo del poder.

No olvidemos los miles de hombres y mujeres que han muerto en las últimas décadas en el hermano país a consecuencia del cultivo, producción y exportación  de  cocaína. Qué pensarán los familiares de los miles de caídos,  los militares y las policías que han tenido la carga de la lucha frontal contra ese flagelo. La sociedad en su conjunto: liberales, conservadores de derecha e izquierda, son por igual ofendidos ante la mera posibilidad de que quien lleva las riendas de la nación pueda estar sometido a una adicción,  entre otras acusaciones, que pasarían debajo de la mesa si no se tratara de una persona con tan alta investidura.

El mundo no se acostumbra a las inesperadas conductas de quienes llegan al poder. No son pocos los  monarcas, presidentes, jefes de Estado , ministros o funcionarios de alto nivel que han cruzado los límites de la tolerancia que las sociedades otorgan a los que están dirigiendo los destinos de los pueblos. El abuso en los cargos y el comportamiento poco ético han estado en la palestra en muchas oportunidades. Mientras más débiles las instituciones  y la ausencia de contrapesos, se  permite que coexista el abuso y la inmoralidad en la actuación pública.

Los rasgos éticos de un líder, gobierne o no, deben caracterizarse  por altos estándares. Si estos no existen, la posibilidad de gobernar con eficiencia y con capacidad de reaccionar ante situaciones complejas estará comprometida. Una gestión transparente al servicio de una nación es obligatoria desde la más alta instancia, para garantizar que trascienda aguas abajo de la estructura del Estado. Si un jefe de Estado es corrupto, no evita conflictos de interés, y sus acciones personales no se alinean con sus  discursos y  los valores morales de la sociedad, pues se invita a la corrupción y a escándalos como el que se expone en este artículo.

Transparencia en la gestión pública

La transparencia de  nuestros líderes es fundamental. Cuentas claras sobre el manejo de lo público, declarar el patrimonio personal y tener conductas intachables en sus relaciones personales y familiares, son obligaciones de quien aspire a dirigir a una nación. 

Independientemente de la polémica  que genera este asunto y esta delación por parte del excanciller de Colombia, desde una perspectiva colectiva, es un duro golpe moral para esa sociedad y para las nuestras. Cada vez que un líder nacional, regional o municipal de cualquiera de nuestros países es acusado por prácticas indebidas, por corrupción, o abuso de poder, es una estocada a nuestro gentilicio. Mucho más si se trata de alcoholismo o uso de estupefacientes.  Para nuestra región estas situaciones, además recurrentes, son una realidad vergonzosa.

Me decía un joven político colombiano que la minoría  que admira a Petro perdonará esa nueva denuncia  y cualquier otra desfachatez,  pues lo comparaba con un  famoso cantautor de ballenatos, que sumergido en los estupefacientes e incumplido muchas veces con su fanaticada, igual recibía el afecto y perdón de la gente.

Esa actitud complaciente  es lo que no queremos y necesitamos en la actuación ciudadana ante nuestros dirigentes. Por el contrario, el elector debe ser rígido con quien incumple, con quien abusa del poder, quien  se roba los dineros de la nación y con quienes mantienen conductas no cónsonas con su investidura.

Muchos quieren cambiar la narrativa de las acusaciones de Álvaro Leyva, desde el gobierno se trata como un hecho menor, el propio Petro responde con jocosidad y lenguaje poético. La realidad es que la situación es muy grave, no se lo merece Colombia, no se lo merece Latinoamérica. Quienes ejercen el poder tienen que ser un modelo de conducta para nuestras  sociedades. En esa exigencia no se debe ceder. 

Leyva en su misiva le escribe al presidente  Petro y le pide que se anime a recibirlo: “Le haría una necesaria insinuación pensando en usted y en la nación entera”. ¿Cuál será? ¿Que debe renunciar?

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