Columnistas

La carta de Giordani

Enfoque Político

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Por: Juan Manuel Trak  /  03 de julio de 2014

Desde diciembre de 2012 y sobre todo en la campaña presidencial de 2013, el PSUV ha procurado mostrarse como un partido unificado, sólido y homogéneo. Si bien es cierto que existen dos facciones importantes, la militar liderada por Diosdado Cabello y la civil por Nicolás Maduro, ambos líderes buscaron mantener la apariencia de unidad dentro del chavismo. No obstante, la carta del ex-ministro Jorge Giordani ha abierto la caja de pandora dentro del partido de gobierno que escapa a ambos grupos, pues expone las contradicciones ideológicas existentes dentro del mismo y la incapacidad de ambas facciones para representar a una parte su electorado que vota en función de los principios de lo que Chávez denominó Socialismo del Siglo XXI.

Por un lado, Diosdado Cabello representa los intereses corporativos de la coalición chavista, su filiación con una buena parte del sector militar y la burguesía nacida a la sombra del poder de Chávez lo coloca  como portaestandarte del sector más derechista del PSUV. Desde el punto de vista político, Cabello es un actor autoritario que utiliza la posición institucional que posee en la Asamblea Nacional con el fin de aplastar tanto a la oposición como a los adversarios a lo interno del partido de gobierno. Sin embargo, más allá del poder que ostenta por ser presidente de la AN, Cabello posee ascendencia sobre una buena parte de la Fuerza Armada Nacional, institución que garantiza la estabilidad del chavista. Su reacción ante la crítica de Giordani ha sido la exigencia de lealtad por encima del pensamiento autocrítico y la demonización de todo aquel que ose levantar la voz en contra de sus intereses.

Por otro lado, Nicolás Maduro fue en principio considerado como aquel que representaba al chavismo ideológico, un hombre leal a Chávez y supuestamente comprometido con los principios del socialismo del siglo XXI, quien no tenía una agenda propia, más allá de la pautada por el fallecido expresidente. No obstante, la realidad económica fue mucho más fuerte que sus principios ideológicos, ya que las circunstancias lo han forzado a tomar medidas económicas que van en sentido contrario al socialismo. Maduro, quien no es capaz de comprender los grandes desequilibrios y complejidades de la economía venezolana, se encuentra prisionero de sus ministros y asesores quienes lo han conducido a alejarse del llamado camino de Chávez. De modo que, como consecuencia del desempeño de su gobierno y las políticas que se ha visto forzado a tomar, las bases del chavismo lo ven como el gran destructor del legado de Chávez, colocándolo en una situación precaria dentro de la coalición chavista.

Posiblemente, el gran problema de Nicolás Maduro es que el camino imaginado por Chávez nunca iba a coincidir con la realidad; la economía del país fue irresponsablemente destruida por el difunto presidente y sus ministros, entre ellos el propio Giordani, y mientras el excedente petrolero fue utilizado para generar una burbuja de consumo (sobre todo en los años electorales) no hubo una sola acción para estimular la institucionalización de políticas de educación, salud, seguridad, infraestructura, empleo y producción coherentes y sostenibles en el tiempo. Ahora, cuando dicho excedente no es capaz de satisfacer las expectativas crecientes de la población, cuando la producción de PDVSA está en franca caída y cuando los acreedores del país quieren cobrar sus dólares, el gobierno no tiene dinero para pagar, aún con el promedio de 90 dólares el barril. De modo que, la carta de Jorge Giordani coloca de manifiesto las contradicciones internas del partido, aunque no lo salva de ser responsable de la destrucción del país.

Estas contradicciones se han visto potenciadas por declaraciones que secundan de alguna manera las críticas del ex-ministro, Héctor Navarro y Rafael Isea han cuestionado la manera como Diosdado Cabello y Nicolás Maduro asumen los señalamientos de Giordani, lo mismo que el Partido Comunista de Venezuela. Todo esto en el contexto de la celebración del III Congreso Ideológico del PSUV, en el que es muy probable que se generen fracturas importantes a lo interno de su dirigencia pero, más grave aún para el chavismo, en el seno de las bases.

Así las cosas, en un momento de crisis profunda el partido de gobierno no es capaz de escapar de las consecuencias de la irresponsabilidad del manejo del Estado y los recursos del país. En el seno del chavismo, aquellos que están allí por convicción empiezan a quedar relegados a posiciones de poco poder coactivo o económico, pero mantienen legitimidad como representantes del proyecto ideológico que proponía Chávez. En este sentido, la ausencia del líder carismático que unificaba a ese conglomerado de actores tan diversos que es el PSUV, genera una alta posibilidad de fragmentación; esto no significa que esté en riesgo la permanencia de Maduro o Cabello en el poder, pero lo anterior puede traer consecuencias muy importantes para las elecciones parlamentarias del 2015 y las regionales y municipales del 2016.

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