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Síndrome de la rana hervida

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Pedro González Caro / 08 de diciembre de 2014

Desde el principio del tiempo en que el hombre comenzó a reinar sobre la tierra, sea ya por deseo divino o por su condición de ser superior de la naturaleza, su existencia ha estado caracterizada por una constante voluntad para sobreponerse a las adversidades. Esta característica natural lo hace ser un creador de cultura y de ideología y en su interacción con el entorno establece sus valores. Son estas herramientas las que le permiten construir las distintas expresiones del pensamiento y el logro de sus objetivos más sublimes.

En 1779 John Paul Jones navegaba en el mar Báltico en la búsqueda de la flota mercante inglesa. A su encuentro decide entrar en combate, en condiciones realmente desventajosas, contra la fragata Serapis comandada por el capitán Richard Pearson, lo cual trajo como consecuencia que su nave quedara seriamente averiada. Fortalecido por esta situación, el capitán Pearson conminó a Jones a que se rindiera, a lo cual este respondió: ”Sir, todavía no he comenzado a luchar”. Horas más tarde  su buque  se hundió pero antes tomó al Serapis, un gran botín y más de 800 prisioneros incluyendo al capitán Pearson.

No es la heroicidad demostrada por John Paul Jones lo que me interesa destacar  de este hecho históricamente comprobable, sino la tenacidad de lucha que un hombre, con objetivos claramente definidos e ideales fundamentados en sólidos valores de formación humana, puede alcanzar.

“Todavía no he comenzado”, en esta frase destaca el deseo, o mejor dicho, la voluntad de lograr algo. La palabra voluntad en nuestro idioma tiene una acepción ética que la vincula con una disposición moral para querer algo, una psicológica y una tercera metafísica que le atribuye un carácter substancial y por tanto se convierte en sustrato de todos los fenómenos. Ha sido muy común confundir la voluntad con una especie de sentimiento al que se califica de positivo en contraposición con los negativos, por el contrario podría decirse que la voluntad es el producto de un proceso racional del hombre, que como ya es sabido está influenciado por los valores y los fundamentos éticos. Esto significa que la voluntad del ser humano, puede convertirse en una especie de motor y que su potencia estará directamente relacionada con ese deseo racional de lograr un objetivo.

Por otra parte, la invitación formulada por Pearson a rendirse sirvió como espoleta detonante del intelecto de Jones, para que tomara conciencia de su situación.    Conciencia, esta palabra en castellano tiene al menos tres sentidos, uno que implica la percatación de un hecho exterior ya sea un objeto, una cualidad o una situación; un segundo, que la vincula al conocimiento y diferenciación del bien y el mal; y un tercero que la relaciona con el yo; de estos tres sentidos surge una vinculación estrecha de la conciencia con el racionalismo humano, de modo que puede decirse que ella tiene una naturaleza intencional y que se fundamenta en la experiencia del hombre que se identifica con la realidad que lo envuelve, trascendiendo a sí misma y que continuamente evoluciona en una espiral infinita en el tiempo. Me pregunto a veces están los venezolanos conscientes de la realidad o están sumidos en un letargo que no les permite reaccionar debido al “síndrome de la rana hervida”.

Esta situación, de alguna forma, intenta doblegar la voluntad del hombre y es allí donde la lucha por someter la realidad a su voluntad debería comenzar. En la realidad que vive Venezuela en este tiempo pareciera estar ganando esta lucha. Aspectos trascendentes como la pobreza crítica, niveles de desnutrición alarmantes, crisis de valores en general, entre otros indicadores, han sobrepasado la capacidad de asombro de los venezolanos.

Al traerles estas reflexiones sobre la eterna lucha de los hombres por sus ideales, por su cultura o sencillamente por su supervivencia,  pretendo invocar el carácter moral, ético y sustantivo de la voluntad de cada uno de ustedes y crear  una atmósfera de meditación intensa y consciente  sobre estos  aspectos que están quebrantando la capacidad de lucha de nuestra sociedad, el momento exige de nosotros el compromiso de difundir con la mayor vehemencia la energía que nos han legado los valores humanos que son la esencia misma de nuestra sociedad.

Hoy más que nunca nuestro país deposita su fe sobre quienes seremos los responsables de la conducción del timón de esta nave hasta un puerto seguro, lejos de los chubascos del desaliento y la desesperación.

Antes de que el barco se hunda…Comencemos la Lucha

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