Opinión y análisis

Adjudicación de cargos: clave para el Sistema Electoral

Perspectiva 3punto0

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Mercedes Martelo / 18 de septiembre de 2014

 ¿Qué pasa después que vota la gente? Una vez que ha concluido una elección y se contabilizan los votos, el siguiente paso es anunciar quién o quienes resultaron electos.

Parece sencillo pero no lo es. Los criterios establecidos para definir qué candidatos resultan electos, reflejan los valores de la cultura política de la sociedad y conforman parámetros para estructurar las estrategias de postulación de candidaturas y campaña electoral, por ello, el sistema utilizado para la adjudicación de cargos constituye un aspecto clave del sistema electoral que merece atención.

Los criterios de adjudicación cambian si se elige un solo cargo o si se eligen varios.

Adjudicar significa según el DRAE: “declarar que una cosa corresponde a una persona, o conferírsela en satisfacción de algún derecho”. En este sentido, los criterios de adjudicación de cargos en un sistema electoral constituyen el principio según el cual un candidato adquiere el derecho al cargo por haber resultado electo de acuerdo a tales criterios.

01La Constitución y las leyes electorales constituyen las bases legales donde se establecen los referidos criterios y éstos reflejan los valores y la cultura política de la sociedad.

Cuando se elige un solo cargo, como por ejemplo el de Presidente de la República, se puede otorgar el cargo al candidato que obtuvo el mayor número de votos simplemente o se puede establecer otra norma como la de que para obtener el cargo, hay que alcanzar por lo menos un 50% más uno de los votos.

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Hay que establecer entonces, ¿qué pasa si ningún candidato alcanza a cubrir este requisito de superar el 50% de la votación total? En este caso, suele utilizarse el recurso de una segunda vuelta de votación a la que se presentan solamente los dos candidatos que hayan obtenido mayor cantidad de votos en la primera vuelta. En la segunda vuelta se gana por mayoría simple

En general, cuando se elige al Presidente de la República se maneja una sola circunscripción electoral que es el país como un todo. La circunscripción electoral, es una división administrativa del territorio para un efecto determinado, en nuestro caso, para la elección del presidente. En esa sola circunscripción electoral se cuentan los votos a nivel nacional y se aplica alguno de los criterios mencionados (mayor número de votos o mitad más uno y segunda vuelta si no se alcanza).

Piense por un momento ¿cuál de estos criterios es mejor a su juicio? Pronto encontrará argumentos a favor de uno u otro dependiendo de una gran cantidad de aspectos que conforman su forma de pensar y entender la política, la ciudadanía y la vida misma.

En Venezuela utilizamos el criterio de mayor número de votos: una sola vuelta y ya tenemos presidente. Por muy pequeña que sea la diferencia aceptamos que el candidato que sacó más votos ganó y se lleva el cargo (no entraremos a revisar el tema de la transparencia de las elecciones ya que es de otra naturaleza, aquí se da por hecho). Con este criterio, un candidato puede ganar la presidencia con cualquier porcentaje de votos y los que no votaron por él simplemente aceptan que será la autoridad del período gubernamental hasta las próximas elecciones.

En las elecciones de 1968, en el contexto de la tercera elección presidencial del joven sistema democrático venezolano, ganó por primera vez la presidencia de la República un candidato de oposición, el Dr. Rafael Caldera del partido COPEI, con 1.083.712 votos que representaron el 29,1% de los votos válidos. Su más cercano contrincante, el Dr. Gonzalo Barrios de AD recibió 1.050.806 votos que representaron el 28,2%. La diferencia fue de apenas 32.906 votos. Ante esta diferencia tan pequeña, se generó una gran expectativa nacional en relación a si habría o no transmisión de mando, si el partido Acción Democrática entregaría el poder ejecutivo ante un resultado tan ajustado que abría la puerta a las dudas. El líder fundador del partido, Rómulo Betancourt marcó la pauta, desde su perspectiva el partido AD podíaperder elecciones por muy poco margen, pero no debía disputar una victoria por tan poco margen, de manera que se realizó la transmisión de mando sin mayores contratiempos y todo el país respiró tranquilo de nuevo preparándose para vivir la experiencia del cambio en la conducción política. Se conversó ampliamente en ese tiempo sobre la conveniencia o no de una segunda vuelta electoral para regular situaciones como la que se presentó en aquellas elecciones, pero no prosperó ninguna reforma a la ley electoral en este sentido. Cada cierto tiempo sale a discusión nuevamente entre nosotros el tema de si necesitamos o no adoptar el sistema de elección presidencial con el criterio de segunda vuelta, sin embargo no hay posiciones firmes al respecto por parte de ningún actor político relevante, lo cual a nuestro modo de ver, revela que por los momentos no resulta de especial interés para nuestra sociedad.

En otros países como la cercana Colombia, se utiliza el criterio de mitad más uno y segunda vuelta. Para ellos es importante que la persona que asuma la primera magistratura del país se inicie en el gobierno con una base de apoyo que involucre una proporción importante de la población, con lo cual se obtiene un cierto refuerzo a la legitimidad de origen. También se utiliza este tipo de votación con pequeñas variaciones en otros países como Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Perú, Rep. Dominicana y Uruguay, entre otros.

La elección presidencial es un caso de elección de único cargo (Presidente) y única circunscripción (el país). También laelección de gobernadores en los estados del país corresponde a este mismo caso, único cargo (Gobernador) y única circunscripción (el estado de que se trate: Aragua, Cojedes, Bolívar, etc.).

Ahora vamos a otro caso. ¿Qué se hace cuando hay que elegir varios cargos en una misma circunscripción? ¿Qué criterios se utilizan para la distribución de estos varios cargos entre las fuerzas políticas que participan en las elecciones?

Esta situación corresponde a la elección de representantes a los llamados cuerpos deliberantes como la Asamblea Nacional, los Consejos Legislativos, los Consejos Municipales y las Juntas Parroquiales. Las circunscripciones en estos casos, vienen dadas por la unidad administrativa territorial que se toma como unidad para la representación y que en Venezuela fueron durante muchos años, los estados para elegir diputados a la Asamblea Nacional y a los Consejos Legislativos estadales, los municipios para elegir concejales de las cámaras municipales y las parroquias para elegir Juntas Parroquiales.

La cantidad de cargos a elegir está definida por la Constitución y la legislación electoral y toma en cuenta diferentes características de la circunscripción como la cantidad de población y su distribución. Por lo general se establece una base de población y a partir de ella se define la cantidad de cargos con un rango mínimo y un máximo de cargos para cada tipo de circunscripción.

Así por ejemplo, para el caso de la elección de los Diputados a la Asamblea Nacional por cada estado, se contempla una escala como la siguiente:

  • Hasta 700.000 habitantes: 7 diputados
  • De 700.001 a 1.000.000 habitantes: 9 diputados
  • De 1.000.001 a 1.300.000 habitantes: 11 diputados
  • De 1.300.001 a 1.600.000 habitantes: 13 diputados
  • De 1.600.001 y más habitantes: 15 diputados

De esta manera ningún estado tendrá menos de 7 ni más de 15 diputados.

Para el caso de los Concejos Municipales por ejemplo, se puede tener una escala como la siguiente:

  • Hasta 15.000 habitantes: 5 concejales
  • De 15.001 a 100.000 habitantes: 7 concejales
  • De 100.001 a 300.000 habitantes: 9 concejales
  • De 300.001 a 600.000 habitantes: 11 concejales
  • De 600.001 y más habitantes: 13 concejales

De esta manera ninguna cámara municipal tendrá menos de 5 ni más de 13 concejales.

Así, para cada tipo de circunscripción se necesita tener definido el número de cargos que le corresponden, los cuales deberán ser distribuidos entre los actores políticos que participen en la contienda electoral. Se requiere además tener normas para la postulación de candidaturas y normas para realizar el escrutinio de votos y determinar cómo se identifica a los ganadores.

Existen diversos mecanismos o sistemas para la adjudicación de cargos en estas circunscripciones. Se pueden adjudicar todos los cargos en base a un solo criterio de distribución, o se pueden emplear varios criterios estructurando un método mixto, con lo cual, este tema resulta muy complejo a los ojos de las grandes mayorías y se queda su discusión y conocimiento a nivel de los especialistas y los directamente interesados, es decir, los candidatos. Pero este es un tema de gran importancia porque influye directamente en la distribución del poder público que es en definitiva, uno de los objetivos principales de las elecciones. Definir quién se queda con los cargos, es definir quién tendrá la autoridad para ejercer el poder de tomar las decisiones que afectarán a toda la comunidad. Los ciudadanos deben activar su interés por este tema para opinar con conocimiento de causa y no dejárselo solamente a los especialistas.

Para facilitar la comprensión del tema, vamos a concentrarnos en el espacio que nos queda en la ilustración de uno de los mecanismos más utilizados, como lo es el llamado método D’Hondt. En posteriores entregas continuaremos comentando sobre otras posibilidades.

El método D’Hondt es un sencillo sistema para la distribución de cargos múltiples en una circunscripción, bajo el criterio de la representación proporcional. Este criterio supone que se quiere lograr la equivalencia entre la cantidad de votos que obtiene una fuerza o partido político y la cantidad de puestos que le son asignados. Esto es, que coincida tanto como sea posible, el porcentaje de votos y el porcentaje de puestos. La proporcionalidad perfecta indicaría que cada partido o fuerza política participante en una elección, recibiría un porcentaje de cargos igual al porcentaje de votos obtenidos.

Este ideal es muy difícil de alcanzar porque el número de cargos a distribuir es siempre limitado, y le tocan por lógica a los que han sacado el mayor número de votos, de manera que generalmente quedan varias fuerzas o partidos políticos sin cargos, y en consecuencia, muchos votos sin representación, con lo cual no se cumple la condición de que la distribución de las fuerzas políticas se refleje en la distribución de los escaños en el cuerpo colegiado.

Veamos un ejemplo sencillo de esta situación. Imaginemos una circunscripción de 5 cargos donde hubo 1000 votos y participaron 4 partidos o fuerzas políticas con la siguiente votación y consiguiente distribución de cargos en función del porcentaje de votos:

PARTIDO VOTOS % CARGOS % Resultante
A 450 45 2 40
B 300 30 2 40
C 130 13 1 20
D 120 12 0 0
TOTAL 1000 100 5 10

Como se puede apreciar, el resultado final, el porcentaje de cargos resultante de aplicar el porcentaje de votos para distribuir los cargos, nos muestra que el partido C está sobre representado porque termina con el 20% de los cargos cuando solo tiene el 13% de los votos mientras que el partido D está sub representado porque termina con 0 cargos cuando tiene el 12% de los votos.

Por las características básicas de la situación derivada de que el número de puestos siempre es limitado y además los puestos no se pueden fraccionar (no se puede entregar medio cargo) es casi imposible garantizar que se alcance el estado ideal de proporcionalidad perfecta entre porcentaje de votos obtenidos y porcentaje de cargos recibidos.

Sin embargo, este asunto ha constituido un reto para matemáticos, estadísticos y políticos desde hace más de doscientos años y se han generado, como se mencionó anteriormente, diversas propuestas que se aplican con múltiples variaciones, atendiendo a particularidades de valores y cultura política, en los diferentes países que utilizan las elecciones como mecanismo para la distribución real o aparente del poder político (nótese que no decimos democracias porque está demostrado que existen casos de sistemas políticos que realizan elecciones y no pueden ser catalogados de democracias propiamente tales).

El método D’Hondt o método de los cocientes, es uno de los más populares métodos de distribución proporcional de cargos.

Consiste simplemente en dividir la cantidad de votos que haya obtenido cada partido o fuerza política en las elecciones entre los números que constituyen la cantidad de cargos a repartir. Si vamos a distribuir 7 cargos de diputados o concejales por ejemplo, habría que dividir los votos de cada partido entre 1, 2, 3, 4, 5, 6 y 7 y anotar los resultados o cocientes en una tabla.

Los cargos se van adjudicando a los mayores cocientes como se muestra en el siguiente cuadro donde vemos los resultados para una elección donde participaron 5 partidos cuya votación aparece bajo la columna del divisor 1:03

Los números entre paréntesis indican los puestos adjudicados. Así, el partido A obtuvo 3 cargos (el 1 el 3 y el 6); el partido B también obtuvo 3 cargos (el 2, el 5 y el 7) y el partido C obtuvo 1 cargo (el 4).

Si analizamos como quedó la proporcionalidad tenemos los siguientes datos:

PARTIDO VOTOS(miles) % CARGOS % Resultante
A 340 39,8 3 42,8
B 280 32,7 3 42,8
C 160 18,7 1 14,3
D 60 7,0 0 0
E 15 1,7 0 0
TOTAL 855 100 7 100

Como se puede apreciar, los partidos con mayor votación resultan sobre representados y los más pequeños quedan sin representación, situación muy semejante a la que vimos anteriormente.

Para resolver estas desigualdades se utilizan varios tipos de factores correctivos que mencionaremos en una siguiente entrega junto con las implicaciones del uso de este sistema para la conformación de postulaciones.

Por ahora, nuestro objetivo es simplemente mostrar la sencillez de los principios para la distribución proporcional de los cargos, de manera que están al alcance de la comprensión de cualquier ciudadano interesado.

Mercedes Martelo

mercedesm2005@gmail.com

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