Opinión y análisis

Las reformas del futuro

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Fernando Arreaza Vargas – 23 de junio de 2016

Polítika UCAB está impulsando en la agenda pública una #ReformaElectoralVe que permita a los ciudadanos elegir en un ambiente justo, transparente y estable. Así como esa reforma indispensable, hay otras que la realidad está demandando cada vez con más fuerza en muchas partes del mundo. El caso venezolano resalta por el agregado de un gobierno autocrático, pero incluso en los países más democráticos la democracia tradicional empieza a ser insuficiente.

El empoderamiento ciudadano, instituciones más eficientes, eliminar las élites enclaustradas del poder. Estas propuestas giran en torno a las nuevas corrientes políticas que van tomando fuerza en los discursos alrededor del mundo. Cada vez se unen más voces en apoyo a los cambios profundos que, pareciera, necesitan los sistemas democráticos que controlan buena parte del mapa.

Sin embargo, la mayoría de estas invitaciones carecen de pragmatismo. Impulsar la participación ciudadana y el protagonismo individual es más que retórica. Parte del problema que vivimos como sociedad (en Venezuela y en otros lados) es que a la gente se le pide participar, pero muchas veces no se le explica lo que pueden hacer; y en el mejor de los casos se les invita a ser parte de los mismos mecanismos de participación del viejo modelo de poder elitista del pasado.

0f0851d5-8917-4605-8be8-2888c5a1736b_749_499Las nuevas herramientas no significan por sí solas una manera de participación novedosa. El antiguo modelo de poder no se adapta, más bien absorbe o controla las nuevas herramientas. Por ejemplo: el internet surgió años atrás como un nuevo campo para la interacción entre gobierno y ciudadanos. A primera vista parecía que todo sería diferente; cualquier persona con acceso a internet podría directamente comunicarse con gobiernos e instituciones. ¿Qué ocurrió? Que se insertó esta nueva tecnología en el mismo paradigma de poder, cambiamos algunas formas solamente. Los esfuerzos se centraron en que el internet produjera resultados distintos participando en el mismo juego y con las mismas reglas de siempre. Resultado: las peticiones por carta las cambiamos por peticiones online y la eterna espera ahora es detrás de una computadora.

Esta “naturalización” de los nuevos caminos impide que los avances tecnológicos para la participación sean verdaderamente transformadores en la política. Mientras que social y económicamente las reglas si permitieron un cambio de fondo, vemos como la política evoluciona a un ritmo más lento. Es por ello que hoy notamos la tensión en muchos países democráticos.

A futuro (y en el presente) esta realidad es inestable. Pensemos que todo es como un carro: vemos a la sociedad como el motor que mueve al mundo y a nuestras instituciones como las estructuras que encauzan nuestro destino; si el motor sigue evolucionando (cada vez más rápido, más demandante), pero el resto de la estructura se mantiene igual, en algún momento el carro empieza a temblar. El colapso del vehículo se evita cuando evolucionen las demás piezas, el colapso de la democracia cuando evolucione el sistema democrático.

Nuestros sistemas siguen siendo fundamentalmente iguales a los que se imaginaron Montesquieu, Rousseau, Voltaire y otros pensadores hace siglos. Los cambios han sido graduales y lentos, pero la sociedad ha cambiado más rápido en las últimas décadas. En los últimos 30 años la confianza de los ciudadanos en que sus gobiernos son capaces y confiables ha disminuido, lo que desemboca en nuevas generaciones marcadas desde la juventud con años de frustraciones y decepciones de sus padres junto a la capacidad de participar mucho más.

Los nuevos sistemas

Las reformas del futuro tienen que cambiar conceptos tan básicos como las fronteras nacionales. Hoy una frontera tiene menos sentido que hace 50 años; las personas interactúan en tiempo real a miles de kilómetros de distancia. Una misma causa puede ser impulsada por un venezolano, un eslovaco y un pakistaní. Esta realidad permite entonces la oportunidad para que los grupos sociales dejen de ser categorizados por estatus socioeconómico o territorial, y se segmenten según intereses individuales.descarga

El sistema de gobiernos, sindicatos y empresas daría paso a uno con organizaciones más específicas alineadas con los intereses públicos.

Así se abre la oportunidad para que las instituciones y organizaciones actúen de una manera global, interconectada, donde las personas vean sus intereses realmente influyendo al sumarse con el de todos los demás. Ecologistas con ecologistas, arquitectos con arquitectos, desplazados con desplazados. Ciudades inteligentes trabajando “glocalmente”.

En ese escenario la tecnología pasa a ser el verdadero puente transformador. Las aplicaciones, las redes y las innovaciones tecnológicas pueden usarse para acompañar el cambio de mentalidad que permita a la democracia renovarse.

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