Bitácora del Poder

2017

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Fernando Arreaza Vargas –  16 de diciembre de 2016

Meses atrás, antes del Brexit, Trump, el NO colombiano, y otras sorpresas políticas, revisé un artículo que explicaba lo siguiente: el próximo gran reto de la globalización no sería profundizar su dinámica, sería defender los logros y el terreno alcanzado. A pesar de que este proceso de geopolítica abierta y relaciones estrechas fue responsable de la mejor etapa del mundo, en cuanto a erradicación de la pobreza y profundización de la democracia se refiere, hubo una clase media huérfana que vio cómo sus trabajos se iban a otros países o eran reemplazados por la tecnología.

La respuesta a ese sentimiento de desasosiego fue 2016. Movimientos populistas, individuos anti-sistema y organizaciones proteccionistas están creciendo gracias a esa clase huérfana de la globalización y a un grupo de personas que tenían unas expectativas mayores a lo que obtuvieron. La crisis financiera mundial de 2007 desató este descontento y hoy vemos cómo ganan elecciones. 2016 fue solo el plato de entrada en esta mesa política. Por eso y más, 2017 se presenta como un año muy interesante.

Demos un repaso global de lo que el próximo año nos ofrece.

¿Unión Europea?

La salida de Gran Bretaña de la Unión marcó un hito en la región. Cuando se anunció el Referéndum, las posibilidades para que ganara la salida eran bajas. Sin embargo, con una campaña centrada en la inmigración y la economía, los del Brexit lograron la sorpresa. Este golpe fue duro pero manejable para la coalición. Los británicos ya de entrada tenían condiciones especiales, no se sumaron al euro. Si manejan con cuidado la separación, no debería haber mayores problemas. El verdadero problema es el momentum que reciben los partidos euro-escépticos y populistas en la región.

El próximo año se pondrá a prueba el efecto de esta separación en las probables elecciones alemanas, francesas, holandesas e italianas. Si bien la coalición europea puede sobrevivir la salida de Gran Bretaña, es poco probable que aguante la separación de otro miembro esencial sin que provoque una desbandada.

En Alemania, el corazón de la coalición, la experimentada política Ángela Merkel va por su cuarto mandato. Merkel sigue recuperándose de las críticas que le acarreó su manejo de la masiva inmigración a territorio germano. Miles de personas huyendo de la guerra buscando refugio de la guerra en el Medio Oriente y otras partes, le crearon un problema a Merkel que no pudo manejar sin que menguara su popularidad. Los movimientos euro-escépticos buscan aprovechar el tambaleo de la mandataria, de cuya reelección depende mucho la estabilidad en el continente.

En Francia, Marine Le Pen volverá a pelear por la silla ejecutiva. La presidenta del Frente Nacional -partido conservador, nacionalista y de derecha- buscará repetir la fórmula del Brexit y de Trump. Luego de aplaudir la decisión de los británicos, Le Pen declaró en el Parlamento Europeo que ese fue el primer paso para devolverle el poder a la gente, ahora secuestrado por las élites del Parlamento. Aunque sigue siendo la tercera fuerza en Francia, la atmósfera populista puede darle el empuje necesario. En Argentina, Macri partió tercero y terminó ganando la presidencia.

Italia es el último caso de estudio en la prensa. El pasado 4 de diciembre el partido de gobierno perdió abrumadoramente el Referéndum para una reforma constitucional, y el Primer Ministro Matteo Renzi anunció su renuncia. La salida de Renzi precipita las elecciones pautadas para 2018, por lo que deberán hacerse el próximo año. Al igual que el resto de Europa, movimientos euro-escépticos están capitalizando el descontento para ganar espacios.

El efecto Trumpdavidson-trump-clintons-marriage-1200

El presidente electo Donald Trump toma la casa Blanca el próximo 20 de enero. El mundo verá si confirma o despeja las dudas en torno al magnate al mando del país más influyente del globo. Sin embargo, no tuvimos que esperar a su toma oficial para comenzar a vivir alguna de sus polémicas decisiones.

Tras un mes de ganar la contienda, Trump nombró como Chief Strategist a un tipo acusado de ser un white supremacist. Conversó con la presidenta de Taiwán y rompió un acuerdo de silencio con China, que considera a Taiwán un estado en rebeldía. Afirmó que hubiese ganado el voto popular si se descuentan los votos ilegales en el partido Demócrata, sin pruebas. Postuló a Ben Carson para un puesto en su gabinete, uno para el que el propio Carson admitió no estar cualificado. Entre otros.

Sin embargo, no todo es malo. Esta semana publicaron que Trump se reunirá con Obama para conversar sobre algunas políticas. También el magnate se reunió con el ex vicepresidente Al Gore, defensor de la lucha contra el cambio climático. Además, Trump no cumplió su promesa de enjuiciar a Hillary Clinton una vez ganase las elecciones. Por los momentos hay cosas para destacar.

Queda ver la actitud del nuevo presidente una vez tome la oficina.

Venezuela: complejidad dentro de la complejidad

El panorama para Venezuela en 2017 luce difícil. A la grave situación general que se deriva del fracaso del modelo de gobierno, se suma la total incertidumbre en el campo político. Nadie tiene un camino claro.

Por un lado, el partido de Gobierno vive con la certeza que la gran mayoría de la población está sufriendo y quiere un cambio. Este problema latente se puede contener con las Fuerzas Armadas y las instituciones, pero puede que no para siempre. El riesgo de un descontento en las calles puede manifestarte en un año o en una semana. Los costos personales de apoyar al gobierno crecen y mucha gente debe estar planteándose negociar una salida.

Venezuela's President Nicolas Maduro gives a news conference at Miraflores Palace in Caracas October 15, 2014. REUTERS/Jorge Silva (VENEZUELA - Tags: POLITICS HEADSHOT)

Por otro lado, la coalición opositora se encuentra al borde de colapsar. El movimiento en torno al Referéndum Revocatorio cohesionó las fuerzas opositoras al régimen, pero la apuesta de negociar las tácticas institucionales y de calle a cambio de garantías y libertades no les salió bien. En busca de evitar violencia e incertidumbre, buscaron presionar al Gobierno con vigilancia internacional. No obstante, mucha gente tiene la sensación de fiasco. La gravedad del día a día demanda respuestas rápidas y la oposición prometió que ganando la Asamblea Nacional sacarían a Nicolás Maduro en seis meses.

Cabe la posibilidad que la mejor estrategia sea que cada partido luche con sus métodos, quizás abriendo varios frentes contra el Gobierno. La Unidad solo funciona con verdadera unidad interna, pero en la MUD solo hay cohesión cuando están saliendo las cosas bien. Los problemas destapan las grietas entre los partidos y dentro de los partidos.

Veremos 2017.

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