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Venezuela 2025: A un año de las elecciones presidenciales

Tomada de BBC

Benigno Alarcón 07.07.25

A un año de las elecciones presidenciales de 2024, Venezuela enfrenta un escenario de creciente opacidad política, deterioro económico sostenido, fragmentación política y social, parálisis de la oposición democrática y radicalización paulatina del autoritarismo gubernamental. A un año de las elecciones presidenciales de 2024, y a pocos días de nuevas elecciones municipales, el país enfrenta un contexto complejo de inflación desbordada, pérdida de capacidades institucionales, debilidad opositora interna y presiones crecientes en el entorno internacional. Este artículo ofrece un balance analítico sobre la situación venezolana al cierre del primer semestre de 2025, identificando tendencias, riesgos y oportunidades para actores democráticos interesados en acompañar un eventual proceso de transición

El 28 de julio de 2024, Venezuela celebró unas elecciones presidenciales marcadas por la controversia, la baja participación y el predominio de prácticas autoritarias. Un año después, el país se prepara para nuevas elecciones municipales en un ambiente aún más opaco y desmovilizado, con una oposición debilitada y una sociedad civil sometida a presiones crecientes. El presente análisis, fundamentado en informes recientes, datos de organizaciones independientes y observación directa de la dinámica política, busca aportar elementos para comprender la coyuntura venezolana y sus posibles derroteros.


Panorama político: Entre la opacidad electoral y la parálisis opositora
Las elecciones municipales previstas para el 27 de julio de 2025 se desarrollan en un entorno de escasa información y mínima movilización. Según el informe de la Mesa de Análisis Situacional (MAS) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), el proceso es aún más opaco que el observado en las elecciones regionales y legislativas de mayo de este año. El Consejo Nacional Electoral (CNE) no ha divulgado información relevante sobre candidatos, cronograma ni incentivos para la participación. La mayoría de la población desconoce los detalles del proceso y muestra apatía ante la convocatoria, reflejando una erosión profunda de la confianza en el voto como mecanismo de cambio.
La falta de articulación opositora agrava el panorama. En municipios emblemáticos de Caracas y algunos del interior, podrían registrarse niveles de participación algo superiores a la pasada elección del 25 de mayo, pero la dispersión de candidaturas y la ausencia de campañas robustas limitan las posibilidades de éxito de unos actores que la gente ya no ve hoy como opositores legítimos. El chavismo, por su parte, recurre a mecanismos clientelares, como la consulta de proyectos comunales, para movilizar a su base y asegurar el control territorial.
La oposición democrática atraviesa un momento de parálisis estratégica. La Plataforma Unitaria, principal coalición opositora, se encuentra en un proceso de redefinición de su rol, con una tendencia a la inacción y la publicación esporádica de comunicados. María Corina Machado, quien continúa detentando el liderazgo mayoritario, es la única que mantiene una postura de abierta confrontación con el gobierno, pero su capacidad de movilización interna está limitada por la represión y el exilio de buena parte de su círculo de confianza.
El gobierno ha perfeccionado su estrategia de aislamiento progresivo de los liderazgos opositores, replicando el esquema aplicado previamente contra el “gobierno interino” de Juan Guaidó. La represión selectiva, la cooptación de actores y la fabricación de una “oposición oficialista”, han reducido el margen de maniobra de los sectores democráticos. La desconexión entre la dirigencia y las bases, sumada al temor a la represión, ha debilitado la capacidad de convocatoria y la articulación interna.

Conflictividad social: Protestas cotidianas y represión selectiva
A pesar del cierre de los espacios políticos, la sociedad venezolana continúa expresando su descontento a través de protestas sectoriales y locales. Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS), en los últimos 12 meses se han registrado más de 7.000 protestas, con picos significativos en julio de 2024 (1.311 protestas), con motivo del resultado electoral anunciado por el Consejo Nacional Electoral (CNE), y junio-julio de 2025 (alrededor de 1.500 protestas), principalmente por reclamos sobre servicios públicos y motivos económicos como salarios, pensiones y derechos laborales.
El régimen ha perfeccionado mecanismos de control social y represión selectiva. La respuesta inmediata de los cuerpos de seguridad ante protestas ha sido sistemática y coordinada, con uso de detenciones arbitrarias, criminalización de la protesta y vigilancia digital. Esta estrategia busca evitar la expansión nacional de las protestas y desarticular focos en sectores estratégicos como salud, educación y transporte.
La represión ha tenido un efecto disuasorio en la movilización masiva, pero no ha logrado eliminar el descontento social, que se manifiesta de forma diversa, dispersa y cotidiana. La represión selectiva también ha generado un aumento de la migración forzada y el exilio de líderes sociales y políticos.


Economía: Estancamiento, inflación y control
El primer semestre de 2025 ha estado marcado por la contracción de la actividad no petrolera y el deterioro de los indicadores macroeconómicos. Según el informe del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB y datos de multilaterales, la economía no petrolera cayó 2% respecto al año anterior, con sectores como alimentos y medicamentos mostrando cierto dinamismo, pero con un comercio afectado por la devaluación y la presión fiscal.
La inflación anualizada se proyecta en 229%, con una inflación mensual estimada en 25–27%. El tipo de cambio oficial se sitúa en torno a 111,41 Bs/USD al cierre de la semana pasada. La contracción del consumo y la pérdida de capacidad adquisitiva han llevado a la población a priorizar gastos en alimentos y medicinas, mientras el gobierno intenta controlar precios y canalizar divisas hacia sectores estratégicos.
La revocatoria de licencias petroleras (Chevron, Repsol, Maurel & Prom) y la salida de compradores clave como Reliance han provocado una contracción de los ingresos petroleros y, en consecuencia, una mayor presión sobre las finanzas públicas. El gobierno ha intentado compensar la caída de ingresos con disciplina fiscal y aumento de la recaudación tributaria (del 5% al 12% del PIB en la última década), pero el margen de maniobra es limitado.
Las sanciones internacionales, mantenidas y ampliadas por EE.UU. y la UE, condicionan la capacidad del régimen para acceder a financiamiento externo y limitan el margen para concesiones políticas. Al mismo tiempo, la cooperación con China se ha profundizado en áreas productivas y tecnológicas, aunque sin nuevos préstamos directos, tomando ventaja de la situación atendiendo a sus propios intereses.

Escenarios políticos y perspectivas de transición en el segundo semestre
Como se mostró en el evento Prospectiva Venezuela 2025-Semestre II, los escenarios posibles podríamos describirlos de la siguiente manera:
I. Consolidación autoritaria y exclusión política
Si todas las variables y tendencias observadas continúan inalteradas durante el segundo semestre del año, el escenario más probable es de continuidad de la consolidación del autoritarismo, con exclusión de la oposición democrática y el cierre continuado y sin contestación de los espacios políticos. El gobierno ha advertido que partidos que no reconozcan al CNE quedarán excluidos de futuros procesos, así como sucederá con una parte importante de los electores de oposición tras la revisión de “electores activos” anunciada, a lo que se suma la “fabricación” de una oposición controlada a partir de liderazgos políticos cooptados, lo que contribuye a reforzar la hegemonía chavista.
La represión selectiva, la cooptación de actores y la fragmentación opositora dificultan la actuación de la oposición democrática. La desconexión entre la dirigencia y las bases, sumada al temor a la represión, ha debilitado la capacidad de convocatoria y la articulación interna.

II. Escalada de conflictividad social
Aunque la represión ha limitado la expansión nacional de las protestas, el deterioro de los servicios públicos y la crisis económica pueden detonar nuevos episodios de conflictividad sectorial y regional.

III. Presión internacional y escenarios de negociación
La presión internacional, ejercida a través de sanciones y monitoreo de derechos humanos, sigue siendo un factor relevante. Sin embargo, el margen de maniobra de la comunidad internacional está condicionado por la falta de avances concretos y la tendencia al aislamiento del régimen, que ha amenazado con retirarse de la ONU y la Corte Penal Internacional a los fines de intentar reducir los costos de represión, aunque un retiro de la Corte Penal Internacional en nada afecta los procesos que ya están en curso.
La posibilidad de una reapertura de una negociación política bajo presión externa es baja en el corto plazo, tras el fracaso de la mediación noruega por la falta de disposición del gobierno a comprometer su control total sobre el poder. Sí son posibles gestos unilaterales como la liberación de presos políticos o concesiones mínimas a cambio de contraprestaciones como la flexibilización de sanciones económicas.


Conclusiones
Venezuela se encuentra en un momento de parálisis estratégica, represión contenida y precariedad económica sostenida, mientras la oposición se debate entre la inacción y la búsqueda de espacios de acción que permitan preservar su legitimidad y capacidad de movilización.
El primer semestre concluye en un ciclo de consolidación autoritaria, deterioro económico, represión, y de fragmentación política y social. El cierre de los espacios políticos, la represión selectiva y la exclusión de la oposición configuran un escenario que dificulta la posibilidad de una transición democrática en el corto plazo. Sin embargo, la persistencia del descontento social, la resiliencia de la sociedad civil y la presión internacional mantienen aún abiertas posibilidades reales de cambio en el mediano plazo.
El papel de la comunidad internacional sigue siendo clave, pero su eficacia depende de la coordinación, la focalización de incentivos y la capacidad de monitorear avances concretos. La sociedad venezolana, por su parte, debe continuar articulando estrategias de resistencia, documentación y solidaridad, en espera de una ventana de oportunidad que permita reabrir el camino hacia la democracia.
En este contexto, la academia y los centros de análisis tenemos también la responsabilidad de seguir documentando, analizando y proponiendo rutas de acción, contribuyendo a la construcción de una memoria colectiva y a la formulación de alternativas viables para la reconstrucción democrática del país.

Referencias

  • Mesa de Análisis Situacional, UCAB. (2025). Memo-MAS-Julio-4-2025.
  • Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS). Informes mensuales 2024–2025.
  • Efecto Cocuyo, El Pitazo, Armando.info, Tal Cual, Runrunes, Crónica Uno (2024–2025).
  • Reuters, Bloomberg, BBC Mundo, El País, NYT, WSJ (2024–2025).
  • Provea, Foro Penal, Human Rights Watch (2024–2025).
  • Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, BID (2024–2025).

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