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España y Venezuela, el “cerquita lejos” del proyecto democrático

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Johan Rodríguez Perozo – 4 de junio de 2015

En Venezuela, el experimento democrático se inició al calor de la caída de la última dictadura. Entonces, un amplio acuerdo de los sectores políticos, laborales, empresariales, estudiantiles, eclesiásticos y militares, dio lugar al histórico Pacto de Punto Fijo. Casi tres lustros después, en España (algunos analistas sostienen que inspirados en este acuerdo político) se promovió el Pacto de La Moncloa, como base de sustentación del inicio de la era democrática española.

EP JRP 2Las recientes elecciones municipales y regionales realizadas en España, traen a colación una lectura política diversa y nutritiva. No sólo a efectos de la nueva realidad política de la “madre patria” sino además, como fuente de análisis de situaciones similares en Latinoamérica. Sin ánimo de forzar paralelismos históricos, sin embargo, vale la pena realizar un ejercicio de comparación entre sucesos políticos electorales parecidos. Sobre todo, cuando los hechos ocurridos sirven de base de sustentación al desarrollo de la cultura política del mundo hispanoamericano.

Son diversas las consideraciones formuladas en torno a los resultados electorales recientes y sus consecuencias e impacto en la dinámica que marcará la política española. Desde el momento de la instauración del proyecto democrático, luego de la desaparición del régimen franquista, la compleja cultura política de España se decantó por el fortalecimiento en el poder de dos tendencias muy claras. Por comodidad de lenguaje, usaremos los términos derecha e izquierda que tanto gusta utilizar a la élite política de esos lares. Transcurridos cuarenta años desde el inicio de la etapa democrática, el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), coparon de manera definitiva las instancias de poder en ese país. Luego de cuatro décadas, el bipartidismo español comenzó a dar muestra de cansancio.

EP JRP 3Una crisis multifacética y políticamente polifónica, marcó de manera determinante el surgimiento de nuevas variables en el mapa político y de poder de la sociedad española. La agudización de la crisis económica y social, afectó gravemente el estamento político. Tanto así, que los últimos cambios de mano en el manejo de los destinos del país, han sido atribuidos de manera fundamental, a las consecuencias generadas por la forma en que las formaciones políticas dominantes han manejado estos asuntos. Aznar sustituyó a González, Rodríguez Zapatero a Aznar y Rajoy a éste último, apuntalados en las crisis que rodearon sus gestiones. Hoy, cuando los problemas que afectan a la sociedad española se manifiestan de otra manera, el malestar de la gente promueve nuevas realidades políticas, capaces de impactar claramente el cotarro político partidista.

EP JRP 4Se podría decir, a efectos de argumentar la afirmación anterior, que la nueva potencialidad política y electoral de la realidad española, surgió como consecuencia de la caída del afecto popular de las organizaciones tradicionales. Tanto PODEMOS, como CIUDADANOS, las nuevas formaciones partidistas que amenazan el poder español, son hijos legítimos de la crisis de funcionamiento de la institucionalidad del país ibérico, lo cual incluye de manera protagónica a los dos grandes partidos. Más allá del tradicional voto castigo, la sociedad parece exigir una verdadera recomposición de la manera como se conduce el estamento político en todas las instancias. El reclamo de los ciudadanos, implícito en su comportamiento electoral, sin duda alguna así lo determina.

En Venezuela, el experimento democrático se inició al calor de la caída de la última dictadura de quien luego fue huésped privilegiado de Franco, Marcos Pérez Jiménez. Entonces, un amplio acuerdo de los sectores políticos, laborales, empresariales, estudiantiles, eclesiásticos y militares, dio lugar al histórico Pacto de Punto Fijo. Casi tres lustros después, en España (algunos analistas sostienen que inspirados en este acuerdo político) se promovió el Pacto de La Moncloa, como base de sustentación del inicio de la era democrática española. En Venezuela, el experimento democrático se desarrolló de manera exitosa. Sin embargo, ello no fue óbice para que en medio de su desempeño, no se configuraran diversos conflictos. A los efectos de nuestro análisis señalaremos dos de evidente relevancia: la llamada lucha armada y el posterior proceso de pacificación y el surgimiento de nuevas formaciones políticas, como consecuencia de las divisiones de los grandes partidos, producto de los debates y las luchas internas de éstos.

EP JRP 5Desde el inicio mismo del proceso de instauración del proyecto democrático, en la década de los sesenta y la siguiente, el proceso de decantación política e ideológica cobró fuerza en los grandes partidos. La aparición del MIR, el ARS y el MEP como escisiones del partido Acción Democrática, marcaron de manera determinante una nueva configuración en el mapa del poder político de la época. Más adelante, como consecuencia del debate ideológico y táctico dentro del Partido Comunista de Venezuela, surgieron nuevas organizaciones partidistas como fue el caso del Movimiento al Socialismo y la Causa R. Así surgió la segunda generación de partidos políticos en Venezuela, los cuales vendrían a amenazar el poder entonces dominado por el esquema del bipartidismo protagonizado por AD y COPEI.

No obstante y a pesar del esfuerzo político y electoral realizado por el MAS y la Causa R, sobre todo del primero antes mencionado, la caída del esquema bipartidista del manejo del poder en Venezuela, se pudo manifestar claramente fue a finales de la década de los noventa. Paradójicamente, a raíz del impulso descentralizador del poder, ejecutado por Carlos Andrés Pérez en su segundo mandato, es cuando estas formaciones políticas, junto a nóveles liderazgos regionales surgidos en la época, contribuyeron con este hecho histórico de manera definitiva. Por supuesto, a la argumentación debemos agregar, la aparición “fortuita” en el escenario político nacional de Hugo Chávez y sus conmilitones, quienes al irrumpir violentamente por vía de la insurrección y el fallido intento de golpe de estado del año 1992, introdujeron en el contexto de una sociedad agotada políticamente, una nueva variable cuya impronta marcó contundentemente la realidad política actual en Venezuela.

EP JRP 6De tal manera que, a la luz de la realidad política y electoral surgida en España a raíz del reciente proceso electoral, los venezolanos encontraremos aspectos históricos similares de dos situaciones vinculadas en ese contexto. De la misma manera como en Venezuela se configuró en su momento una nueva cultura política y de manejo del poder, seguramente la sociedad política española comenzará a convivir con la nueva realidad y un nuevo comportamiento de la élite política. El sistema político imperante en ese país, distinto al venezolano en la configuración de los estamentos de gobierno, obligará al desarrollo de esa nueva cultura política que rompe con la influencia bipartidista. Quiérase o no, los nuevos actores tienen ahora una palabra determinante que aportar y si el sesgo ideológico llegara a pesar de manera definitiva en las decisiones de la élite, entonces España comenzará a vivir situaciones inéditas, para las cuales la sociedad tendrá que prepararse de manera correspondiente.

En Venezuela, diferencia mediante en cuanto corresponde al manejo del poder por quienes hoy lo detentan, hemos sufrido un cambio cualitativo de profundidad inimaginable, signado por una suerte de retorno a las catacumbas políticas, sociales y económicas. En España, afortunadamente la sociedad aún cuenta con mecanismos institucionales, cuya aplicación al menos garantiza que el cambio cultural en lo político, no logrará engendrar en ese país la infame realidad que hoy se vive en Venezuela. Entre otras razones porque, tal como se avizora en el país ibérico, ni el comunismo atrasado ni el militarismo autoritario, forman parte del nuevo esquema surgido de las urnas electorales y del manejo del poder.

 

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