Espacio plural

La estructura de poder chavista

EP Luis Salamanca Portada

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Luis Salamanca – 18 de junio de 2015

Pese a la caída de los apoyos específicos que vive el chavismo, no se puede subestimar la fuerza que adquirió el mismo en los catorce años de gobierno de Chávez.  Aun ante la crisis histórica que vive el país, el oficialismo posee un gran poder que consiguió, en parte, gracias a la penetración en los sectores populares (mediante una combinación de clientelismo, identificación con Chávez, control y coerción) y, sobre todo, gracias a la estructura de poder construida por el finado y heredada por sus subalternos.  Esa estructura de poder está basada en el Estado pero va más allá del mismo.  Consiste en la orquestación de los poderes públicos y de las instituciones en general a fin de generar una nueva dominación política unilateral, que pasa por blindar el proyecto político y a sus principales operadores.  Esto lleva a un funcionamiento poco o nada institucional, pues, la razón de Estado revolucionaria prevalece por encima por la razón institucional.

EP Luis Salamanca 2La imposición de decisiones desde el más alto nivel sin base jurídica y la instrumentalización de las instituciones como armas políticas para atacar al adversario y proteger al partidario, son sus principales expresiones.

La principal obra de Hugo Chávez fue la estructura de poder que creó.  El verdadero legado del jerarca consistió en lo que hizo con el Estado: convertirlo en una maquinaria de poder al servicio de su proyecto y de la cual era el eje alrededor del cual giraba todo.  Esa estructura esta hoy en manos de sus sucesores.

El finado mandatario tomó las instituciones demoliberales, las mantuvo y les dio otros usos agregándole otras propias del modelo del pensamiento de Bolívar y del socialismo real, especialmente, del cubano, creando un aparato de Estado que es hoy el doble del que consiguió en 1999 y prometió reducir.  La institucionalidad democrática fue reciclada con materiales del socialismo burocrático-autoritario, generando un producto distinto, más parecido al “Estado dual” de Fraenkel que al Estado de derecho constitucional; más un Estado-poder que un Estado de derecho.

En diciembre de 2012, este enorme poder pasó a manos de Nicolás Maduro, designado a dedo por el líder máximo como su sustituto.  La forma de la designación revela en profundidad el sesgo cesarista del régimen y la “presidencia monárquica” creada por Chávez.  Junto a él, en segundo plano, dejó a Diosdado Cabello.  Los ungidos manejan el poder de una forma “colegiada”, manteniendo soterradas sus diferencias pero sin poder ocultar la sorda pugna por las posiciones y por la orientación del gobierno entre ellos.

EP Luis Salamanca 3La estructura de poder comienza en el Presidente de la República, quien la dirige.  Es importante enfatizar que en el diseño de la estructura, el Presidente de la República es el jefe máximo, el líder único, el verdadero hegemón, el centralizador y concentrador del poder.  Todo el poder estaba en sus manos y él decidía a quien le otorgaba algo del mismo.   Chávez lo fue y era intocable pero el poder que concentró en su mano hoy luce en proceso de dispersión, de desconcentración, pues cada grupo o tendencia reclama su propia cuota de poder y Nicolás Maduro no posee la auctoritas ni la potestas de Chávez para mantener bajo su puño las fuerzas centrifugas del chavismo.  En tiempos de Chávez ya existían grupos y grupitos internos nacidos en el poder, pero el mandamás los mantenía a raya fortaleciendo más a unos que a otros, generando sus propios adláteres y operadores.  En la etapa de Maduro el deshielo de la mole de poder de Chávez ha generado un archipiélago de tendencias, grupos nacionales, regionales y locales.  Hoy el chavismo no es la hegemonía de una persona sobre el resto de los oficialistas sino un archipiélago de personas y grupos con distinto grado de poder.

La estructura se extiende por los ministerios (a los cuales se le denomina sin fundamento constitucional “Ministerios del Poder Popular” siguiendo el lenguaje cubano), cuyos funcionarios suelen ser, en una cantidad importante, activistas de partido o masa de movilización en las marchas oficialistas[1]; sigue por los demás poderes públicos; los entes centralizados y descentralizados; las gobernaciones y las alcaldías bajo su control, al lado de las cuales han instalado autoridades paralelas con la intención de competir con las autoridades opositoras electas a las cuales han despojado de muchas de sus atribuciones constitucionales exclusivas y de buena parte de sus recursos financieros.

EP Luis Salamanca 4La estructura se legitima en elecciones pero tiene en los militares su núcleo de sustentación y ello quedó claramente establecido en una de las frases favoritas de Chávez: “la revolución es pacífica pero está armada”.  Lo que significa que se cuenta con la Fuerza Armada para sostener el proyecto político frente a cualquier eventualidad, tal como lo han voceado varios jefes militares.  El control político sobre la FAN es, tal vez, el más grande en la historia contemporánea del país.  De hecho, las altas autoridades castrenses vienen calificándose desde 2012 como “revolucionarias”, “antiimperialistas”, “socialistas” y “chavistas”, pese a la prohibición constitucional de beligerancia política.  Ningún poder público se ha manifestado al respecto.  En la crisis que vivimos desde 2014 ha habido mucha expectativa tanto de los opositores como del mismo gobierno respecto a la conducta castrense[2].  En situaciones de crisis aguda los militares se han convertido en actores políticos fundamentales, pues, los polos de la confrontación sienten que, al final del día, el papel de éstos, incidirá de manera decisiva en la dinámica política.  De allí, que muchos “toquen a sus puertas”, o miren hacia las barracas, aunque de una manera distinta cada uno.  En eso, el gobierno lleva mucha ventaja.  Según el discurso oficial, la base armada de la revolución está compuesta por la Fuerza Armada Nacional (depurada, controlada y rearmada desde 2002), la milicia (calculada en 80.000 miembros y sin fundamento constitucional), la policía nacional bolivariana y los mundialmente famosos “colectivos”, grupos civiles diversos, algunos armados, que cumplen una función parapolicial y/o paramilitar, a los cuales se les imputan varios de los fallecidos en las protestas de 2014.

La estructura de poder ha logrado una formidable red comunicacional de televisoras, emisoras y periódicos para transmitir los mensajes y la propaganda oficial cuyo crecimiento ha significado la desaparición de importantes actores mediáticos de la democracia liberal venezolana, tales como, una de las televisoras más antiguas y la más vista en el país, Radio Caracas Televisión.  Hoy dominan los medios de formación de la opinión pública y han logrado invisibilizar a la oposición.

EP Luis Salamanca 5La estructura de poder ocupa el Estado pero va más allá de éste, pues, incluye factores no estatales.  Así, debe mencionarse el papel en ella de otros países, tales como Cuba, con una presencia muy grande en el país, cuyo líder Fidel Castro, ha tenido gran influencia en la evolución de Hugo Chávez hacia el socialismo burocrático-autoritario, logrando enquistar a muchos funcionarios cubanos (algunas cifras hablan de 60.000) en el manejo de áreas vitales de las instituciones nacionales. Según un prominente dirigente chavista, “son cubanos los que asesoran a la Fuerza Armada venezolana”[3].  En La Habana hemos visto a personeros del gobierno haciendo reuniones de trabajo con Fidel y Raúl Castro y tomando decisiones muchas de las cuales debieron haberse tomado en el territorio venezolano por mandato constitucional.  Sin embargo, el cambio en las relaciones entre USA y Cuba permite plantearse una hipótesis de menor involucramiento de los cubanos en la situación política del país.

La estructura se extiende a los ciudadanos.  Captados electoralmente por el mensaje de Chávez han sido encapsulados en las Misiones (políticas sociales); en los Consejos Comunales, organizaciones sociales con funciones de entes públicos (directamente controlados por el Poder Ejecutivo); en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV); estos son complementados por los grupos parapoliciales (particulares armados); las milicias (ciudadanos armados e incorporados a la Fuerza Armada), los “patriotas cooperantes” y otras organizaciones movilizadoras del voto como el Frente Internacional Miranda, creando una red clientelar electoral.  Nótese que el papel del PSUV dentro de la estructura de poder es el de una organización más, la más importante, sin duda, cuyo papel es el de principal encapsulador clientelar y movilizador en campaña electoral o para las grandes marchas oficialistas.  Hasta ahora fue  más un instrumento del Presidente fallecido y para nada la vanguardia de la revolución.  Fue un partido séquito más que un partido enraizado en el pueblo.  No hay que olvidar que los chavistas prácticamente no ejercieron de opositores antes de 1998.  Siempre fueron gobierno; nacieron en el poder y no conocen el arte de ser opositores.  Tras la desaparición del líder, el partido debió pasar a otra etapa pero no ha sido así, ni le será fácil, pues, ha estado sometido al personalismo vanguardista de Chávez y no sabe funcionar de otra manera.  Al no estar su creador, debería ser el ente colectivo en el cual se deciden temas fundamentales de la gestión de gobierno, pero no vemos aún ese desarrollo.  El Presidente de la República, pese a no tener el poder de Chávez, sigue siendo el eje del proceso político.  El real poder del PSUV es su confusión con el Estado cuya maquinaria es, virtualmente, la del partido.

EP Luis Salamanca 6La estructura de poder contó con multimillonarios recursos producto de la enorme riqueza ingresada al país y calculada en más de un billón (millón de millones) de dólares entre 1999 y 2013.  Sin embargo, desde 2014, la escasez de divisas ha puesto en aprietos al gobierno generando incertidumbre acerca de cómo se las ingeniará para financiar esta gigantesca maquinaria estado-partidista y sus adláteres internacionales y conjurar la crisis económica que se abate sobre los consumidores.  El chavismo se enfrenta al pronóstico hecho hace varios años: cuando los recursos se agoten los apoyos se debilitarán y mermará la legitimidad electoral.  Se pondrá a prueba el apotegma de Chávez: “con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”.

La clave de la vida política nacional, tras la muerte de Chávez, ha sido y será el comportamiento de esta estructura política y sus posibilidades de cohesión y/o de fragmentación; de erosión o de fortalecimiento.  Para los tiempos venideros, estará a prueba frente a la cantidad de situaciones que se pueden presentar tanto por la inviabilidad del modelo económico chavista como por los desafíos que pueda plantear la oposición política.

La estructura de poder continúa funcionando en los mismos términos que en vida del extinto mandatario (con una mayor dosis de autoritarismo, “me llamarán dictador” dijo Maduro consciente del terreno que pisa desde que asumió el mando) pero ahora sin plata y los legatarios enfrentan una mega-crisis iniciada en 2013 que viene mostrando su alcance erosivo en 2014 y 2015, cuando la sociedad protesta y busca cambio político.   A los ya crónicos problemas arrastrados por la gestión de Chávez se sumaron los efectos de  la terrible crisis económica en la gestión de Maduro cuya manifestación más cruda son las grandes colas diarias hechas por los ciudadanos para conseguir los alimentos, en muchos, casos, en medio de trifulcas y tumultos.  La otrora sociedad de la abundancia venezolana ha dado paso a una sociedad de escasez[4] que ya entró en la fase del consumo regimentado, es decir, del temido racionamiento.

EP Luis Salamanca 7Las protestas de 2014 pusieron en evidencia ciertas fisuras en la estructura de poder a las cuales hay que hacerles seguimiento.  Pero la más clara demostración de cómo se encuentra la misma es la deserción de Jorge Giordani, quien manejó la economía por más de una década.  Para el tema que nos ocupa el testimonio de Giordani alude a una falta de cohesión de la estructura de poder, a una situación que califica como de “vacío de poder”, sin decir en qué consiste, pero dejando claro que el poder no está todo en manos de Maduro.  A esto hay que agregar la virtual desaparición de Rafael Ramírez, zar de las finanzas públicas, sustituido por hombres del grupo de Maduro.

La lucha por el poder al interior del chavo-madurismo está poniendo a prueba la estructura de poder.  El autoritarismo interno al PSUV ha llevado a grupos disidentes a montar tienda aparte como MAREA SOCIALISTA, mientras que otros dirigentes nacionales tratan de crear su propia organización.  Pero el verdadero desafío está en las elecciones del venidero 6 de diciembre de 2015.

[1] Cada vez que hay una marcha oficialista en Caracas o en cualquier  estado interiorano, hay una convocatoria, a veces por escrito, de los empleados públicos tanto de los chavistas como de los que no lo son, de parte de los jefes de las dependencias. Esas marchas suelen ser dirigidas por altos funcionarios como Ministros, viceministros y suelen ser recibidos por el Presidente de la República en los predios del Palacio de gobierno, no se generan disturbios, transitan por las zonas populares y por las avenidas del Distrito Capital, vedadas a los opositores, no son reprimidas por la policía o los grupos parapoliciales, ni hay heridos ni muertos.

[2] Ha habido varios incidentes con militares. El último fue el presunto ataque aéreo con un avión Tucano por el cual detuvieron a unos militares. Antes Nicolás Maduro denunció en la reunión con los cancilleres de UNASUR, de que había detenido a tres generales de la Fuerza Aérea involucrados en un presunto golpe de Estado, del cual, no hay prueba ninguna, salvo la fábula del “golpe continuado”, otro intento oficialista por reconceptualizar categorías analíticas de mucho abolengo en las ciencias políticas y criminalizar penalmente a los opositores y a los protestantes. Por lo general, un golpe de estado es una acción rápida, sorpresiva, preparada en secreto y armada, llevada a cabo por militares (sin excluir la presencia de civiles) con el fin de deponer a un gobernante mediante un asalto a la sede del gobierno, el apresamiento de aquel,  su desconocimiento por un subalterno o por medios incruentos como el desconocimiento de un resultado electoral, un fraude, a partir del cual, se usurpa el poder.   Véanse Jean Dumont, ed. Les Coups D’Etat, París, Hachette, 1963; Curzio Malaparte, Técnicas del golpe de Estado, Barcelona, Planeta, 2009; para una discusión de diferentes enfoques al respecto, Eduardo González Callejas, Los golpes de Estado, Madrid, 2003, Arco Libros.

[3] Pedro Carreño, “Si la FANB tiene que usar las armas lo hará con mucha determinación”, entrevista a Sebastiana Barrada, Quinto Día, 28 de marzo al 4 de abril de 2014, p.19.

[4] El Banco Central de Venezuela, autoridad monetaria, dejó de publicar las cifras de inflación y de escasez de productos.

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