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Editorial N° 112: Reformar para que ganemos todos

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Reformar para que ganemos todos

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Daniel Fermín Álvarez – 13 de Mayo de 2016

El Consejo Nacional Electoral se dedica a evitar que haya elecciones. La verdad es que esta siempre ha sido una revolución orwelliana, por lo que aquello de que “la guerra es la paz, la libertad es la esclavitud, la ignorancia es la fuerza”, a los venezolanos no nos genera mayor ruido. Después de todo, son ya muchos años llamando abastecimiento al racionamiento.

Al régimen híbrido que gobierna el país le gustaban las elecciones cuando tenía popularidad, que es lo mismo que decir cuando tenía el petróleo a más de cien dólares el barril y operaba bajo la conducción de un líder carismático. Ida la renta, erosionada la popularidad, desaparecido el carisma y la conexión emocional con la gente, ya no les sirven las elecciones, son un estorbo a la única pretensión de mantener el poder y los privilegios.

Vemos cómo el CNE coloca trabas de todo tipo para evitar ir a elecciones. Cada vez guardan menos las formas. Y ha pasado antes, frente a elecciones sindicales que pintaban mal para el oficialismo, elecciones inconvenientes para concejales. Y pasa ahora, no sólo con un potencial referéndum revocatorio, al que aplican el ácido de la operación morrocoy junto a todo tipo de maniobras discrecionales, sino también con las elecciones para elegir a gobernadores y diputados a las Asambleas Legislativas, que deben ser este año.

Un CNE tan sensible y presto a pronunciarse ante cualquier acción que considere una afrenta de la oposición, guardó silencio absoluto cuando el Tribunal Supremo de Justicia desconoció el resultado electoral en Amazonas, burlando la voluntad de todo un estado y dejando a esta importante entidad sin representación en el Poder Legislativo.

Hoy, se muestra contento con la vocería de un sexto rector, ese que presidió el organismo y se cree aún jefe en Plaza Caracas. La orden es clara: nada de elecciones, eso no ya no conviene, eso ya no sirve. ¿Entonces? Hay que cambiar al CNE. Hay que cambiar a los rectores, eso dice la gente, a esos rectores que, de hecho, fueron designados de manera irregular por el TSJ. Pero hay que ir más allá. 61% de los venezolanos, al ser consultados, consideran que hay que acometer una reforma electoral de inmediato. Más de 98% considera que el voto es la herramienta ciudadana por excelencia para mantener la democracia, y eso explica que la gente, al votar, quiera por supuesto elegir. Las dos cosas no siempre son lo mismo.

Estamos ante un sistema electoral perverso, que juega para un lado, administrado por árbitros parcializados. Si las elecciones han de dirimir nuestros conflictos en paz, hay que reformar el sistema para procurar el respeto a la voluntad popular y la integridad del proceso. ¿Qué reformar? Comentaremos más al cierre de este Editorial.


Benigno Alarcón abre la edición dirigiendo su Carta del Director a los Diputados de la Mesa de la Unidad Democrática. “Con este CNE puede haber elecciones, pero jamás una salida electoral”, advierte el profesor Alarcón, tras caracterizar la gravedad de la situación que atraviesa la democracia venezolana, a la vez que exhorta a la Asamblea Nacional a comprometerse con una reforma electoral que permita al pueblo venezolano, en su calidad de soberano, una salida democrática, pacífica y constitucional.

En el marco del Proyecto Integridad Electoral Venezuela, presentamos el Reporte Especial N° 29. Recomendamos a todos nuestros lectores este importante documento que aborda con criterio técnico la necesidad de una reforma electoral.

En Opinión y Análisis, Juan Manuel Trak vuelve con su columna Enfoque Político. En “Miedo a la democracia”, Trak retrata la trágica ruina de la institucionalidad democrática venezolana, producto de un régimen profundamente temeroso del empoderamiento de la gente y de perder los privilegios acumulados durante casi dos décadas.

En su columna Debate Ciudadano, Carlos Romero escribe “El rescate de la Asamblea Nacional y el desafío histórico de defenderla”. El autor hace un inventario de los logros de la nueva AN y destaca el papel de la ciudadanía en su custodia como espacio para la democracia.

En Bitácora del Poder, Fernando Arreaza escribe “De la palabra, la convicción y los partidos”, una pertinente reflexión a partir de un intercambio reciente del autor con el político mexicano Jorge Castañeda.

En el Espacio Plural, José Bucete nos trae “¿Qué necesita Venezuela?”, un artículo enmarcado en la urgencia de superar las adversidades, en la búsqueda del país que vale la pena vivir.


Urge reformar la legislación electoral. No hay mañana, no es “al salir de esto”. ¿Para qué reformar? Desde el Centro de Estudios Políticos de la UCAB, hicimos precisamente esta pregunta a los venezolanos. 72% considera que reformar permitiría lograr un cambio político a través de elecciones. Casi 68% dice que con una reforma electoral disminuirían las dudas sobre los resultados de los procesos electorales. 67% cree que una reforma conduciría a mayor equidad en el proceso electoral.

¿Qué reformar? También preguntamos esto. 91% dice que hay que establecer normas para garantizar acceso equitativo a los medios de comunicación; Más de 89% se inclina hacia regular con firmeza el uso de recursos públicos en campaña; 85% considera urgente reformar para disminuir el ventajismo. La totalización en vivo de los votos, para no esperar resultados hasta la madrugada, regular el cierre de mesas cuando no haya electores en la cola para acabar con la discrecionalidad del CNE, promover la observación internacional, permitir el acceso a los partidos de los cuadernos de votación y normar la paridad de género son otros asuntos que cuentan con el apoyo ampliamente mayoritario de los venezolanos y que estarían sujetos a una reforma electoral.

La situación de hoy es insostenible. Es insostenible la crisis, que tritura a los venezolanos, y también es insostenible la situación de conflicto entre los poderes subordinados al Ejecutivo, por un lado, y la Asamblea Nacional, por el otro. La solución, queremos todos, debe ser pacífica, constitucional, democrática. Es decir, electoral. Pero para que las elecciones sirvan para algo, para que cada voto cuente, es necesario reformar, y reformar ya la legislación electoral. Sólo así tendremos reglas claras para que ganemos todos y solo así contaremos con un Consejo Nacional Electoral que, en lugar de dedicarse a evitar la realización de elecciones, tenga como tarea organizar comicios íntegros, participativos y equitativos, que le permitan al ciudadano tener, siempre, la última palabra.

 

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