Discurso pronunciado por el estudiante Humberto Henríquez,
con motivo de la instalación de la Semana de la Escuela de Educación, frente a las autoridades de la UCAB,
profesores y la Viceministra de Educación Soraya El Ackar.
Caracas 05 de mayo de 2014
Buenos días estimados estudiantes, profesores. Rector, Viceministra de Educación.
Mi nombre podría ser el de cualquiera de ustedes. Tengo una familia, amigos, sueños, un futuro, es decir, soy uno más de ustedes y tengo la responsabilidad de representar y ser la voz de cada uno de los que están aquí. Los que no se identifiquen con las siguientes palabras, complétenlas con sus razones e ideas porque son igual de importantes que las mías.
Hoy tenemos la oportunidad de estar al frente de la Viceministra del PP para la Educación y me gustaría que durante las siguientes palabras usted señora Viceministra, piense, que todos pensemos, que somos lo mismo, personas en igualdad de condiciones, que no hay mejores ni peores, y que, aunque sea por un momento, podemos hablar con honestidad. Y honestamente quisiera hacerle unas preguntas.
Hoy los estudiantes enfrentan tal vez el primer gran reto de nuestra generación. Hoy la educación implica, más que tener un título, defender principios, ideales, derechos, la educación misma. Hoy ser educado implica creer que la institucionalidad, la separación de poderes, la democracia, la libertad, la justicia y la reconciliación son posibles. Hoy ser educado implica decir la verdad sin importar lo perjudicial de ésta y hoy se nos presenta la oportunidad de decirle a usted la verdad de los estudiantes porque como juventud no podemos, no debemos, no sabemos quedarnos callados cuando las cosas andan mal, como desde hace más de 20 años sucede con el sistema educativo de esta patria amarilla, azul y roja.
¿Qué es calidad? Para hablar de calidad es necesario situarnos un poco en donde estamos parados como país. Según la Memoria y Cuenta del MPPE del 2013, para el año escolar 2011-2012, la cifra de excluidos del sistema educativo formal es un poco más de 1.000.000 de niños, adolescentes y jóvenes. De los cuales algo así como 500.000 niños entre 3 y 5 años, 167.000 jóvenes entre 6 y 11 años y 330.000 adolescentes, entre 12 y 16 años, están excluidos de la educación formal. El Censo 2011 también revela que el grupo de no escolarizados entre 6 y 17 años de edad es de 1.276.746 personas. Algo así como 80 veces la matrícula total de la UCAB. Hagamos la idea, es igual a decir 600 veces esta Aula Magna completamente llena.
Las tasas netas de escolaridad reportadas son 70,5% en educación inicial, 92,5% en educación primaria y 75,1% en educación media. Es decir, todavía hay un gran camino por recorrer en nuestro país para asegurar la universalidad del derecho a la educación y su calidad. Pero supongamos que solucionamos esto ¿ahora qué?
Según la Ministra Hanson tenemos un déficit de 3.500 instituciones educativas y eso era para el año escolar 2012-2013. Y de estar resuelta la terea del déficit de escuelas ¿Ahora qué?
Para hablar de calidad es determinante la formación y la actuación del educador. El número de maestros y profesores de educación inicial, primaria y media que no son profesionales, es decir, sin algún título universitario, asciende a 124.805. Cifra que corresponde al 24,4% del total nacional. Es decir 1 de cada 5 profesores no son profesionales. Pero supongamos que en un gran esfuerzo nacional, conjunto, integrador y diverso que implique a las 29 Escuela de Educación del país, la Universidad Pedagógica y el Programa Nacional de Formación de Educadores de la Misión Sucre solucionamos esto, ¿Ahora qué?
Aún tenemos 700.000 adolescentes y jóvenes desertores de un sistema educativo que no supo, ni pudo retenerlos o que no ofrece oportunidades suficientes para la prosecución escolar. Cifra que alimenta, junto con el tráfico de drogas y la búsqueda fácil de tener dinero, las alarmantes cifras de víctimas y victimarios producto de la delincuencia.
Seguro estamos de vivir serias y diversas dificultades, que sólo entre todos podemos solucionar, pero ninguna de estas es la más grande. ¿Hacen falta escuelas?, sí. ¿Más educadores?, claro. ¿Más presupuesto?, también; pero más importante, hace falta que el sistema, comenzando por el educativo, cambie y que motive al estudiante porque el problema no es que se invierta dinero y esfuerzos en formar los mejores profesionales, sino que nuestros profesionales en lugar de aportar cada vez más y más al país se vean en la necesidad de hacer algo para lo cual no fueron formados. Taxista o vendedores por ejemplo. A raíz de esto no podemos cultivar la indiferencia o peor aún aplaudir el desatino monumental que vamos siendo educativamente.
Definitivamente la educación es la clave, es el elemento fundamental que requiere cada venezolano para enriquecerse a sí mismo y que a su vez le permita crear sus sueños y formas de alcanzarlos. Así, cuando todos estemos en miras hacia el futuro, apoyaremos al desarrollo y el crecimiento de nuestro país. Porque sólo se trata de eso, de progresar, de superar la pobreza, y en la medida en que personalmente asumamos eso, lograremos encontrar no solo la calidad educativa, sino la calidad como personas y ciudadanos.
Ya para finalizar la calidad no es algo tangible como un título o números en alguna memoria y cuenta. Calidad es que la ideología de cada ciudadano sea la mano extendida. Que dejemos de ser albañiles de muros, y empecemos a ser constructores de puentes.
Esta oportunidad que se nos pone en frente con la Consulta Nacional por la Calidad Educativa es el espacio ideal para que dejemos de ser dos Venezuelas, y volvamos a ser una, donde no se hable de mayorías o minorías, porque ambas en cualquier momento pueden conducir a la tiranía. Seamos claros y responsables, sí realmente la sociedad venezolana está atomizada, esta misma fractura se reflejará en la información que recoja la consulta y el análisis que de ella se genere. Entonces, todos los aquí presentes -así como nuestros homólogos en todo el país- tenemos la responsabilidad de construir el puente, de hacer y ser la bisagra de una sola y nueva Venezuela.
Y señora Viceministra, cuando esté tomando decisiones importantes piense honestamente ¿qué educación le hubiese gustado recibir cuando era pequeña?, o mejor aún ¿qué educación quiere para su hijo, y los hijos de sus hijos?
Muchas gracias.
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