Espacio plural

Los límites de la libertad de expresión

libertad-de-expresion-mafalda-retocadaPor: Andrés Cañizález / Junio 2013

El debate sobre la libertad de expresión tiene plena vigencia en la sociedad actual. El ejercicio de este derecho humano fundamental ha devenido en una suerte de termómetro sobre la calidad democrática en los sistemas de gobierno contemporáneos. No es casual que se entienda el ejercicio de la libertad de expresión como condición indispensable para la realización plena de otras libertades fundamentales, especialmente en el campo civil y político. Desde la perspectiva liberal, que le dio origen, la expresión se reivindica como una libertad ante el poder del Estado, pero como bien señala Héctor Faúndez “diversos factores, de orden económico, social, o cultural, generan un acceso desigual a los medios de expresión, y suelen limitar nuestra plena participación en la sociedad, impidiendo que podamos disfrutar de la libertad de expresión en toda su extensión”.

La libertad de expresión, como la entendemos hoy, comenzó a ser reconocida en los siglos XVII y XVIII. El primer texto jurídico que la incorpora es el Acta de Derechos Civiles de Inglaterra, de 1688, en la cual se consagra la libertad de expresión y de debate en el Parlamento, pero sin que ella se hiciera extensiva al hombre de la calle”. Casi un siglo después, resulta evidente que la introducción de este derecho humano se relaciona con el surgimiento del Estado moderno y dos hechos lo reflejan claramente. En primer lugar, la Constitución de Pennsylvania, del 28 de septiembre de 1776, lo consagra, y así la cláusula XII señala que “el pueblo tiene derecho a la libertad de expresión, y a escribir y publicar sus sentimientos; en consecuencia, la libertad de prensa no puede ser restringida”, y poco después, en 1789, la Declaración de los Derechos del Hombre, producto de la Revolución francesa, expresa, en su artículo 10, que nadie puede ser inquietado por sus opiniones, incluso religiosas, en tanto que su manifestación no altere el orden público establecido por la ley.

Aunque con anterioridad se trazaron algunos aspectos resaltantes, es en el siglo XX cuando la libertad de expresión queda claramente delineada y pasa a convertirse en derecho humano fundamental. La Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 establece pautas muy precisas que mantienen plena vigencia a la fecha: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

Las inquietudes sobre la vigencia y el respeto del derecho a la libertad de expresión parecen ser las mismas que décadas atrás, aunque hayan cambiado sustancialmente las maneras de transmitir las ideas en la sociedad actual. Para Faúndez, tanto en el pasado como ahora en un sistema democrático seguimos “preocupados por asegurar a toda persona el derecho a pararse en una esquina a expresar sus ideas y opiniones, o el derecho a imprimirlas en un panfleto, sin temor a la censura oficial”.

La importancia que tiene esta libertad, empero, abarca fronteras más amplias, de acuerdo con la visión instrumental que le han otorgado decisiones judiciales tanto en Estados Unidos como en Europa, y de esa forma se le ve como soporte para la libre asociación y reunión, o para la libertad de conciencia y religión. Básicamente se ha entendido que para el disfrute de tales derechos debe existir como piso la posibilidad de expresarse en libertad.

Según Faúndez, desde una perspectiva instrumental, en primer lugar se percibe a la libertad de expresión como un instrumento útil para el descubrimiento de la verdad; en segundo lugar, se ve en la libertad de expresión un aspecto más del desarrollo y la realización personal, la cual está estrechamente asociada con la tesis que entiende a la libertad de expresión como un valor en sí misma, y, por último, una tesis que concibe a la libertad de expresión como un derecho puramente político, cuya relevancia radica en su utilidad como herramienta para la participación ciudadana en el proceso político y en el fortalecimiento de la democracia”.

Como hemos señalado, el desarrollo histórico de la libertad de expresión se nutre de una visión liberal: “parte de la premisa de que la libertad de expresión es un derecho individual, derivado de la naturaleza misma, que ha sido retenido por los individuos al momento de constituir el Estado”, y es en ese sentido que se le entiende como un muro de contención ante el poder estatal, al igual que el resto de derechos individuales. Por su parte, la Corte Europea de Derechos Humanos ha subrayado que la libertad de expresión es una condición básica para la plena realización de cada individuo. Sin embargo, es necesario recalcar que la libertad de expresión no tiene prioridad sobre otros derechos humanos, pero su ejercicio sí resulta clave para delimitar la injerencia del Estado en la vida individual.

No se puede ignorar que aún siendo un derecho individual, la libertad de expresión adquiere sentido en un contexto social.

Este artículo está basado en una detenida revisión del libro Los límites de la libertad de expresión, de Héctor Faúndez, editado en el año 2004 por la Universidad Nacional Autónoma de México.

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