Opinión y análisis

De los errores cometidos y otras reflexiones para la Venezuela que viene

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Diapositiva3Por: Mercedes Martelo / Jueves, 24 de abril de 2014

Es tiempo de poner sobre la mesa las propuestas para discutir acerca de la forma en que queremos vivir en este nuestro país, no se trata de definir de manera simplista si nos acogemos a determinado modelo económico extemporáneo como socialismo o capitalismo, se trata de tomar decisiones sobre nuestros derechos y obligaciones en los nuevos y complejos contextos que se avecinan, basta pensar en el cambio climático o la existencia de vientres de alquiler para sentir el vértigo de lo inusitado. Las libertades individuales inalienables deben estar en la base de los nuevos acuerdos. El compromiso de todos respecto al cumplimiento de los acuerdos y las leyes también.

Muchos venezolanos sentimos que nuestra sociedad ha venido dando traspiés, esto es, cometiendo errores o faltas, en los últimos veinticinco años, como si hubiera perdido la capacidad de orientación y decisión, como si hubiera perdido el conocimiento adquirido, como si se hubiera cubierto de una espesa niebla que impide dar pasos con seguridad. 1989 es el año desde el que acotamos esta situación porque los sucesos del 27F (saqueos, desorden público, represión y muerte) siguen resonando entre nosotros sin que hayan podido revelarse todavía la totalidad de sus aristas.

Hablamos de errores en términos de decisiones y acciones desacertadas o equivocadas, tanto a nivel personal como a nivel social, cuyo resultado es perjudicial desde uno o varios puntos de vista, tanto para el ejecutor como para su entorno. En este sentido, los errores tienen indiscutiblemente una connotación negativa en virtud de las consecuencias indeseadas que generan, de manera que resulta complicado reconocerlos y aceptar la responsabilidad de haberlos producido, por lo mismo, la tendencia más probable es la de obviarlos, incluso hasta evitar mencionarlos. Sin embargo, esta tendencia más probable representa a su vez, una conducta desacertada o errada puesto que impide lograr el aprendizaje que se deriva del análisis de los errores. Son los errores una valiosa fuente de conocimiento de la cual se prescinde con demasiada frecuencia; por algo es famosa la popular frase de que, el hombre, es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

A nivel individual, la persona que decide y ejecuta una acción desacertada tiene que vivir con las consecuencias generadas, independientemente de que lo reconozca o no, y su mejor opción es siempre buscar la reflexión sobre los errores y aprender de ellos para mejorar su desempeño en general. A nivel de la sociedad, la toma decisiones es obviamente más compleja y se refleja en las políticas públicas que ejecutan los gobiernos respectivos, en los diferentes niveles existentes.

En la medida en que las políticas públicas definidas y ejecutadas u omitidas, generan consecuencias perjudiciales en mayor grado que bienestar general con sostenibilidad, se puede hablar de políticas erradas o desacertadas, e igual que a nivel individual, la mejor opción para la sociedad, es la de trabajar en la revisión de tales decisiones y acciones equivocadas y sus resultados en función del bienestar general, a fin de aprender de esos desaciertos y desarrollar capacidades orientadas a mejorar el desempeño, tanto gubernamental como de la sociedad en su conjunto. La búsqueda y logro de mayores niveles de bienestar en un contexto de gobernabilidad democrática, es actualmente entendida como una responsabilidad compartida del gobierno junto al resto de los actores que componen la sociedad. Además, ese bienestar general, debe tener ahora la condición de “sustentable”, cuidando de preservar recursos por respeto a las generaciones futuras.

Con base en estas sencillas premisas, nos atrevemos a señalar la importancia de aprovechar este momento de apertura al diálogo nacional, en el contexto de la crisis sociopolítica que vivimos, para revisar las decisiones y acciones que como sociedad hemos puesto en marcha en los últimos veinticinco años. Esta revisión debería encaminarse a identificar especialmente los desaciertos o errores producidos en virtud de las consecuencias no deseadas y su impacto en el nivel de bienestar general, con especial énfasis en el tema de la sustentabilidad.

Aprovechamos este espacio para presentar los que a nuestro juicio son los errores o desaciertos más relevantes de los últimos veinticinco años, en cuanto a su impacto en el bienestar de los venezolanos en general, los cuales deben ser objeto de análisis, discusión, reflexión y generación de propuestas de cambio en los próximos años abriendo el camino de la Venezuela que viene. Los presentamos sin un orden específico de manera que no se constituya en elemento indicativo de mayor o menor importancia; la ponderación de cada uno puede ser parte también de la discusión.

Comenzamos por mencionar el cambio operado en la forma de gobierno al pasar de una democracia moderna, con cierto presidencialismo acentuado pero con división de poderes institucionalmente organizados y una constitución consagrada, a una extraña forma cuya clasificación se dificulta porque puede pasar por autocracia (gobierno en el cual la voluntad de una sola persona es la suprema ley, especialmente en el mandato Chávez), por una dictadura (gobierno que impone su autoridad violando la legislación vigente) e incluso estar cerca del totalitarismo (régimen político que ejerce fuerte intervención en todos los órdenes de la vida nacional, concentrando la totalidad de los poderes estatales en manos de un grupo o partido que no permite la actuación de otros partidos).

Al respecto cabe preguntarse: ¿por qué la sociedad venezolana ha aceptado el cambio en la forma de gobierno?, ¿este cambio satisface la condición de generar mayor bienestar a la sociedad en general?, ¿qué forma de gobierno quiere la sociedad en su conjunto para los próximos cincuenta años? Las encuestas vienen señalando que los venezolanos prefieren el sistema democrático y empiezan a creer que Venezuela ya no es una democracia. Entonces la discusión de este aspecto es del todo pertinente y no se puede aceptar que la élite en el gobierno lo ignore.

Un siguiente error o desacierto a revisar se refiere a la reforma del sistema electoral en diferentes aspectos, uno de ellos en lo que respecta al incremento de cargos otorgados bajo el sistema mayoritario disminuyendo significativamente el sistema de representación proporcional de las minorías. Este es un aspecto muy importante a revisar porque sus consecuencias han sido de gran impacto. Baste recordar que en las últimas elecciones al parlamento nacional, el partido de gobierno con menos votos recibió un mayor número de cargos gracias a la forma en que fueron diseñados los circuitos electorales, lo cual también debe ser revisado, en razón de que no parece haber una justificación técnica adecuada para la necesidad de reorganizar circuitos electorales constantemente como no sea que eso es lo que conviene a la élite en el poder.

Otros aspectos del sistema electoral que fueron reformados para satisfacer demandas de sectores estratégicos de la sociedad, se han tergiversado de manera tal que prácticamente se aplican o no dependiendo de la conveniencia de quien gobierna, es el caso por ejemplo de la separación de elecciones de presidente y asamblea nacional, de las elecciones locales (gobernadores, alcaldes, concejales, diputados de asambleas legislativas). Se han cambiado los períodos de elecciones locales bajo diversas figuras de justificación, para hacer posible que resulten coincidentes o muy cercanas a la elección presidencial (¡Cómo era antes!) de manera de aprovechar la influencia del presidente ganador en las candidaturas locales. También parece necesario revisar el tema de la reelección para establecer a la luz de nuestra experiencia si en verdad resulta conveniente o por el contrario abre puertas a problemas en lugar de a soluciones.

Se hace necesario también debatir en torno al tema de la participación de los militares (¿activos?) en diversos cargos públicos tanto del poder ejecutivo, es decir, cargos de gobierno, como cargos del poder legislativo, es decir cargos para la formulación de las leyes y el control del poder ejecutivo. Si se asigna a los militares la función de defensa de la sociedad en su conjunto frente a terceros y se les da el monopolio de las armas, no se puede aceptar que ejerzan otros cargos públicos porque su potencial fuerza introduce desigualdad en las relaciones. Si los militares quieren hacer política que salgan del medio militar y lo hagan en igualdad de condiciones con los demás. Por otra parte, existe una especie de mitología acerca de la eficiencia militar que está en nuestro caso totalmente reñida con la realidad. Las condiciones de deterioro de los principales indicadores sociales, económicos y políticos en este momento representan una llamada de atención al tema de que el hecho de ser militar no garantiza para nada una buena gestión en un alto cargo público. ¿Por qué debemos aceptar a militares en el gobierno?, ¿por qué no se exige la renuncia a una de las condiciones?

El tema de los partidos políticos constituye otra fuente de errores o desaciertos a revisar. El rechazo a los partidos como organizaciones preparadas para proveer personas capacitadas y con redes de apoyo para afrontar el ejercicio de cargos públicos abrió las puertas a la improvisación y muchos cargos de elección popular terminaron en manos de personas con escasa preparación y apoyo político organizado contribuyendo notablemente a deteriorar el funcionamiento de organismos públicos. ¿Por qué hay que suponer que un candidato independiente va a ser mejor por definición que un candidato de partido? La llamada anti política sirvió a los fines de grupos interesados en desintegrar el sistema de partidos para tener espacios a los cuales acceder por vías distintas al trabajo político constante y de largo plazo que exige la disciplina partidista. La democracia para su funcionamiento adecuado requiere un sistema de partidos estructurado en función de las características de la sociedad, es decir, requiere un conjunto de grupos políticos organizados para ocuparse permanentemente de la gran cantidad de temas pertinentes al gobierno en general. Entonces, parece innegable que necesita una reflexión en este tema que permita regenerar la empatía con los partidos políticos, aceptar que se necesitan y apoyar su formación y funcionamiento.

Es necesario también revisar el error de creer que es conveniente mantener obligatoriamente un alto nivel de politización en los altos cargos públicos. Si bien es cierto que los altos cargos públicos tienen un evidente carácter político, no por ello se tiene que exigir la sumisión absoluta del funcionario al partido. Hay que encontrar un espacio de acuerdos para reconstruir el equilibrio de criterios técnicos y políticos y permitir que regrese la meritocracia a la mayor cantidad posible de cargos públicos.

Evidentemente, no puede quedar fuera de revisión, el tema del modelo económico. El socialismo del siglo XXI es una denominación hueca que no ofrece una concepción consistente con las necesidades de la sociedad actual y su compromiso con la sostenibilidad para respetar las posibilidades de las generaciones futuras. El socialismo igual que el capitalismo, fueron modelos diferentes de organización social para la producción y el consumo pero ambos practicaron por igual la explotación intensiva de recursos naturales produciendo daños semejantes al ambiente. No obstante, el capitalismo tiene la ventaja de que permite el desarrollo de la voluntad individual y con ello adquiere la fuerza de la iniciativa de los que tienen sueños por realizar, mientras que el socialismo niega toda posibilidad de desarrollo individual fuera de los límites establecidos por la élite gobernante que se abroga la capacidad de decidir por todos. En todo caso, el capitalismo ya ha experimentado numerosos cambios y está dando paso a nuevas formas de organización social para la producción y el consumo; el socialismo o comunismo por su parte, no ofrecen nada nuevo a excepción de sus movimientos hacia la liberalización fuera del estado de algunas actividades. La sociedad del conocimiento que viene (ya está en realidad en muchos países), no se basa en el capitalismo, ya que el capital desaparece como fuente principal de riqueza para dar paso a la información como nuevo pivote de transformación, pero tampoco se basa en el socialismo o comunismo a partir de la socialización de los medios de producción, que se desplazan de la propiedad privada a la propiedad del Estado. La sociedad del conocimiento se basa en la información y el conocimiento que tienen nuevas e infinitas posibilidades de expansión en razón del desarrollo de las tecnologías de información, a partir de las cuales se han democratizado como nadie podría imaginar (bueno Alvin Toffler sí) las oportunidades de investigar, aprender, mejorar.

Entonces ¿por qué seguir enfrascados en una vieja y ya innecesaria dicotomía entre socialismo y capitalismo mientras el mundo va en otra dirección? Esta discusión y el intento de implantación de un supuesto socialismo o comunismo en el país nos ha retrotraído a etapas anteriores a los años cuarenta del siglo pasado. Hemos vuelto a razonamientos y comportamientos propios de sociedades primitivas, donde se vive en función de la tribu: dentro de mi tribu todo, fuera de mi tribu nada; los que no son de mi tribu son enemigos y como tales deben tratarse; mi tribu es la dueña del territorio y tiene derecho a su explotación sin que otros puedan impedirlo. ¿Por qué tenemos que aceptar este sistema de razonamiento extremadamente competitivo cuando la tendencia es a buscar la cooperación para el uso más eficiente de los recursos?, ¿no es curioso que quienes critican la competencia como un mal inherente al capitalismo que separa, enemista y permite la explotación de los hombres, se comporten en realidad de manera extremadamente competitiva?, ¿por qué tenemos que aceptar esta incoherencia de la élite en el poder?

En nuestro caso, este tipo de comportamiento se puede verificar perfectamente en el país con sólo revisar algunos indicadores del sistema depredador instalado en el gobierno. Como ejemplo, se tiene la ciudad de Caracas la cual ha sufrido una multiplicación despiadada de edificaciones a diestra y siniestra, con un incremento bestial de la densidad poblacional de muchas zonas por la ocupación de espacios de manera arbitraria con construcciones arbitrarias sin realizar el urbanismo asociado requerido por las ordenanzas municipales para garantizar un medio de vida humanizante.

Así, se incrementó la población en sectores sin adaptar los servicios de agua, luz, alcantarillado, aseo, transporte, escuelas, dispensarios, fuentes de trabajo, y a la vuelta de muy poco tiempo cabe esperar un gran deterioro de esas edificaciones y sus habitantes. De esta manera vemos que los que acusaban de depredadores a los constructores de otros tiempos, se han convertido en depredadores más feroces que no respetan ninguna ordenanza ni legislación que limite su voracidad constructora de las llamadas soluciones habitacionales. ¿Es esta la mejor forma posible de satisfacer necesidades del pueblo más necesitado?

Muchos otros factores han sido en estos años fuentes de errores por acción u omisión (en la política comercial, en la industrial, en la monetaria y fiscal) y resulta necesario revisar tantos como sea posible a fin de encontrar aspectos que puedan mejorarse con cierta celeridad, antes de que se termine de perder todo el conocimiento o se agoten los recursos. Además hay que prepararse para afrontar temas que el país tiene pendientes y que son imperativos en el entorno mundial como los compromisos para el manejo del tema del cambio climático, donde Venezuela se ha quedado muy atrasada respecto a actividades que debe realizar y no lo ha hecho. ¿Por qué no se exige que el país cumpla sus obligaciones oportunamente?, ¿por qué si se exige no se cumple?

Lo positivo de esta situación caótica en la que estamos inmersos, es que debemos colocar todo en revisión. Los procedimientos, las formas de organización, la legislación, todo, al final parece que podemos terminar de acuerdo con quienes proponen que hay que refundar la República en Venezuela.

Mercedes Martelo
mercedesm2005@gmail.com

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