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Lección Inaugural del año escolar 2014-2015 por el Rector P. Francisco J. Virtuoso sj.

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De la UCAB al país que queremos

Hoy quiero dedicar este tiempo a proponerles un rumbo y un camino para estos próximos años. Son reflexiones que he madurado a lo largo de la experiencia que me han brindado estos últimos años. Es el resultado de muchas discusiones con los diferentes equipos que animan y conducen la universidad, y del análisis de lo que ocurre en el país y en nuestra región latinoamericana; está imbuido también de lo que nos pide la Iglesia a la cual servimos desde nuestra identidad ignaciana.

El país en el que vivimos está sufriendo mucho. Todos los venezolanos estamos sufriendo los efectos de una violencia que crece como una pandemia y se extiende desde las relaciones sociales más básicas hasta las más complejas como la vida política. Sufrimos los efectos de una dinámica perversa de empobrecimiento que arruina cualquier aspiración de bienestar y estabilidad personal, familiar y comunitaria. Nuestras ciudades se arruinan, las instituciones se deterioran, la convivencia cotidiana se transforma en desconfianza y miedo, la diatriba política nos cansa porque nos parece que no nos conduce a ninguna parte y nos sumerge en un marasmo sin salida.

LA INCERTIDUMBRE Y EL ÉXODO

Todo ello se traduce en incertidumbre, pesimismo y desesperanza. Un signo de este sentimiento es lo que está ocurriendo con la emigración de nuestros jóvenes. La UCAB realizó una ENCUESTA NACIONAL DE JUVENTUD entre los meses de julio-septiembre de 2013. En el estudio se evidencia que 27% está predispuesto a emigrar del país. Esta expectativa está presente en todos los sectores sociales, sin embargo es mayor en la medida en que se avanza en los estratos socioeconómicos.

Según este estudio, la gran mayoría con deseo de emigrar se ubica entre 20 y 29 años y la razón principal es mejorar socioeconómicamente. Es decir, los jóvenes quieren emigrar fundamentalmente para encontrar las oportunidades de trabajo e ingreso que no encuentran en su país.

Vivimos un drama. Exportamos recursos humanos, jóvenes capacitados en el país que pondrán su talento al servicio de otros países que no invirtieron en ellos. Nuestra migración es atípica con respecto a otras naciones de América Latina. Expulsamos a gente con alto potencial para el desarrollo del país. Seguro que quienes, con sus gríngolas ideológicas, leen estos datos, argumentarán que no hay por qué preocuparse, pues quienes se van son los burgueses que no encuentran lugar en la revolución. A estos les digo: sólo las más crueles dictaduras expulsan hacia el exterior a su gente más formada, perdiendo talento e inversión interna.  Y son los pobres quienes más lo lamentan, pues les están quitando sus potenciales aliados para salir de la pobreza.

Pero preguntémonos qué hay de fondo en el drama venezolano. Uno puede aproximarse a dar una respuesta desde el punto de visto de la ciencia social. Y sin duda desde esta universidad hemos tratado de ofrecerla y la seguiremos ofreciendo a toda la sociedad. Es decir, desde la perspectiva del análisis riguroso, de la metodología del estudio de nuestra realidad fenoménica que ofrecen la economía, la sociología, la demografía, las ciencia política, etc.

Pero se impone una lectura que trate de ir más allá del dato empírico y de sus conexiones. Qué ocurre en el alma de la sociedad venezolana, en el espíritu del tiempo, en lo que Hegel llamaba el espíritu subjetivo, en la conciencia de sí mismo y de su contexto.

 LA ANOMIA Y LAS PERSPECTIVAS

El problema más de fondo que atraviesa la sociedad venezolana es lo que la sociología clásica denomina como anomia. Aquella situación en la cual los vínculos sociales se debilitan y la sociedad pierde su fuerza para integrar y regular adecuadamente a las personas que hacen vida en ella. Este fenómeno ha avanzado dramáticamente en Venezuela y se deja sentir en muchas formas. Actualmente, en Venezuela,  el concepto “sociedad” no pasa de ser un significante vacío; o un simple recurso retórico.

¿Por qué nos hemos venido desintegrando como sociedad hasta llegar a la situación actual en donde impera la violencia abierta y desnuda entre grupos con intereses propios al margen de cualquier visión de globalidad? No me queda duda al afirmar que la causa fundamental está en que se ha destruido la capacidad de vivir políticamente como polis, como res-pública, como comunidad ordenada al bien común. Sin política, la sociedad humana no puede constituirse. Allí donde no hay política solo impera la violencia; allí donde hay violencia solo triunfa la muerte.

También en la raíz de nuestra anomia social y política se juega una fuerte crisis cultural. Aspiramos a disfrutar de las bondades de una sociedad institucional y funcionalmente moderna, pero no estamos dispuestos asumir los costos que ello supone. Queremos disfrutar de los niveles de consumo y bienestar que admiramos en otros países pero no estamos dispuestos asumir los esfuerzos en trabajo, disciplina y orden que eso supone.  Aspiramos a la estabilidad y seguridad que apreciamos en otros países pero bien poco que hacemos como Estado y sociedad para asumir colectivamente unas reglas de juego que así lo hagan posible.

Veamos todavía más a fondo. Queremos una sociedad institucional, política y económicamente moderna pero no hemos resuelto las condiciones básicas de la sobrevivencia, por las cuales miles y miles de hombres y mujeres tienen como objetivo fundamental sobrevivir, conseguir el pan de cada día, un techo donde dormir, un calmante para el dolor de la enfermedad…

Queremos una sociedad moderna, pero ¿hasta dónde hemos sido capaces de evidenciar que las promesas de bienestar que la modernidad trae consigo son posibles para todos y no para un grupito de privilegiados?

En Venezuela padecemos una crisis de horizontes, de perspectivas, de norte. Construir ese horizonte es la meta para salir de nuestras crisis cíclicas. Y la construcción de horizontes supone tiempo, esfuerzo, debate público, aporte intelectual y especialmente mucho contacto con nuestro pueblo que sufre y espera. Contacto solidario, comprensivo y paciente, que sea capaz de emprender un diálogo real en la casa del pueblo, en contacto directo, sin prejuicios. Un contacto que asuma las diferencias culturales y perspectivas distintas, que trascienda toda barrera que impida comprendernos como un solo pueblo.

La primera de nuestras fortalezas: nuestra espiritualidad, nuestra inspiración cristiana, y el modo propio en que la asumimos desde el legado de Ignacio de Loyola.

Esa espiritualidad se traduce para nosotros en un estilo pedagógico, en un modo de estar en nuestra realidad, en un modo característico de relacionarnos entre nosotros como comunidad universitaria y un compromiso especial con el país y los más necesitados.

Nuestra espiritualidad toma cuerpo en el Proyecto Formativo Institucional que orienta nuestra bitácora institucional, nuestro estilo propio, nuestra visión, misión, y nuestros valores. Ese texto debe ser releído una y muchas veces para nutrir nuestro quehacer cotidiano.

En medio del desconcierto y de la crisis que vive el país, la Universidad tiene un norte claro y objetivos precisos para desarrollar. El Plan Estratégico UCAB 20-20, que ya lleva un año de exitosa de ejecución entre nosotros, nos permite tener claridad en el gobierno de la institución. El plan pretende en esta primera etapa potenciar las capacidades de la Universidad en docencia, investigación y extensión, desarrollando competencias, métodos y sistemas que nos permitan enfrentar los retos de la sociedad del conocimiento y la información en nuestros días,  en un contexto de país altamente conflictivo, inestable y con graves desequilibrios.

El trabajo sostenido de estos años nos ha permitido avanzar en temas claves como la reforma curricular, el cambio en el régimen de estudios, la automatización de los procesos de inscripción, la expansión del campus en Caracas y Guayana, entre otros logros. Esos logros han sido reconocidos por evaluadores externos como QS World Ranking y Latinoamerican Ranking que nos ubican en posiciones muy ventajosas entre las universidades latinoamericanas y venezolanas.

Pero no nos contentamos con ello, con lo bien que nos va aun en medio de las muchas dificultades. Y por eso nos empeñamos en mirar hacia el país y nuestro contexto, esforzándonos en aportar lo mejor de nosotros mismos. Por eso asumimos como emblema “De la UCAB al país que queremos”. Nuestra excelencia se traduce en compromiso social y político con el país.

Ofrecemos nuestra excelencia académica e institucional como lugar de inclusión a todos aquellos estudiantes que quieren esforzarse y trabajar para formarse y capacitarse profesionalmente, aunque carezcan de recursos para sufragar los costos que ello supone. Por ello construimos alianzas con diversas personas o instituciones para ofrecer oportunidades de financiamiento y cooperación económica a los aspirantes a ingresar a nuestra casa de estudios. Así actualmente, hemos logrado que el 15% de nuestra matricula reciba alguna forma de exoneración de pago total o parcial del costo de su matrícula, lo que significa algo así como unos 2.250 estudiantes. Queremos y promovemos un país incluyente y estamos dando ejemplo de ello.

Para lograr ese país que queremos la UCAB está comprometida especialmente con la promoción de una educación de calidad en todos los niveles del sistema escolar, del protagonismo juvenil, en la construcción de un horizonte común para los venezolanos y en el servicio directo a nuestras comunidades vecinas. Permítanme mencionar algunos de los contenidos de estos compromisos.

COMPROMISO CON LA EDUCACIÓN DE CALIDAD 

  • Comprometidos con la defensa de calidad de la educación universitaria y la autonomía de las universidades.
  • Comprometidos con la educación básica y media:
  • A través de la formación de nuevos docentes.
  • Apoyo a la formación de docentes en ejercicio.
  • Apoyo a centros educativos de comunidades populares
  • o Programas de intercambio de mejores prácticas de gestión y de enseñanza-aprendizaje en   centros educativos de bachillerato.
  • Desarrollo de proyectos de investigación, dirigidos a la profundización de diagnósticos y generación de propuestas para el debate entre especialistas y en la opinión pública.

AL SERVICIO DEL PROTAGONISMO JUVENIL

  • Produciendo información relevante y actual sobre la situación de la población juvenil venezolana, que sirva de base para el diseño de acciones orientadas a la promoción y defensa de los derechos sociales y políticos de los jóvenes.
  • Fomentando la participación ciudadana de los jóvenes en la promoción y defensa de los derechos sociales y políticos de la sociedad venezolana.
  • Contribuyendo  con los jóvenes en su empeño por construir un futuro alternativo en Venezuela.
  • Promoviendo la formación de liderazgo, la discusión sobre la situación del país y sus alternativas.
  • Defendiendo sus derechos a la participación política.

COMPROMISO EN LA CONSTRUCCIÓN DE UN HORIZONTE COMÚN PARA LOS VENEZOLANOS 

  • Generando espacios de discusión y debate sobre la problemática del país.
  • Desarrollando proyectos de investigación que nos permitan actualizar información relevante sobre las condiciones de vida de la población, recoger sus exceptivas para impulsar un amplio y contribuir a concertar propuestas al servicio del desarrollo humano integral.

AL SERVICIO DIRECTO A LAS COMUNIDADES

La impronta de esta universidad es el compromiso con sus comunidades vecinas. El Parque Social Manuel Aguirre es un buen ejemplo de ello, el servicio comunitario de los estudiantes, el voluntariado en las Escuelas, el Centro de salud Santa Inés, Clínicas jurídicas, la Unidad de Psicología, Proyección a la comunidad, el programa Vive el Barrio, y otras muchas iniciativas que se desarrollan en la universidad. Ese inmenso esfuerzo lo estamos repotenciando con nuevos proyectos porque sabemos que sólo desde servicio concreto es que podemos construir con los más necesitados.

Finalizo recordando un consejo del evangelio de San Mateo: Busquen primero el Reino de Justicia y todo se les dará por añadidura.

Recuperado de: El Ucabista 

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