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A 60 años del Acuerdo Para Resolver la Controversia de la Reclamación Esequiba (IV)

Claudio Alberto Briceño Monzón[1]

“Pocos temas suscitan tanto interés como el de la Guayana Esequiba después que el laudo de 1899 que debería haber resuelto la controversia territorial con Gran Bretaña, una vez conocido los vicios substanciales que le afectan, ha sido declarado por nuestro país nulo e írrito; por consiguiente, al carecer de efectos jurídicos, según el criterio de Venezuela, dejó la controversia en el mismo estado en el que se encontraba antes del arbitramiento.”[2]

Pablo Ojer

De Londres a Ginebra

La revisión de la documentación y de los informes se llevó a cabo a un alto nivel ministerial durante las conversaciones de Londres de 1963, las cuales fueron conducidas por el canciller Marcos Falcón Briceño en representación de Venezuela.

El 3 de agosto de 1965 se produjo el canje de los informes de los expertos. Al presentar al gobierno británico el informe de los venezolanos, el embajador en Londres expresó la complacencia de Venezuela por la feliz determinación de la fase de estudio técnico. Posteriormente, en una nota del 7 de septiembre, se expuso la inamovible posición de Venezuela.

Entre octubre y noviembre de 1965, se realizan una serie de conversaciones en Londres, donde los gobiernos de Venezuela y el Reino Unido negociaban, un mecanismo para lograr llevar a discusión el diferendo sobre el Esequibo y todo ello concluyó en las reuniones del 9 y 10 de diciembre de ese año con el rechazo por parte de Venezuela a las pretensiones de su contraparte, en las conclusiones del informe de los expertos británicos. Todo ello durante la administración del presidente Raúl Leoni, bajo la dirección del canciller Iribarren Borges.

Gran Bretaña y los representantes de Guyana Británica, estaban intransigentes al sostener la validez del Laudo de París de 1899, contrariando la existencia de una problemática fronteriza entre Inglaterra y Venezuela sobre los límites con la Guayana Británica. Venezuela buscó concluir la controversia con una salida pacífica al diferendo, proponiendo un mecanismo en tres fases: comisión mixta, mediación y arbitraje internacional.

Estas discusiones se reanudaron en Ginebra en 1966. La reunión de Ginebra fue, en realidad, la continuación de las de Londres, pero con una diferencia fundamental: al no haber logrado las partes un acuerdo sobre los documentos relacionados con el arbitramiento de 1899, decidieron eliminar ese punto para la fase complementaria. De manera que se procedió directamente, como en efecto ocurrió, a la búsqueda de la solución satisfactoria y práctica de la controversia.

La postura venezolana respecto al problema estaba fijada con toda claridad: no reconocía el laudo arbitral de 1899 como arreglo final y definitivo de su controversia con el Reino Unido. En consecuencia, planteó al honorable gobierno de su Majestad el deseo de considerar, con ánimo desprevenido, la rectificación de la injusticia de que fue víctima Venezuela en una hora infortunada que nuestro pueblo no puede olvidar. El objetivo era llegar a una solución que tomara en cuenta los intereses legítimos de Venezuela y los de la población de la Guayana Británica.

Las conversaciones se llevaron a cabo a través de los discretos canales que la diplomacia aconsejaba y concluyeron con el “Acuerdo para resolver la controversia entre Venezuela y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte sobre la frontera entre Venezuela y Guayana Británica.” Este acuerdo fue firmado en Ginebra el 17 de febrero de 1966. El Artículo 1 expone de manera contundente: «… que el Laudo Arbitral de 1899 sobre la frontera entre Venezuela y la Guayana Británica es nulo e írrito».

Este acuerdo se convirtió en Ley de la República, sancionada por el Congreso Nacional el 13 de abril de 1966. Actualmente, figura como un instrumento diplomático y jurídico fundamental con que cuenta Venezuela para la solución práctica de la reclamación territorial. Es importante anotar que este acuerdo es erróneamente conocido en la historiografía venezolana como el «Acuerdo de Ginebra».

Para Gran Bretaña, el arreglo práctico fue concederle la independencia a la Guayana Británica, el 26 de mayo de 1966. Ese mismo día el gobierno de Venezuela le otorga el reconocimiento a la nueva República, haciendo clara reserva de su reclamación de la Guayana Esequiba. Entre 1966 y 1970, fracasó una comisión mixta que buscó arreglos, posteriormente, entre 1970 y 1982 el diferendo fue congelado por un período de doce años, en el denominado Protocolo de Puerto España, ante una situación regional e internacional que –independientemente de las buenas intenciones– permitió que Guyana se fuese preparando para la ofensiva de la cual es hoy objeto nuestro país.

En ese entonces, consecuente con la posición venezolana de rechazar la nulidad del laudo de 1899, el Ministerio de Relaciones Exteriores adoptó varias iniciativas, entre ellas se incluyeron la edición del mapa de la República con la inclusión de la zona en reclamación en formato rayado y la emisión de estampillas postales alusivas a la controversia. Estas medidas fueron protestadas por el gobierno británico, el cual reiteraba su posición sobre la intangibilidad del mencionado laudo. Así, en nota del 4 de marzo de 1965, referente a aquel mapa se expresaba:

“La embajada ha recibido instrucciones de establecer que el Gobierno de su Majestad no puede aceptar la demarcación del gobierno venezolano de la frontera ni de cualquier otro objeto que haga recaer dudas sobre la soberanía del Gobierno de su majestad en dicha zona de Guayana Británica. El Gobierno de su Majestad no duda de su soberanía sobre ese territorio y se reserva sus derechos en este asunto.”[3]

Era evidente que Gran Bretaña se mostraba renuente a entrar en discusión de fondo sobre tan grave asunto. Aparentemente seguían calificando de infundada la reclamación venezolana y estaba solo dispuesta a una discusión puramente académica que no podía conducir a ningún arreglo de la controversia.

Fue necesario que, con expresa instrucción del ciudadano presidente de la República, Raúl Leoni, se dirigiera al país por cadena de radio y televisión el 16 de septiembre de 1965. En dicha intervención, declaró categóricamente que si Venezuela emprendió el camino diplomático, no fue para quedar satisfecha con discusiones puramente académicas y agregó, de poca seriedad: se acusaría con razón a nuestro gobierno si, en asuntos de tan grave trascendencia como es la usurpación de los 159.000 kilómetros cuadrados de territorio nacional, admitiera entretenerse en estériles debates librescos e interpretaciones semánticas de viejos textos.


[1] Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Investigador y Docente del Instituto de Investigaciones Históricas «P. Hermann González Oropeza, S. J» de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. Coordinador del Doctorado en Estudios Políticos ULA.

[2] Pablo, Ojer. Sumario Histórico de la Guayana Esequiba. Maracaibo – San Cristóbal: Biblioteca Corpozulia, Universidad Católica del Táchira, 1982, p.9

[3] “AIDE-Memore Presentado por el Dr. Marcos Falcón Briceño, Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, al HON. R. A. Butler, Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, el 5 de noviembre de 1963, en la conferencia que celebraron en Londres.” En: Reclamación de la Guayana Esequiba (Documentos 1962-1981). Caracas: Ministerio de Relaciones Exteriores, 1981, pp.23-24     

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