Opinión y análisis

Mitos Armados

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Mitos armadosPor: Gabriela López Escalante  / Jueves, 01 de mayo de 2014

El año 2002 fue el escenario de aparición del vocablo ‘colectivo’ como hábito para señalar fuerzas paramilitares pro-gobierno. 12 años después, es un término tan polarizado como el país.

Las calles de la parroquia 23 de Enero cuentan su propia historia mientras las recorres. Un tablero lleno de locales superpuestos; diversidad de carteles a mano, ninguna señalización oficial. Talleres mecánicos, barberías improvisadas, canales tan estrechos como un riachuelo en el que transitan simultáneamente camioneticas, carros y —nunca debe faltar— el pitido de las motos entre vehículos. Todos parecen saber el papel que juegan. Nadie se alarma ante el bullicio: los decibeles en Caracas, a diferencia de la violencia, no están estandarizados.

Los choques sociales intensificados desde el mes de febrero en Venezuela han incrementado la generalización como forma de defensa. No hay tiempo para preguntar en la segunda ciudad más violenta del mundo. Surgen entonces los colectivos como una de las figuras sociales más polémicas en estos tiempos con una versión que los enuncia como grupos civiles armados; la otra, como defensores de una revolución.

El panal 2021 es la dirección de encuentro. El efectivo de la policía no reconoce las coordenadas pero con una nueva referencia logra sugerir una ruta: “Siga derechito, hasta la redoma, cruza a mano izquierda, sube hasta el plantel y ahí vuelve a preguntar, hermanazo”. No hizo falta; más adelante, entre colores intensos y ensordecedores, los murales gritaron “Alexis Vive”.

“El Alexis Vive nace como un sentimiento de lealtad y cofraternidad hacia un compañero asesinado el 11 de abril de 2002, producto del intento de golpe de estado fallido”, refiere su fundador Robert Longa. Recordó con detalle la solidaridad que Alexis González mostró hacia él en lo que considera una etapa muy difícil de su vida y relata enseguida la anécdota que ya conocen los compañeros de la fundación presentes en la habitación: “En una oportunidad él empeñó una prenda en un restaurante para que yo comiera”.

Longa, oriundo de la parroquia 23 de Enero, explica que la Fundación Alexis Vive trabaja con base en la metamorfosis urbana: “Del resentido social a un luchador por una mejor calidad de vida”. Luego de pasearse por una lista de teóricos y datos puntuales de sus planteamientos, expone una idea de escasa resonancia en el discurso oficialista: “Ser revolucionario no significa vivir mal, tener violín y chiva. A mí me gusta tener moto, andar en carro, pavear. Revolución para mí es vivir bien”.

DUALIDAD DE LA REALIDAD

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) arroja cifras que obligan a detener la digresión. Las protestas en el país aumentaron 550% en el primer trimestre de 2014, 31% de ellas fueron atacadas por paramilitares.

La opinión pública se debate entre varias categorías para grupos como el Alexis Vive: colectivos, grupos paramilitares, guerrilla urbana. ¿Con cuál deben ser identificados?

R.L: Somos un colectivo. Ellos (miembros de la oposición) tienen que estudiar; yo veo que son mediocres. Yo aprendí en tercer grado lo que es singular y plural. Cuando unificas un grupo de personas, hombres y mujeres, en torno a una lucha ecológica, una lucha social-cultural, eso es un colectivo de desarrollo social.

— ¿Considera posible la participación de otros colectivos como fuerza de represión en las protestas?

R.L: Hay una política de posguerra. En su trauma (el de la oposición), después del 11 de Abril al darse cuenta de que el pueblo rescató a Chávez, y que Leopoldo está preso sin nadie que responda por él, se han visto en la necesidad de infiltrar movimientos sociales que hagan acciones vandálicas para que sean adjudicadas a los movimientos políticos revolucionarios y justificar una intervención. Estamos en la guerra de cuarta generación, de escenarios virtuales. Todo el mundo direcciona todo contra los colectivos.

— Existen videos y fotos que identifican a miembros de colectivos participando. ¿Cómo se explica esto?

R.L: Puede que haya también violentos de este lado. Así como hay de la ultra derecha hay de la ultra izquierda, yo tampoco lo voy a negar. Sí puedo creer que exista de esta parte algunos ultra radicales que le hagan el juego al enemigo y puedan hacer una acción de ese estilo, pero en el seguimiento que se le hace a los medios no se ven colectivos involucrados en la dinámica.

El Doctor en Ciencias Políticas, José Vicente Carrasquero, ahonda en la problemática de la dualidad entre colectivos y civiles armados para definirla como un “huevo-gallinazo”: “El problema es que los presentan a la sociedad como colectivos con fines sociales. Al final terminan siendo grupos armados, lastimosamente por el propio gobierno, para servir de grupos paramilitares e imponer el orden gubernamental”.

Carrasquero, también profesor de Opinión Pública en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), rescata que por definición los colectivos son entes pacíficos que procuran “el desarrollo de la sociedad desde una perspectiva humanística”. Resalta igualmente la importancia de que estos grupos respeten la Constitución y no los exime de contar en su estructuración con ramificaciones y relaciones de orden político y económico siempre que conserven la finalidad social.

Señala que luego de la primera aparición el 11 de abril de 2002 en el Puente Llaguno, estos grupos han actuado de manera organizada, en hordas de motos, para confrontar las protestas. Hace una pausa y advierte: “Esos ya no son colectivos. Se está hablando de grupos armados”.

Carrasquero imputa el uso de estas fuerzas por parte del gobierno nacional para someter de forma alterna a la del orden público a determinados grupos de la población: “Estamos ante una situación de terrorismo de Estado. 31% de las protestas han sido atacadas por grupos paramilitares y no se conoce ni un caso de alguien que haya sido detenido”.

El consultor de opinión pública manifiesta que los mecanismos empleados por el gobierno son tradicionales de regímenes comunistas, en los cuales se plantean lo que enuncia como “para-estructuras”; es decir, sistemas de salud, educación y violencia paralelos a los que se desarrollan normalmente en la sociedad a razón de la desconfianza del gobierno en la estructura regular del Estado.

EL DEBATE PRINCIPAL

“Los escuálidos hablan de castro-comunismo. ¡Eso es mediocridad!” — insiste Robert Longa en medio de paredes con cuadros del Ché Guevara, Fidel Castro y Hugo Chávez. “Los pueblos construyen sus propias realidades. Las disposiciones materiales condicionan el objeto social de los países”, agrega con apremio mientras explica que Venezuela no puede ser comparada en escenarios sociales con Cuba porque, más allá de la admiración o no por dicho sistema, “su condición como país petrolero está planteada para vivir bien”.

Por su parte, José Vicente Carrasquero asevera que la ingobernabilidad que vive el país en sectores como criminalidad, violencia, tráfico de drogas y desabastecimiento compromete la democracia. “Decir que en Venezuela hay democracia porque hay elecciones es una explicación ingenua”. Apunta que la separación de poderes solo se da en papel y que, contrario a lo que profesa el gobierno, las elecciones no son libres.

Denuncia un reinado en el país del “me-da-la-ganerismo” y explica que por esta práctica situaciones como el control de los colectivos pueden descarriarse. “El Alexis Vive es una agrupación que en algunos momentos le ha dicho al Gobierno «eso no es así», porque sienten que tienen un poder equivalente al del Estado para imponer ciertas normas y eso es absolutamente peligroso”.

MONOPOLIO FRACTURADO

La pregunta válida en este punto: ¿Quién monopoliza la violencia en Venezuela? Carrasquero señala que en el país existe una cantidad importante de civiles armados que supera en número y calidad a oficiales, suboficiales y personal de tropa armado. Explica: “Si Venezuela tiene mil personas en armas por la vía oficial, fácilmente puede haber un millón de personas con armamento que no pertenecen a estas fuerzas y que no permiten decir que el Estado tiene la administración del monopolio de la violencia”.

Para Robert Longa, la respuesta difiere: “Las armas para nosotros no determinan nuestra política. En todo caso, sería una triste realidad tener que confrontarse. Es mediocre pensar que la lucha social y política pasa por un tema de armas”.

Ratifica que durante el tiempo que definen como cuarta república sí hicieron uso de armas para defenderse del narcotráfico y pelear contra la represión. Actualmente, indica, están inscritos como movimiento social en la reserva bolivariana ante la cual se presentarían si decidieran participar en una lógica de defensa bélica adscritos al plan integral de la nación.

Longa puntualiza: “Nosotros no estamos armados, pero si agreden vamos a defender”. Agrega que como colectivo están subordinados a los planes de contingencia que se diseñen desde la Revolución Bolivariana, representada en ese caso por el ejecutivo nacional.

“¿Que son un grupo organizado armado? Sí. Ellos (colectivo Alexis Vive) antes de ser comuna son un grupo organizado armado, todo el mundo lo sabe”, admite con un aire de costumbre Adelaida Cordero, coordinadora de control, estudio y evaluación en la U.E Nacional Bolivariana Gabriela Mistral en la parroquia 23 de Enero.

La unidad educativa ocupa un espacio importante en la zona. Para entrar, una puerta que permite el tránsito de una persona a la vez. A la derecha de esta se ubica un carrito de perro calientes a la espera de que el timbre escolar dé luz verde a sus clientes; a la izquierda, un mural con un retrato: la profundidad de los ojos dibujados es una metáfora que no se debe ignorar.

Al entrar se hace imposible no fijarse en el fondo que acompaña a la escuela en un paisaje interesante: el bloque número 22. Al girar 180 grados, sin moverse de lugar, una pared blanca está sellada por el emblema del gobierno; en ella se lee: “Independencia y Revolución”. La Fundación Alexis Vive ha decorado los pasillos con pinturas de próceres de la nación y textos breves de sus frases célebres.

Cordero, homóloga territorial de Robert Longa, explica: “Hoy por hoy, ellos han sabido utilizar las armas de acuerdo a lo que ellos consideran”. Aclara que la organización del grupo ha permitido que la seguridad disminuya notablemente en la zona, colaborando con la unidad educativa en un plan de vigilancia interna y externa.

La coordinadora hace una salvedad: “Si yo viviera cerca del observatorio te diría que no estoy de acuerdo con esos grupos. He escuchado a estudiantes decir: «Profesora, mataron a tres y no pude salir de mi casa». Yo digo: ¡Dios mío! ¿Eso pasa en el 23 de Enero?”.

OTRA TONALIDAD

“Yo nunca he sido de política. Cuando tuve mis hijos dije que mi partido iba a ser mi familia”, enfatiza Adelaida Cordero mientras mantiene su atención en la próxima pregunta. Su físico puede parecer frágil, pero la entereza de actitud durante la conversación y una voz cálida para responder de manera precisa delatan una armonía fuerte en ella. Es cuidadosa al declarar sin dejar de enunciar con franquezas las cosas que ya son costumbres en la zona.

Sobre épocas anteriores recuerda con un rastro de preocupación los días en que otros colectivos entregaban volantes para avisar que, a una hora determinada, iba a ingresar un grupo armado a la zona para buscar a un “fulano”. Pero para Cordero, el tiempo del Movimiento Tupamaro ha quedado atrás.

“Todos los colectivos no son iguales. Pensarán y tendrán un mismo ideal, pero no son iguales en la actuación dentro de la comunidad donde se encuentran”, comenta la coordinadora. Señala como positivo el trabajo social que el colectivo Alexis Vive ha realizado en la zona central, La Cañada y Sierra Maestra.

Enumera las donaciones como computadoras que ha hecho al plantel, la reparación de unidades educativas, la azucarera y la panadería —para ofrecer productos a precios accesibles— y la creación de una emisora de radio y televisión. “Vivo en esta zona, donde se da otra tonalidad”, refuerza Cordero, sin dejar por fuera aspectos negativos del grupo como el alto índice de deserción escolar de sus miembros.

“Mis hijos me comentan: «Bueno, mamá. A pesar de todo uno llega aquí a cualquier hora, 8:00 pm, 9:00 pm, 10:00 pm tranquilo»”, ilustra Adelaida Cordero, para quien la seguridad de la zona se debe a la custodia del colectivo Alexis Vive.

En cuanto a este sistema, expone Robert Longa: “A nosotros nadie nos pidió poner cámaras. Uno de los cónclaves del gobierno es la seguridad y es vital para desarrollar una política comunitaria hacia una construcción de gobierno comunal perfecta”. Recalca que el apoyo y servicios que ofrecen no discriminan ninguna posición política mientras las personas se manejen en el marco del respeto.

José Vicente Carrasquero cita el término dado por los colectivos a los lugares donde han luchado contra el narcotráfico: ‘zonas liberadas’. Sostiene: “El Estado no debería permitir esto a dos o tres kilómetros del Palacio de Miraflores. La responsabilidad de que no exista el narcotráfico es del gobierno y es indelegable, mucho menos en grupos civiles”.

QUEDA UN SABOR AMARGO

El 43,34% de votos en las pasadas elecciones municipales adjudicados a Ismael García, propuesta de la alternativa opositora, recuerda que el municipio Libertador, al que pertenece el 23 de Enero, cubre también un sector que protesta al Gobierno por reivindicaciones.

Daynazet Dalango, técnico superior en turismo, ha vivido en la parroquia por 34 años en La Cañada. Desde la otra acera comenta: “La última vez que se dio un fuerte cacerolazo escuché tiros y me retiré de la ventana por protección. Pero conocidos en el Observatorio aseguran que hubo amenazas por parte de esos grupos armados”.

Dalango reconoce que el colectivo Alexis Vive tiene una parte de la aprobación de los habitantes. Considera que entre las actividades más resaltantes han estado traer Mercal a los ciudadanos y planificación de fiestas en Día de Reyes y Día del Niño. Sin embargo, resalta que el aspecto negativo se concentra en que si los ciudadanos se quieren expresar en contra del Gobierno, probablemente reciba represalias de estos grupos. Por esta misma razón, considera que no son grupos necesarios para el correcto desarrollo de comunidades del 23 de Enero.

La página de sucesos de el diario El Universal del 9 de abril de 2014 titula: “Detienen a miembros de colectivo que extorsionaban a catienses”. Cuatro hombres, miembros del colectivo “Tres Raíces¨ fueron detenidos en la calle México de Catia por el chantaje a vecinos y comerciantes de la zona de Pérez Bonalde. “Bajo amenaza de muerte los obligaban a pagar altas sumas de dinero para permitirles vivir y trabajar en el área”, fue la premisa de la vecina que presentó la denuncia ante el Cicpc y que obtuvo extraoficialmente el medio impreso.

Ángel Mayz, estudiante de Administración de Empresas en la Universidad Nueva Esparta (UNE), puede leer esa noticia con un aire de familiaridad. Trabajó durante un año en Mil Cerámicas de Proseín en Catia. Relata que en esa sede de la compañía fueron víctimas de robo cuatro veces: “Nos decían que debíamos pagar una vacuna por protección. ¿Protección de qué? De ellos mismos”. Indica que se trataba de grupos de motorizados que se identificaban como Tupamaros, sin necesidad de esconderse ni encontrar un camuflaje. La luz del día es su foco en el escenario.

Recientemente, tendría un encuentro con otro colectivo. Este se diferenció en el trato al otrora empleado abusivamente por los Tupamaros como medio de intimidación. El 13 de Febrero en la madrugada, tras las rejas de la Brigada de Acciones Especiales (B.A.E), en medio de la confusión y cansancio, en la representación de un papel que no estaba preparado para interpretar ese día que salió de su casa —el de preso— tuvo la experiencia de conocer a integrantes del colectivo “La piedrita”.

Ángel Mayz fue detenido el 12 de Febrero por funcionarios del Cicpc cuando se resguardaba, junto a ocho amigos, en un edificio en La Candelaria. Fueron trasladados a la sede policial y e incorporados a otros estudiantes también apresados tras los disturbios ocurridos esa tarde frente al edificio de la Fiscalía General de la República.

Entre las impresiones que rescata, comenta: “Ahí no hay chavismo ni oposición. Ahí lo único que cuenta es luchar por la causa”. Esto lo confirmó cuando uno de los integrantes de este colectivo, autorizado por el director del recinto, les ofreció a él y los otros estudiantes que estaban en la celda un teléfono para que pudieran comunicarse con sus familiares. Como retribución solo pidió que recargaran el saldo de la línea; como último favor, les recomendó cuidarse y alejarse de los problemas una vez que estuvieran libres.

¿Cuándo se detiene la violencia en Venezuela? Es un círculo continuo en un país fraccionado socialmente. Ambas partes quieren hacer respetar sus derechos de pensar diferente, pero la amenaza que implica la radicalización de las posturas políticas hace desconfiar a los venezolanos de cuán conveniente sería ceder espacios para el adversario.

Las generalizaciones se han convertido en los clichés de los discursos y a la vez en el argumento más fuerte para ganar adeptos rápidamente. La menos usada: “venezolanos”. Los artículos de la Constitución sobre los que se exige respeto son predicados de lado y lado cual Evangelio: con sazones y matices que han convertido a Venezuela en una cruzada religiosa.

Gabriela López Escalante
Estudiante del Octavo Semestre de Comunicación Social mención Periodismo
Reportaje Informativo presentado en el marco de la asignatura: Periodismo III
11-04-14

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