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Izando las velas de la esperanza: Rumbo a una Venezuela libre

Tomada de Zenda Libros

Pedro Gonzalez Caro

«La Canción del Pirata» de José de Espronceda, escrita hace ya tanto tiempo, sigue vibrando con una fuerza atemporal que trasciende épocas y contextos. Su canto a la libertad y a la profunda ligazón con la mar como patria, resuena hoy con una intensidad particular en nuestro anhelo por una Venezuela democrática. La estrofa: “Que es mi barco mi tesoro, que es mi dios la libertad, mi ley, la fuerza y el viento, mi única patria, la mar”, se convierte así en un punto de partida para reflexionar sobre la libertad que buscamos restaurar, la patria que deseamos ver renacer, y esa fuerza inquebrantable que nos impulsa a construir un país de oportunidades para todos los venezolanos.

Así como el pirata encuentra su tesoro más preciado en su barco, nosotros, como ciudadanos, atesoramos la libertad. No una libertad individual egoísta, sino la libertad colectiva de vivir en una sociedad justa, donde nuestros derechos sean respetados y nuestra voz sea escuchada. En la lucha por la restauración de la democracia en Venezuela, la libertad es ese «tesoro» que anhelamos recuperar y proteger. Es el motor que impulsa cada acción, cada palabra, cada aliento. Se trata de un esfuerzo continuado, que conscientemente realiza cada ciudadano en forma individual, que tiene un efecto colectivo, donde el premio, más allá de la Libertad misma, es justamente la aventura de emprender el camino que nos lleva a ella.

La conciencia que impulsa al ser humano creador de motivaciones tiene, en nuestro idioma, al menos tres sentidos. Uno que implica la percatación de un hecho exterior ,ya sea un objeto, una cualidad o una situación, un segundo que la vincula al conocimiento y diferenciación del bien y el mal, y un tercero que la relaciona con el yo; de estos tres sentidos surge una vinculación estrecha de la conciencia con el racionalismo humano, de modo que puede decirse que ella tiene una naturaleza intencional y que se fundamenta en la experiencia del hombre que se identifica con la realidad que lo envuelve, trascendiendo a sí misma y que continuamente evoluciona en una espiral infinita en el tiempo.

Esta realidad de alguna forma intenta doblegar la voluntad del hombre y es allí donde surge su lucha por someter la realidad a su voluntad. La realidad que vive Venezuela en este tiempo pareciera estar ganando esta lucha. Aspectos trascendentes como la pobreza crítica, niveles de desnutrición alarmantes, crisis de valores en general, el miedo y la represión, entre otros indicadores, han sobrepasado la capacidad de asombro de los venezolanos.

Y en esta realidad consciente, al igual que el pirata eleva la libertad a la categoría de «dios», nosotros reconocemos que la libertad es un valor fundamental e inalienable. Es la guía que orienta nuestro camino hacia un futuro donde la dignidad humana sea el faro que ilumine nuestra nación. El anhelo de libertad, desafía la negrura, guía a los ciudadanos que buscan un país de progreso y desarrollo para todos, es la voluntad de quien nunca se rinde, marca el horizonte donde el sol ha de estar.

En el poema, la fuerza y el viento es la ley que rige la vida del pirata en la mar. En nuestra lucha, la «fuerza» reside en la convicción de nuestros ideales y la «fuerza» inquebrantable de un pueblo que anhela un cambio. El «viento» representa el espíritu indomable de la esperanza y la voluntad popular que sopla con fuerza para impulsar la transformación.

Nuestra «ley» no es impuesta por la opresión, sino que emana de la unión y la determinación de quienes creemos en una Venezuela libre y democrática. Es la ley de la conciencia ciudadana que se levanta contra la injusticia.

Para el pirata, su «única patria» es la mar, ese espacio inmenso y libre que no conoce fronteras impuestas. Para nosotros, la patria trasciende el territorio físico. Es el hogar común de valores compartidos, de historia, de sueños y de un futuro que queremos construir juntos. La patria es la “venezolanidad”,  que son las tradiciones de nuestra herencia ancestral que ha permitido al venezolano, ser.

Nuestra lucha por la democracia es un acto de profundo amor patrio. Buscamos rescatar la esencia de nuestra Venezuela, esa tierra rica en talento y humanidad, que hoy se ve oscurecida por la falta de libertad y justicia. Nuestra patria es la gente, sus anhelos de progreso, su derecho a vivir con dignidad.

Un Llamado a la Acción con el Espíritu del Pirata:

La estrofa final del poema no es solo una declaración, sino una invitación a la valentía y la determinación. Al igual que el pirata desafía las normas impuestas y defiende su libertad con audacia, nosotros estamos llamados a alzar nuestra voz y a participar activamente en la construcción de un futuro democrático para Venezuela.

Sumarse a esta lucha es abrazar esos valores de libertad, justicia y derechos humanos que son el faro que guía nuestro camino. Es reconocer que nuestra «patria» no es solo un pedazo de tierra, sino un ideal de convivencia, respeto y oportunidades para todos.

Cada persona que se une a esta causa aporta su propia «fuerza» y aviva el «viento» del cambio. Cada acción, por pequeña que parezca, es una ola que impulsa nuestro «barco» hacia el puerto seguro de la democracia.Que nuestro «tesoro» sea la libertad recuperada, que nuestra «diosa» siga siendo esa aspiración fundamental, que nuestra «ley» sea la fuerza unida de un pueblo que clama por justicia, y que nuestra «única patria» sea esa Venezuela donde todos podamos vivir con dignidad y esperanza

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