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Reforma constitucional: viabilidad y escenarios

Mientras el país parece adentrarse en un nuevo período de inestabilidad económica y el reconocimiento internacional de Nicolás Maduro está en un mínimo histórico, la reforma constitucional que desde Miraflores se anunció al país no ha sido descartada del todo

Héctor Antolínez 07.10.25

La atención de Nicolás Maduro y su administración, la de la población venezolana y la de la mayoría de países del mundo se centra hoy en día en la presencia estadounidense en el Caribe, ese es por los momentos el principal reto que enfrenta el oficialismo, pero esto no quiere decir que desde Miraflores se haya descartado la que era su única oferta presentada al país para el  largo plazo: una reforma constitucional.

La última vez que los voceros del chavismo mencionaron una reforma constitucional fue como un proyecto pendiente para el año 2026, claro está, esto fue antes de la escalada en la presión internacional que actualmente enfrenta el gobierno de Maduro, una que ni se ha resuelto todavía, ni se tiene claro cuál pudiera ser su alcance dentro de la vida política venezolana. Esto nos invita a preguntarnos: en caso de que en el próximo año el chavismo proceda con un proyecto de reforma, ¿cuál sería su objetivo implícito?, ¿es viable?, ¿sigue siendo esta una salida realista para los retos internos que enfrenta el oficialismo?

Una propuesta plenamente factible

A juicio del politólogo Enderson Sequera se trata de una “propuesta plenamente viable”, que por los momentos no se ha materializado ni ha empezado a tomar forma solamente porque la atención de Maduro y la cúpula política del chavismo está enfocada en otro lado.

“Luego de su aplastante derrota del 28J, el chavismo comprendió que, si pretende cristalizar su vocación totalitaria y perpetuarse por varias décadas en el poder, debe emprender transformaciones profundas en el sistema. Dichas transformaciones incluyen una reforma constitucional que, en la práctica, proscriba la idea misma de hacer oposición en el país. Este paso representaría una nueva fase en la consolidación del legalismo autocrático que ha marcado a la revolución durante estos 26 años”, explicó Sequera.

En su opinión, la actual Constitución de 1999 –redactada en su momento a medida de las ideas de Hugo Chávez-, ya es insuficiente para el proyecto de continuidad y de Estado que el Gobierno actual mantiene en mente. Es entonces que surge la necesidad para ellos de “una nueva Constitución, diseñada en función de su vocación totalitaria” que entre otras cosas “evite otro escenario como el del 28 de julio de 2024”.

“Lo que los jerarcas chavistas no están dispuestos a arriesgar es que un nuevo 28J provoque rupturas en la coalición dominante. Una nueva Constitución les permitiría afianzar su régimen por décadas”, comentó.

En caso que desde el chavismo, una vez superada la coyuntura en el Caribe, se retome la idea de cambiar la Constitución de 1999, existirían solo dos vías para que la oposición pudiera hacer frente a esa propuesta: “votando o denunciando su ilegitimidad”, comentó Sequera, que luego agregó: “mi lectura es que la estrategia opositora dependerá de las bases comiciales que el chavismo imponga. Si la reforma se convocara este domingo, es evidente que la oposición optaría por la continuidad de una estrategia de denuncia nacional e internacional de la ilegitimidad del proceso, con el objetivo de neutralizar políticamente el pretendido cambio constitucional”.

En caso de proceder y tener éxito, para el politólogo este sería “uno de los peores desenlaces posibles” para la crisis política venezolana, uno en el que “el chavismo mediante el uso del legalismo autocrático consolide su vocación totalitaria, proscriba la oposición, configure un partido único y transforme el sistema electoral venezolano para alterar los cargos a elegir y hasta el propio proceso comicial para llevarlo a uno de segundo o tercer grado, donde solo se vote desde las comunas”.

La reforma constitucional como salida por defecto a una crisis

A lo largo de las últimas décadas en Venezuela, el chavismo ha optado por grandes momentos y grandes proyectos en el campo político electoral para superar un sinfín de crisis internas, un ejemplo de esto fue en el 2017 cuando ante la ola de protestas en el país, Maduro convocó a la elección de una Asamblea Nacional Constituyente, un organismo que ni redactó ni presentó al país una propuesta de nueva Constitución.

Aquella maniobra política lo que sí le permitió a Nicolás Maduro y la cúpula fue reactivar sus propias bases, crear tiempo y superar el que para ese momento era el reto más grande que habían enfrentado.

El politólogo Fernando Spiritto considera por casos como el del 2017, que la propuesta de reforma constitucional para el 2026 es justamente eso: “una especie de salida por defecto a la crisis que el chavismo está enfrentando”, y  por eso califica esta oferta de no ser sincera ni viable para el país.

“Me parece que no es creíble, viable, sino una salida por defecto del chavismo ante las crisis. ¿Por qué no es creíble? Porque una reforma debería ser reflejo de un plan para el futuro, y ese no es este caso, su único objetivo es conservar el poder, pero decir que tiene una propuesta de país o una propuesta para el futuro, no es creíble. El chavismo se ha divorciado de lo ideológico. Por ejemplo, en el país ya nadie habla de socialismo ni de nada que se le parezca”, comentó Spiritto.

Desde su punto de vista, una propuesta de reforma buscaría emular lo logrado en 2017, es decir, “es un intento por movilizar a la población que aún los respalda y de crear legitimidad ante los severos problemas de reconocimiento que tiene tras la elección del 28 de julio de 2024”.

“Yo creo que es una posibilidad cierta, es una forma de defenderse, de crear un discurso ante los problemas que enfrentan, pero en vista de la experiencia pasada no creo que vaya a llegar a ninguna parte. Además si logran una reforma, eso no haría diferencia alguna ante los profundos problemas del país”, sentenció Spiritto.

En un ejercicio de equivalencia, el politólogo señaló que la propuesta de reforma de Maduro es algo como “el estado de conmoción, que no le va a dar al Gobierno nada adicional a lo que tiene, ni le va a permitir hacer algo que no haya estado haciendo desde hace tiempo”, por eso afirma que aunque es posible “principalmente se trata de algo que es parte de un discurso”.

“En su momento Maduro habló de tres objetivos para la reforma: paz en el país, una nueva economía, y un modelo comunal. La reforma no garantiza eso. Por ejemplo, una nueva economía implica transformaciones profundas de la administración pública, seguridad de inversión y reformar la economía en general. Con respecto a lo comunal, es una propuesta que tiene años y que no ha servido para nada, solo ha sido una herramienta para crear y mover cuadros políticos, nada más”.

Sobre el futuro del país, Spiritto dijo que es imposible predecirlo, y que no se sabe si la reforma constitucional hará su aparición en la palestra pública en 2026, pero lo que sí auguró es que el próximo año será uno de retos no solo para Miraflores sino para los ciudadanos comunes.

“Ya sea que se presente o no la reforma, en el 2026 veremos lo que estamos viendo ahora: un Gobierno asediado, sin apoyo popular, aislado internacionalmente y sin recursos, es decir un liderazgo chavista atrincherado para tratar de tapar cualquier hueco que aparezca en sus muros. Con respecto a la situación económica, esa es más preocupante, hemos visto el incremento del precio del dólar y esto por supuesto genera un gran descontento en la población, quizás este sea el tema en el que más se enfoquen”, concluyó Spiritto.

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