Opinión y análisis

La tormenta perfecta (Parte II)

El faro

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Por: Benigno Alarcón /  03 de julio de 2014

¨Nos unimos o nos hundimos¨

 (Antonio Ledezma en entrevista

dada a Globovisión el 2 de Julio de 2014)

Recordando lo que dijimos

El pasado 28 de Mayo escribimos para esta columna un artículo al que titulamos La tormenta perfecta, y por ser pertinente partir de aquel para escribir el presente, se nos ocurrió titularlo La tormenta perfecta (Parte II), a riesgo de que por seguir el guión de aquel nos veamos obligados en un futuro, no tan lejano, a escribir sobre algunas tormentas adicionales, dado el mal tiempo reinante.

Decíamos entonces que las variables determinantes de aquel escenario de autocratización se movían desde la combinación protesta-diálogo hacia la evolución de la crisis económica, para lo cual pareciera no haber soluciones de corto plazo, ni la coherencia necesaria entre los diferentes actores gubernamentales para enfrentar la tormenta que se avecinaba y salvar juntos el barco y a sí mismos. Es así como hoy vemos que mientras algunos son arrojados del barco (Giordani y Vanessa Davies), otros prefieren lanzarse ellos mismos para salvar el pellejo ante el peligro de hundimiento o de ser echados para minimizar al lastre revolucionario (Navarro y Bernal, entre otros que cada día van engrosando la lista).

Es así como a la división entre herederos legítimos de la revolución (diosdadismo y los golpistas del 92) vs. los herederos impuestos (madurismo), se suma ahora una nueva división entre dogmáticos o Giordanismo vs. los pragmáticos, que son todos aquellos que tienen que arreglárselas para gobernar sin recursos, donde coinciden tanto los herederos legítimos como los impuestos.

Si bien es cierto que el gobierno comienza a dar señales de adopción del pragmatismo económico chino al que nos referíamos en aquella oportunidad en la que hacíamos mención a Deng Xiao Ping (no importa si el  gato es blanco o negro siempre que cace ratón), tenemos dudas sobre si el gobierno tiene el músculo político necesario para tomar decisiones y mantener la gobernabilidad, o si lo que hará es tomar decisiones a medias, mientras mantiene también una gobernabilidad a medias. Creo que los avances y retrocesos del gobierno y el reemplazo de Giordani por Vinagreta parecieran apuntar en ese sentido.

Decíamos en aquella oportunidad que cuando no se tiene el capital político necesario para aguantar los embates de la tormenta, ni la tolerancia para afrontar una potencial salida del poder, la crisis termina por obligar a quienes dependen de mantenerse en el gobierno, para su propia sobrevivencia, a concentrar la distribución de los muy escasos recursos entre quienes resultan esenciales a ese fin. Es en esta lógica que mientras en tiempos de crisis política con abundancia de recursos se fortalecen los mecanismos distributivos clientelares, como fue el caso de la creación de las misiones a partir del 2003, en tiempos de vacas flacas, como los actuales, las misiones se cierran, poder y recursos por escasos se concentran con preferencia entre los esenciales (Bruce Bueno de Mezquita, 2011), o sea en aquellos actores que tienen el poder de administrar justicia (tribunales), de decidir comicios (Consejo Nacional Electoral) y en especial el recurso último de las armas (Fuerzas Armadas, cuerpos policiales y paramilitares), entre otros actores de cuya lealtad incondicional dependa la estabilización del régimen cuando todo lo demás falla.

El III Congreso del PSUV

A la fractura interna existente desde antes de la muerte de Chávez y a las dificultades políticas y económicas ya existentes, a pocos días de que tenga lugar el III Congreso del PSUV en el cual Maduro debería ser proclamado como su Presidente en reemplazo del Comandante Supremo ausente, se suman los peores cuestionamientos a su gobierno y liderazgo. Maduro, curiosamente, responde al menor estilo derechista calificando a los dogmáticos del Socialismo del Siglo XXI, que en otros tiempos fueron los padres ideológicos de Chávez, como ¨izquierda trasnochada¨. El problema es que si bien esta ¨izquierda trasnochada¨ representa solo una porción muy pequeña del electorado, las denuncias sobre los problemas de corrupción, enriquecimiento indebido y malversación, sí son capaces de hacer resonancia en la totalidad del espectro electoral oficialista, sin importar mucho si se trata de la extrema izquierdo o si se ubica más hacia la derecha de la izquierda (derecha endógena).

Es así como a la lucha entre los herederos legítimos y los impuestos por el control del partido, ahora se suma un tercer lado, el dogmático, que va contra ambas facciones. El efecto que ello tenga sobre los resultados finales del Congreso PSUVista dependerá, en buena medida, de los cálculos y alianzas entre estos tres lados del chavismo, o de quienes reciben los golpes y quienes pasan agachados. De ser Maduro proclamado Presidente del PSUV y ganar el control real del partido, el camino para su estabilización se allanaría, pero sin el control del partido, la ironía de la vida pondría a Maduro en una situación análoga, aunque mucho más precaria, a la que vivió Pérez cuando tuvo que ejecutar el Gran Viraje con su propio partido, además de la oposición, en contra.

¿Es Maduro sostenible?

Esta especie de equilibrio inestable, que hace muy difícil y riesgosa la adopción de decisiones, genera un círculo vicioso de muy difícil resolución en el cual la implementación de medidas con alto costo político que permitan equilibrar las finanzas públicas se vuelve prácticamente imposible, lo que a su vez dificulta la captación de nuevo financiamiento, al tiempo que los escasos recursos que logran captarse por la vía de impuestos, renta petrolera, endeudamiento o contratos firmados por el Estado terminen  concentrándose en alimentar el compromiso y la lealtad de “los esenciales”, por mecanismos diversos.

A pesar de la precariedad de tal situación, este equilibrio inestable logra mantenerse  en ocasiones por períodos de tiempo prolongados en los que, mientras la población se empobrece paulatinamente, estos actores continúan concentrando poder y riqueza en la medida que los recursos, aunque escasos, sigan siendo suficientes para mantener los engranajes de un pequeño círculo de actores esenciales debidamente lubricados, tal como es el caso de Siria, Cuba y Birmania, entre otros.

¿Cuánto puede prolongarse una situación de este tipo?, depende en buena parte de la disponibilidad de recursos económicos, y sobre todo de lo que la gente esté dispuesta a tolerar. Y la disponibilidad de recursos económicos depende no solo del precio del barril de petróleo y de la captación de impuestos, sino también del ritmo al que se deben gastar tales recursos. En momentos en donde el gobierno depende del ejercicio activo de la represión, como ha sucedido en los últimos meses, sus costos, no solo políticos sino económicos, se van al cielo por la intensificación no solo del uso de mano de obra (soldados, policías, paramilitares, jueces), sino de equipos, campañas comunicacionales, etc., de ahí la disposición a instalar una mesa de diálogo con la oposición mientras duraba la crisis. Asimismo, la amenaza de sanciones internacionales, como las que hoy se discuten en el Congreso norteamericano, o de persecución futura por delitos contra los derechos humanos, que no prescriben, encarecen los costos de represión en la misma medida que las expectativas de contar con el blindaje del poder en el mediano y largo plazo se reducen.

La inviabilidad económica del país en el corto y mediano plazo, la aparente irreversibilidad del deterioro de la legitimidad de Maduro, que se acelerara de forma proporcional al avance de los ajustes y al resurgimiento de la protesta, por la combinación de las dos anteriores, son tres tendencias que podrían generar una tormenta perfecta en la cual, como sucede en la realidad cuando los barcos corren el peligro de hundirse, mantener la coherencia y remar juntos en medio de un caos en donde cada quien solo está pendiente de salvarse a sí mismo puede ser especialmente difícil para el gobierno. En la medida que la situación se deteriore veremos más desertores saltar del barco.

Se busca Estadista

Ante el peor momento que el gobierno haya vivido en sus 14 años, la oposición luce ausente por una combinación de factores que incluye, en primer lugar sus propias divisiones y luchas internas, también el debate inconcluso sobre la ruta estratégica que se debe adoptar de manera conjunta y en consecuencia la falta de acuerdo sobre qué se debe hacer, a lo que se suman las limitaciones impuestas a su presencia mediática gracias a la autocensura, el control represivo del estado y el control accionario de los medios.

Las mediciones más recientes muestran con meridiana claridad los efectos que esta situación está teniendo sobre la oposición. La MUD, así como los partidos políticos que la conforman, están en sus niveles más bajos de aceptación y lucen como actores irrelevantes en un momento en que la política es el eje central en torno al cual órbita toda la vida nacional.

Los problemas del gobierno y la ausencia de una oposición relevante, está generando un vacío que podría ser llenado de manera inesperada por un outsider, que podría emerger desde cualquier lado, tal como sucedió con Andrés Velásquez en el 93 o con Chávez en el 2002. Este liderazgo alternativo, incluso podría emerger violentamente, como fue el caso reciente de Egipto, en el que un militar irrumpe contra un gobierno recién-electo para legitimarse posteriormente en las urnas, consciente de la posibilidad de endosarse automáticamente la simpatía de quienes querían una salida rápida que, según los resultados, eran bastante más de la mitad de ese país.

Evidentemente, para el país consciente y responsable que aún hoy, a pesar de las dificultades, cree en la democracia, la solución a las carencias institucionales no puede ser negar la democracia sino por el contrario re-establecerla. Pero para ello el país necesita estadistas, no candidatos para la próxima elección, que estén conscientes del momento histórico que vive el país, y sean capaces de anteponer los intereses del país a los propios o los de sus propios partidos.

Aquellos quienes pretender ganarse el título de líderes, tanto de lado de la oposición como del oficialismo, deben demostrar que lo son porque tienen una visión de país que nos incluya a todos, a pesar de nuestras diferencias, porque en las diferencias es justamente en donde se edifica la democracia.

No pueden merecer el título de líderes democráticos aquellos que no son capaces de construir un proyecto por intolerancia a las diferencias con quienes están del mismo lado. Si los supuestos líderes no son capaces de unificarse en un momento como el actual para salvar al país del desastre hacia el que avanzamos, porque no tienen la capacidad para resolver sus propias diferencias ¿cuál es la muestra que nos están dando sobre cómo gobernarían el país altamente polarizado que recibirían de llegar a ser gobierno?

Venezuela se encuentra hoy a las puertas de lo que podría ser una de sus peores crisis de gobernabilidad, de una tormenta perfecta. Sacar al país a flote demanda la unidad de lo mejor de nuestro liderazgo político y social. La Unidad no puede ser entendida jamás como un mecanismo de reparto de candidaturas, quienes pretenden reducirla a ello han confundido el camino y harían un gran favor al país retirándose. La Unidad que hoy el país reclama no puede limitarse a unos pocos partidos políticos en los que el país no se siente representado. Esa Unidad debe ser ampliada hacia la confirmación de un gran acuerdo representativo de todos los sectores de la vida nacional, bajo un liderazgo político responsable, cuyo objetivo es la restauración de la institucionalidad democrática, para a partir de allí avanzar en la construcción de un gran acuerdo nacional. Es el momento de la verdad. El momento en que los líderes reales con vocación de estadistas, tiene la responsabilidad impostergable de atreverse a dar un paso al frente.

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