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Carta abierta: La Universidad y su compromiso con el país

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Viernes, 31 de mayo de 2013

Todos estamos preocupados en esta comunidad universitaria, y con razón. Este año 2013 está resultando particularmente duro y rudo en acontecimientos económicos, políticos y sociales, que impactan fuertemente nuestro presente y amenazan el futuro. En mi contacto diario con la gente, con los diferentes grupos que componen esta comunidad, percibo una gran preocupación que adopta diferentes y múltiples matices. Comparto todas y cada una de las inquietudes de mis compañeros universitarios porque tienen
asidero en la realidad.

Todas las conversaciones desembocan en una gran interrogante: ¿qué podemos hacer? Antes de señalar algunas cosas concretas que podemos hacer juntos, quiero compartir con ustedes mi aproximación a lo que está pasando. Para ello tomo como referencia el comunicado emitido por el Consejo Universitario el pasado 16 de abril y las reflexiones del Consejo Directivo ampliado de la universidad que se reunió el lunes 22 de abril.

  1. El país está enfermo: la gente en la calle siente que las instituciones no la representan y no resuelven los grandes conflictos. Piensa también que la Constitución es interpretada a capricho y conveniencia de quienes tienen el poder. Está harta de la polarización artificialmente inducida que nos obliga a vernos como dos países distintos cuando en realidad somos una nación plural, con mucho en común pero con diferencias políticas, como en muchos otros países.
  2. Si el país está enfermo, paradójicamente, la incertidumbre
    se convierte en nuestra única certeza, refrendada cada día por los principales titulares de los medios de comunicación. El futuro se percibe no como promesa sino como amenaza. De allí el desencanto, la frustración y el éxodo de los jóvenes. Este enrarecimiento del clima de convivencia agrava los problemas del día a día: el sueldo que no alcanza al final de la quincena, salir a la calle es más riesgoso hoy, conseguir vivienda es una especie de lotería, enfermarse puede ser fatal.
  3. La violencia política se está manifestando grotescamente en diversas formas, cercenando los derechos más elementales de quienes tienen opciones contrarias al oficialismo. Se criminaliza la legítima protesta y se tergiversa la información sobre manifestaciones de disidencia. Los reiterados casos de agresión contra los diputados de oposición y las denuncias públicas de acoso a los trabajadores por sospechar que votaron en contra del oficialismo indignan a quienes tienen un mínimo de conciencia ciudadana.
  4. Todo lo anterior pone en peligro el valor supremo de la democracia. En ella el Estado se debe a todos los ciudadanos por igual y dirige la búsqueda de la concertación y el entendimiento. La independencia de los poderes públicos del Estado garantiza el debido contrapeso para que no haya abusos en las decisiones públicas. Si el Estado no se comporta de acuerdo a estos principios, el cuerpo social no saldrá de su enfermedad y la convivencia tienden a volverse una quimera.

Ante esta situación, los ucabistas, como ciudadanos preocupados por el país y miembros de una institución comprometida en contribuir a la solución de los problemas nacionales, tenemos mucho que hacer y tenemos que hacerlo ya, con serenidad, esperanza y espíritu creativo.

En nuestro último Directorio ampliado, el Decano de Derecho, Dr. Juan Luis Modolell, aludió al referente doctrinario que debe guiar nuestra acción universitaria. Por su importancia, me permito resumir su aporte del siguiente modo:

El gran valor vinculado al quehacer universitario es la libertad. Este valor fundamenta la autonomía universitaria, su razón de ser, y de allí derivan las libertades académica, de expresión, de pensamiento e ideológica. Una de sus principales manifestaciones es la llamada libertad de cátedra. Ésta incluso abarca la actividad de los estudiantes cuando se refiera al debate de ideas y búsqueda del conocimiento que acontece en la Universidad.

La Universidad libre debe ser radical en la defensa de los valores democráticos porque son consustanciales a la libertad. Debe condenar sin titubeos las prácticas del Estado que menoscaben los derechos fundamentales de la población. La Universidad está llamada a cumplir su función de control del poder, de denuncia de las desviaciones del poder. Por ello, indudablemente, debe responder ante los ataques al Estado de Derecho, a la participación ciudadana, a la tolerancia: debe responder a la persecución por motivos políticos.

Sin embargo, debe distinguirse perfectamente entre la defensa de los valores mencionados y la promoción de una posición política concreta, por mayoritaria o legítima que sea. La Universidad no puede olvidar que en su seno coexisten personas de todas las ideologías, credos y orígenes posibles; por ello, no puede comprometerse con parcialidad política alguna. En tal sentido, la Universidad siempre debe ser un espacio de encuentro para la solución de los problemas nacionales, incluso de los problemas políticos. Cada profesor, alumno, obrero, es libre de defender la idea política de su preferencia, pero la Universidad como institución debe construir un espacio para la libertad de pensamiento de todos sus miembros.

Desde estos referentes, y teniendo en cuenta nuestras múltiples potencialidades, propongo estos cinco puntos:

  1. Ponernos a disposición de la Conferencia Episcopal Venezolana para contribuir a facilitar el diálogo entre los actores políticos y la construcción de acuerdos que faciliten la convivencia y el reconocimiento entre ellos.
  2. Contribuir a facilitar una lectura adecuada del país, de sus graves problemas y dificultades; y proponer rutas de acción a la participación ciudadana, a los partidos políticos y a las instituciones públicas. Esta línea de trabajo, propia de nuestra responsabilidad académica, requiere que cada Centro e Instituto, de acuerdo a sus competencias, proponga al
    Decanato de su adscripción, a la brevedad posible, un programa concreto de acción especial para esta coyuntura. En este sentido exhorto a los Decanos y a los Directores de Postgrado a que se conviertan en los principales promotores de esta idea y a buscar los apoyos especiales requeridos para su ejecución.
  3. Promover junto a otras organizaciones sociales, organizaciones de defensa de los derechos humanos y otras universidades, un amplio movimiento en defensa de los principios y valores democráticos, única base real para el diálogo y el reconocimiento de las diferencias. Nuestros estudiantes, por su entusiasmo, creatividad y compromiso ciudadano, están llamados a ser protagonistas de muchas iniciativas en esta línea en unión con diferentes grupos de la comunidad universitaria. Quienes estén dispuestos a encabezar esta iniciativa deben reunirse y proponer planes especiales de trabajo. Desde el Decanato de Desarrollo Estudiantil y las Direcciones de Escuela y Postgrado podemos canalizar los primeros pasos.
  4. Fortalecer nuestro compromiso social apoyando a los sectores más vulnerables en la promoción y defensa de sus derechos, mediante el fortalecimiento de sus organizaciones de base. Para ello, quienes dirigen los programas de extensión social de la universidad deben presentar sus planes especiales.
  5. Promover en la comunidad universitaria un clima de diálogo respetuoso sobre la situación del país y la necesidad de encontrarnos en aquello que nos une para fortalecer la “unión de nuestros ánimos.” Cada uno de los cinco puntos anteriores implica, pues, una organización, una serie de actividades, unas ideas para desarrollar dentro de un cronograma. Les propongo que cada uno de los sectores o unidades, a través de las instancias y representantes que les corresponda, prepare un plan para ser compartido por todos en una asamblea especial que se convocará oportunamente en un par de semanas. Durante todos estos años la UCAB ha sido un espacio donde priva el diálogo, el entendimiento, el respeto al otro y a la institución. A pesar de todas las dificultades hemos contado con un ambiente de trabajo que en poco se ha visto afectado por el tenso clima del país. En ese sentido, es deber de todos mantener ese activo del que tanto disfrutamos estudiantes, profesores y empleados. No sabemos cuánto tiempo puede durar la actual situación del país. Requerimos paciencia, constancia, compromiso y mucha inteligencia creadora para seguir impulsando, hoy más que nunca, nuestras convicciones a favor de la construcción de una sociedad justa, equitativa, democrática, de paz y tolerancia. Las puertas de esta casa de estudios están abiertas a todos sus egresados para que se incorporen activamente en el trabajo a favor de estos retos que nos planteamos.

Francisco José Virtuoso
Rector de la Universidad Católica Andrés Bello

Caracas, 2 de mayo de 2013

Fuente: Carta abierta original

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