Opinión y análisis

La necesidad de otra unidad

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Benigno Alarcón / 31 de julio de 2014

Los ganadores son simplemente aquellos que están dispuestos a hacer cosas que no harán los perdedores.

Cuando finalizamos el mes de julio y el país se encuentra inmerso en una de sus peores crisis, tanto gobierno como oposición debaten sus respectivos problemas de unidad. Los primeros en el III Congreso del PSUV  y los segundos en lo que se ha dado por llamar: ¨La Encerrona¨.  Aunque las encerronas no son exclusivas de la oposición y el gobierno tiene las suyas propias en donde deciden lo que debe pasar en su III Congreso, no puede dejar de preocupar el contraste evidente entre lo que ambas denominaciones representan. Un “congreso” implica apertura y participación a los ojos de la mayoría, aunque en la realidad no sea exactamente así como quedo demostrado en las elecciones de los propios delegados que allí participan, mientras que una “encerrona” supone, per se, exactamente lo contrario.

Es así como desde el lado del gobierno, en donde las divisiones también existen, los trapos sucios se lavan discretamente en casa con tal nivel de eficiencia que en medio de un congreso que se anunciaba como punto de quiebre del oficialismo, vemos a todos tomándose la foto juntos, incluidos los más críticos como Bernal y Aristóbulo; mientras Giordani desaparece en su soledad, Navarro pide su reincorporación, y Maduro ocupa el puesto que se reservaba a Chávez en vida, con lo cual se le da la investidura, al menos formal, de líder unitario del partido y del gobierno. Y si bien es cierto que ello no es garantía de unidad, si hay que reconocer que en política las apariencias y percepciones importan porque son capaces de transmutarse en realidades materiales, y en ello el oficialismo se anota un punto a favor.

Mientras tanto, en el lado de la oposición, los trapos sucios se ventilan públicamente en medio de acusaciones de unos partidos que se hacen llamar responsables, frente a otros que supuestamente han fracasado, como si alguien tuviese su hoja de vida limpia de errores de los cuales avergonzarse y llena de triunfos que exhibir. Afortunadamente María Magdalena no vivió en los tiempos actuales y no formaba parte de un partido de oposición porque, no tengo duda, ante el desafío de un Jesús haciendo de mediador para que los libres de pecado tiraran la primera piedra, terminaría lapidada bajo varias toneladas de escombros lanzados de forma desvergonzada por sus detractores más pecaminosos.  Prueba de ello, como acertadamente reclamara el Secretario General de Copei Roberto Henriquez, mal puede Capriles acusar de fracasados a quienes apoyan ¨la salida¨ cuando él mismo carga a cuesta con el pecado  de sus erráticas respuestas entre calle, cacerolas y salsa, frente a las irregularidades de la elección del 14 de abril, que le convirtieron en una especie de Jóvito Villalba del siglo XXI, para meses después proponer un plebiscito que no era más que la versión caprilista de ¨la salida¨ que, como todos recordamos, también fracasó.

Las graves fracturas entre los partidos y liderazgos de oposición, que se culpan unos a otros de lo que no funcionó, como si alguien estuviese libre de responsabilidad y mereciese por lo tanto el puesto de líder unitario, explica el por qué, frente a la peor crisis que el país haya vivido y que amenaza con llevarse por el medio la sustentabilidad económica de varias generaciones de venezolanos que hoy se enfrentan a un futuro hipotecado por una deuda de proporciones tan monstruosas como injustificada, la MUD no esté dando la respuesta mínima y coherente que cabría esperar de una oposición política seria y responsable; y que el único actor político relevante siga siendo el mismo gobierno, responsable de generar dicha crisis, quien, pese a las dificultades, continua luciendo en pleno control de la situación, al menos por ahora. Por este camino solo veremos al PSUV convertirse en un partido hegemónico, como lo fue el PRI mexicano que gobernó durante 60 años.

Resulta incomprensible que mientras el gobierno se empaña en al menos aparentar unidad y democracia, para lo cual echa mano de un proceso de elección de delegados que, aunque exhibió muchos problemas hacia el interior de sus propias bases, permitió que más de un millón de sus electores participaran en la selección de algo más de la mitad de sus delegados, para dar paso a un III Congreso del PSUV en donde hoy se debaten sus diferencias y sus próximos pasos, la MUD siga pensando que algo llamado el G7 sea más legítimo y representativo de la diversidad de la oposición. Esta situación se ve hoy mucho más agravada por el hecho de que quienes ocupan hoy la Secretaria de la MUD, ganada por derecho propio al tener como principal activo su capacidad para mediar y poner de acuerdo a todos los partidos políticos, hoy lucen más como representantes de una tendencia que como mediadores legítimos ante todas las partes en conflicto, lo cual contribuye al debilitamiento de la MUD haciéndola menos unitaria y menos democrática.

Desde hace meses, varias personas que apoyamos los esfuerzos unitarios, incluido quien escribe, hemos venido llamando la atención sobre la necesidad de re-diseñar la Unidad Democrática, y para ello hemos insistido sobre la urgencia de retomar la discusión a partir de propuestas serias como ¨el informe Hospedales¨, que desde hace varios meses fue engavetado, y sobre el que apenas hoy, cuando la unidad tiene el agua al cuello, comienza a hablarse nuevamente.

La MUD, bajo la conducción de Ramón Guillermo Aveledo, sin lugar a dudas ha dado pasos importantes en el campo electoral. Sus aciertos en la construcción de consensos y alianzas, así como en la experticia ganada en procesos electorales son temas en los que no puede retrocederse, pero hoy se necesita mucho más que eso para recuperar el camino hacia una salida democrática. Hoy es necesario que la sociedad civil organizada (o por organizarse) se reincorpore, no como apéndice de los partidos políticos sino como actor principal y protagónico, a la lucha por la recuperación de la democracia.

En este sentido, quien escribe ve con simpatía una propuesta como la del Congreso Ciudadano que, según entiendo, hoy apoyan Vente Venezuela, Voluntad Popular, Alianza Bravo Pueblo, Bandera Roja, COPEI y Un Nuevo Tiempo. Ciertamente, la construcción y coordinación de una plataforma en donde confluyan actores políticos y sociales es un reto mayúsculo que muchos con razón pueden considerar inoperante e incluso utópico, y que demandará de todos unos niveles de responsabilidad, madurez y cooperación que hasta ahora no hemos exhibido. Sin embargo,  como alguien cuya autoría ahora no recuerdo dijo, los ganadores son simplemente aquellos que están dispuestos a hacer cosas que no harán los perdedores, de ello dependerá que los venezolanos merezcamos encontrar una salida a esta grave crisis política, económica y social de la que dependerá nuestra misma viabilidad presente y futura como Estado. Es por ello que mi próximas apuestas se centran en la posibilidad de lograr una Unidad más inclusiva y democrática a partir de una auto-critica sincera y constructiva de los partidos de oposición, y en el  éxito de este Congreso Ciudadano para que a partir de allí seamos capaces de construir la salida democrática que desde hace tanto andamos buscando.

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