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¿Una nueva adecuación curricular?

Tulio Ramírez 14.07.25

Ha culminado el año escolar correspondiente a 2024-2025. Los resultados son similares a los del año escolar pasado 2023-2024. A pesar de la inexistencia de cifras oficiales, hay consenso en que algunos indicadores han empeorado, como la ausencia de profesores especializados en áreas claves. En otros, la situación sigue tan mal como en el pasado reciente, como es el caso de la precaria formación de nuestros bachilleres.

El año escolar 2024-2025, cerró con la exclusión de la nómina de miles de docentes en todo el país. Sólo en Monagas se dejaron de cancelar salarios a más de 1500 docentes, según lo declarado por el presidente del Sindicato en esa región. Griselda Sánchez habla de la suspensión de sueldos a más de 8 mil docentes en todo el país. El ministro Rodríguez alega que fue una medida por los casos de “cabalgamiento de horario”.

Por su parte, la presidente de la Federación Venezolana de Maestros, ha afirmado que el 74% de los docentes han renunciado por causa de los bajos salarios. Con respecto a otros indicadores, la matrícula y la tasa de graduados en educación de los pedagógicos y escuelas de Educación de las universidades se ha reducido de manera paulatina y continuada en los últimos 10 años. La matrícula en 2024 fue un 80% menor con respecto a la de 2008.

Entre las suspensiones de salarios, las renuncias de docentes, la imposibilidad de formar una generación de relevo y lo poco atractivo de la carrera magisterial, se ha conformado una suerte de “tormenta perfecta” que ha afectado la capacidad para atender con calidad pedagógica a los estudiantes de nuestras escuelas y liceos.

Las consecuencias de esa “tormenta perfecta”, lo evidenció una investigación llevada a cabo por el Sistema de Evaluación de Conocimientos en Línea (SECEL) de la Universidad Católica Andrés Bello. Los resultados encienden alarmas que advierten sobre la calidad de la educación impartida tanto en escuelas públicas como colegios privados. Los resultados de las pruebas de habilidad numérica y comprensión lectora fueron reprobatorios. El promedio de calificación estuvo por debajo de 10 puntos de 20.

Es posible que muchos colegios de gestión privada no tengan los mismos problemas de infraestructura, atención intermitente a estudiantes, falta de servicios y nula disponibilidad de recursos para el aprendizaje que tienen los planteles públicos, pero es un hecho que comparten las mismas angustias para incorporar o retener a profesores especialistas en disciplinas como matemática, lengua, física, química, biología, entre otras.

Para muestra un botón, cada año egresan de los institutos de formación pedagógica adscritos a la Universidad Pedagógica Experimental Libertador un promedio de 15 profesores de matemáticas. A ese ritmo, ¿cómo cubrir un déficit de profesores que puede alcanzar más de los 20 mil en todo el país, solamente en esa especialidad?

Por otro lado, mientras los docentes devenguen un sueldo promedio de 10 dólares mensuales más 40 dólares de Cesta Ticket y un Bono de Guerra de 120 dólares (estos últimos sin incidencia en las prestaciones por no formar parte del salario); y, por otro lado, la Cesta Alimentaria se encuentre rondando los 600 dólares, será doblemente difícil retener a un docente o entusiasmar a un joven bachiller para que opte por esta carrera como plan de vida profesional.

Es en este contexto el viceministro de Educación Media y Técnica, declaró recientemente que para el período escolar 2025-2026, se llevará a cabo una “adecuación curricular en áreas como Matemáticas, Ciencias Naturales, Lectura y Escritura, Geografía e Historia y Ciudadanía”. Mencionó el alto funcionario que esta adecuación se haría a través de “una consulta pública”.

Hemos sido testigos de los innumerables cambios y adecuaciones curriculares realizados por el Ministerio de Educación. Desde la creación del Sistema Educativo Bolivariano en 2007, la Consulta por la Calidad Educativa de 2012, pasando por los lineamientos para un nuevo diseño curricular de 2016 y el último Nuevo Diseño Curricular para Educación Media General de 2023, han sido cambios poco estables en el tiempo. Las frecuentes revisiones indican que no han cumplido con el efecto deseado o han sido definitivamente inviables.

El de 2007 fue criticado duramente por su marcado sesgo ideológico. La consulta de 2012 fue declarativamente “amplia y democrática” pero en la práctica limitada y con resultados poco auditables. Los llamados lineamientos de 2016 pasaron sin pena ni gloria. El Nuevo Diseño Curricular para Educación Media General de 2023, pareciera inviable por no contar con una plataforma real de profesores e instalaciones adecuadas para implementarlo. La prometida adecuación para el período escolar 2025-2026, pocos la conocen a pesar de que se está “consultando”.

Indudablemente que no apostamos al fracaso, solo deseamos que la consulta de la venidera adecuación sea efectivamente inclusiva y no selectivamente inclusiva como las anteriores. No se deben dejar fuera a las academias nacionales, a las universidades, a los gremios docentes, a los empresarios, a los padres o representantes y a investigadores independientes que tengan algo que aportar.

Deben ser adecuaciones que pisen tierra y que centren su atención en los verdaderos déficits no cubiertos por el currículo actual. Y, sobre todo, se debe entender que cualquier diseño curricular será eficiente en la medida en que su aplicación en el aula no sea meramente declarativa y sin seguimiento, lo que la haría ilusoria. Para lograr esto se requieren docentes profesionalmente preparados, bien pagados y motivados para el ejercicio del magisterio. 

El rescate de la carrera docente como área prioritaria de formación en el país, pasa por dignificar las condiciones salariales y laborales de nuestros maestros y profesores. Sin maestros bien formados y motivados, no habrá bachilleres preparados para enfrentar con éxito los retos de una educación universitaria exigente y de calidad.

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