Columnistas

Miedo a la democracia

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Juan Manuel Trak – 13 de mayo de 2016

Venezuela transpira desesperanza. Las caras, los gestos, el ánimo de la gente es de angustia y desesperación, la cotidianidad se hace cada vez más pesada y difícil de sobrellevar. Esta percepción se refleja en todas las encuestas de opinión pública hechas en los últimos meses. Por ejemplo, en el estudio “Percepciones Ciudadanas sobre el sistema electoral venezolano y situación país[1], hecha por el Centro de Estudios Políticos de la UCAB, se evidenció que 86% de los venezolanos considera la situación del país es negativa, y 61% cree que va a estar igual o peor en los próximos doce meses.

VzlaCambioQué decir de los problemas más importantes: escasez, inflación e inseguridad agobian el día a día del venezolano. Ante este escenario la gente quiere cambio, en principio de gobierno pero en el fondo de sistema. Así lo demostró la ciudadanía con los resultados de las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015.

A pesar de sus defectos y pecados de origen, la Constitución nacional contempla mecanismos democráticos para precipitar el cambio. Referéndum, enmienda y constituyente son medios a través de los cuales es posible que la ciudadanía impulse las transformaciones que desea en tres niveles muy diferentes. El referéndum solo procura un cambio de autoridades. La enmienda una modificación del régimen político. La constituyente una transformación del sistema en su totalidad. En cualquier caso, los tres mecanismos permitirían al venezolano buscar vías pacíficas para solventar la crisis actual.

No obstante, la constitución es letra muerta. El Tribunal Supremo de Justicia, el Poder Ejecutivo y el Consejo Nacional Electoral se han encargado de privatizar los derechos civiles y políticos de los ciudadanos. La nueva Asamblea Nacional ha sido maniatada por un TSJ absolutamente subordinado a la Presidencia de la República, mientras que las rectoras Consejo Nacional Electoral inventan cada vez nuevos requisitos para impedir la participación ciudadana y amedrentar a la población.

Recoleccion-huellas-firmasAsí lo demuestra la cantidad de obstáculos, requisitos, demoras e inventos para recoger un 1% de firmas que permitía activar la recolección del 20% necesario para convocar el Referéndum Revocatorio de Maduro. Pero peor aun es ver cómo acceden a digitalizar esas firmas a petición del PSUV para que luego sean usadas como mecanismo de discriminación política y acoso laboral. Triste papel para un poder llamado a fortalecer la democracia y fomentar la participación. Pero igual o más grave es el papel del TSJ declarando prácticamente la “inconstitucionalidad” de la Asamblea Nacional: no pueden censurar ministros, las leyes que promulgan no son válidas, las funciones de control al Ejecutivo son suspendidas; eso y cerrar el parlamento es casi lo mismo, pero hay que simular que existe aún el Estado de derecho.

Detrás de esto hay miedo a la democracia, miedo que proviene de 17 años de corrupción, abuso y arbitrariedades. Miedo de rendir cuentas al país sobre los miles de millones de dólares que ingresaron por concepto de petróleo y se esfumaron en las manos de una nueva élite política y económica que vio su oportunidad para echarle mano al botín. Al día de hoy estamos peor que hace 20 años, cuando andábamos mal.

Con la idea de una “revolución” se destruyó más de un siglo de progreso y modernidad, ese cambio radical que prometieron no fue para bien; sino una excusa para perpetuarse en el poder y enriquecerse. Peor aun, llegaron al poder y destruyeron lo que servía: universidades, empresas, la descentralización, algunos avances del sector salud, infraestructura vial, eléctrica y de agua; por no mencionar el daño ecológico en Guayana o la pérdida de facto del territorio Esequibo.

En una verdadera democracia los responsables de esta calamidad estarían presos, he allí el temor. Temor a que la gente se empodere y exija, temor a que haya un control institucional y ciudadano sobre la manera como se utiliza los recursos públicos, temor a perder privilegios y prebendas mal habidos.

Así las cosas, al día de hoy Venezuela es un remedo de país. Poco importante el carácter de su gente, sus tradiciones gastronómicas, la belleza de sus paisajes naturales, la riqueza de su tierra. Todo eso es irrelevante, sin democracia estamos condenados a la pobreza y, según parece, ese es el objetivo de la élite en el poder; porque en democracia estarían presos.

[1] Ficha Técnica: Empresa Encuestadora: Delphos, Cobertura Geográfica: Nacional, Universo en Estudio: Personas de 18 años y más, Método de Medición: Entrevistas directas en el hogar, Período de Levantamiento: Del 05 al 20 de marzo de 2016, Tipo y Clase de Muestreo: Semi-probabilístico superior. Muestreo Estratificado Trietápico, Tamaño de la Muestra: 1.200 entrevistas, Precisión de las Estimaciones: +/- 2,0% para la mayoría de las estimaciones de frecuencias simples, bajo el supuesto de equivalencia con diseños probabilísticos.

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