
Tomada de TOMi.digital
Ángel Oropeza 10.09.25
El pasado 15 de septiembre se celebró el día internacional de la Democracia. Y hoy más que nunca, cuando su vigencia como forma de organización social está siendo amenazada en muchas partes del mundo, es necesario volver a insistir sobre su importancia y real significado, que va mucho más allá de simplemente una forma de gobierno.
Empecemos por recordar que una de las claves de la vida es poder elegir: elegir pareja, elegir qué estudiar, a dónde ir, cómo divertirse, cómo vestirse, qué equipo deportivo seguir, qué religión creer. En una palabra, elegir cada uno qué hacer con su vida. Uno nunca puede renunciar y dejar que sean otros los que elijan por uno.
El poder elegir es entonces un derecho humano al que no se puede renunciar nunca. Es lo que nos hace crecer como personas y superarnos en la vida.
Si el poder elegir es un derecho humano, no es entonces sólo un derecho exclusivamente de alguien, o un derecho individual, porque de hecho nadie existe solo. El ser humano siempre necesita de los demás. ¿Qué pasa cuando juntamos a muchas personas en una comunidad o en un país? Pues que tenemos que asegurarnos no sólo que ese derecho no se pierda, sino que además sea un derecho para todos.
Esa ha sido una pregunta que ha inquietado al ser humano durante siglos: ¿Como podemos vivir juntos personas que somos por naturaleza diferente, asegurando que nadie pierda sus derechos individuales? Dado que nadie puede subsistir solo y siempre necesitamos a los demás, ¿cómo lograr que formar grupos sociales no signifique una renuncia al poder elegir y a mi libertad individual? Pues la mejor respuesta que ha logrado diseñar la humanidad a esta pregunta se llama “Democracia”.
La Democracia (que viene de las palabras “demos” que significa “gente” y “cratos” que significa “gobierno”, esto es, “gobierno de la gente”) no es sólo un sistema político o de organización social: es un estilo de vida y un derecho humano. ¿Por qué? Primero, porque en ella lo central siempre es la gente. Y segundo, porque, entre otras cualidades, implica tener siempre el poder y la posibilidad de elegir. La democracia es la respuesta más inteligente que ha dado la historia al problema de cómo vivir juntos quienes somos distintos, de manera que todos podamos crecer y avanzar, sin perder cada uno su individualidad y sus derechos.
Así, la democracia es un producto del desarrollo de la humanidad, y se contrapone a otras formas primitivas y deficientes de organización social y política, basadas no en la construcción de consensos sino en la imposición y la fuerza, como las tiranías (sistemas donde el gobernante tiene un poder absoluto, no limitado por leyes, y se comporta de manera autoritaria y despótica), las oligarquías (sistemas de gobierno donde el poder está en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social y política privilegiada) y las dictaduras (sistemas donde el gobierno, por la fuerza o la violencia tiene el poder total, reprimiendo las libertades individuales).
La Democracia es la única forma donde las personas pueden incidir y elegir cómo quieren que sean las cosas en su país, en qué tipo de país quieren vivir. Pero además es la única forma donde sus derechos y las cosas que quieren no tienen que esperar a que a alguien se le ocurra o no satisfacerlas (lo que puede pasar o no), sino que las personas tienen el poder de exigir y de lograr que pasen. Porque en democracia, a diferencia de otros sistemas donde el poderoso es el gobierno, quien tiene el poder es la gente.
En otros sistemas políticos distintos a la Democracia, la persona es siempre un ciudadano de segunda clase, alguien simplemente sin importancia. Como no puede elegir ni decidir sobre la forma como se manejan las cosas, lo único que puede hacer es esperar a que pasen, porque siempre es alguien distinto a ella quien decide. A lo mejor se tiene suerte y lo que esos otros decidan hasta le convenga a algunos, pero ¿qué pasa cuando a la gente no le gusta lo que sucede a su alrededor, sus demandas no son tomadas en cuenta o sus derechos y necesidades son violentadas? Pues no le queda otra opción que callar y aguantar. Sólo en Democracia las personas tienen la opción de incidir en que las cosas pasen, y no sólo esperar a ver si ocurren o no.
Por eso se afirma que la Democracia es una herramienta de liberación y fortalecimiento social frente a los poderosos, y un dique de contención a las pretensiones de dominación de los gobernantes. De hecho, la Democracia irrumpe históricamente como respuesta frente a los absolutismos y despotismos.
En Venezuela recordamos todos los comienzos de año dos fechas que hacen referencia a acontecimientos de distinto significado y consecuencias. El 23 de enero celebramos como país el derrocamiento de una dictadura militar y el advenimiento de la democracia en Venezuela. Ese día, en 1958, se iniciaba el lapso más grande en nuestra historia de gobiernos civiles, y ciertamente esa república civil democrática sigue siendo, incluso con sus fallas y errores, el periodo más luminoso y de mayor bienestar social que han disfrutado los venezolanos. Al mes siguiente, en febrero, recordamos también el aciago episodio de un intento de golpe militar contra esa república civil democrática. El 4 de febrero de 1992 un grupo de militares decidió que su voluntad valía más que la del país, y que a juro -esto es, a sangre y fuego-había que imponerla. Ambas fechas, a pesar de lo contradictorias, una de construcción y otra de ruina, una de júbilo y la otra de muerte, deben hacernos reflexionar sobre el derecho a vivir en democracia como un derecho humano inalienable, que además supone como condición esencial: el poder elegir el gobierno que se desea.
Hoy, en medio de la incertidumbre que nos rodea sobre nuestro futuro como nación, es necesario volver a recordar y a insistir que la democracia es la única forma como podemos construir un país viable, de todos y para todos. Lo contrario es permitir que nuestras vidas sean decididas por otros de acuerdo con sus intereses. Y ello es lo más cercano a la esclavitud y a la sumisión.
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