Espacio plural

Una historia para contar desde un roto violín…un mensaje de paz respondido con torturas

Foto: AFP

José Gregorio Delgado Herrera

”Nosotros no queremos más sangre, no queremos más muerte”

(ARTEAGA WUILLY, Violinista venezolano)

Joven, músico y compositor venezolano, nacido en Valencia, llega a las calles de Caracas porque en su casa no le aceptaban sus ensayos y decide irse. Este joven de raíces populares, tocó instrumentos musicales en plazas, en el Metro y en autobuses para conseguir algo para comer.

Se integra al Sistema de Orquestas Juveniles de Venezuela por invitación de una profesora que escucha sus notas. Comparte su aprendizaje y sus viajes en el sistema, hasta que le piden que se exprese a favor del Gobierno, en una manipulación y represión musical, denunciada por Arteaga. Su carrera musical institucional dura dos años.

Muestra su desacuerdo y se convierte de nuevo en “músico de calle”, es una inspiración de las protestas en Venezuela. Algunos lo identifican como un símbolo, pero él prefiere ser reconocido como un mensajero inspirador.

El 8 de mayo de 2017, un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana le rompe su violín, fue una mujer militar. Los uniformados lo arrastran con sus motos y le dejan una lesión en la pierna, también heridas de perdigones. Logra que le devuelvan su violín después de varios minutos de ruego, en medio del dolor por sus heridas. Su gesto de agradecimiento fue un abrazo para el Guardia Nacional que le regresa su instrumento. Él recuerda las cuerdas rotas y algunas fisuras en la base del violín.

Arteaga manifiesta que su música es para los que protestan, y para los guardias que reprimen. Anima a la Resistencia y hace llorar a los represores. El 9 de junio participa en un concierto en memoria de las víctimas del comunismo, toca y canta a Venezuela.

El 19 de junio está en el Show de Jaime Bayly, lo entrevistan como un músico y violinista venezolano que visita EEUU, en particular Washington y Miami, para ser el mensajero de la paz y la libertad. Este mismo día matan en Caracas a Fabián Urbina (17 años) con un arma de la Guardia Nacional. Un balazo en el pecho. Así llegan a 75 muertos según cifras oficiales para ese día 80 de protestas en Venezuela. Hoy, al hacer estas notas, los muertos llegan a 125, según reportes noticiosos.

En este mismo programa de Bayly, se reporta que en la OEA se discute el caso venezolano, y que faltaron tres votos para completar el apoyo a las medidas solicitadas por un número significativo de países. La voz y la música de Wuilly resuenan, como la expresión de un sentir venezolano en medio de las protestas.

De esta última entrevista tomo algunos datos: es invitado por la Fundación Arcadia para el concierto señalado. Con sus 23 años es el resultado de la rebelión contra una religión que no lo deja expresar sus inquietudes musicales, estudia por internet música y se inicia en las Orquestas Juveniles de Venezuela, el Sistema de Orquestas. El violín llega a sus manos de una familia venezolana que lo sacó de las calles y le permitió cuidar a un señor que murió en sus brazos. En el funeral se lo regalan, pero, aprendió a tocar otros instrumentos después. Y hoy su familia esta orgullosa de él

Wuilly Arteaga le escribió una canción a Nicolás Maduro, quiere que la pueda oír y apenas expresa que siente lástima por él. Espera su invitación a Miraflores para cantarle “Mi querido Presidente”, ese es el título que revela y destaca una estrofa donde plantea, entre otros temas, que “el socialismo del siglo XXI es una mutación del comunismo del siglo XX”.

La novia de Wuilly toca el clarinete en las marchas, le acompaña después de cinco años de pareja, y su mensaje es: Libertad. Hoy la noticia es la liberación de este violinista venezolano, ocurrida el martes 15 de agosto. Es amante de la paz e inspiración para los que marchan y dejan su piel y su vida por Venezuela. Sus notas musicales van desde el Himno Nacional hasta “El parajillo”, inspiración para los jóvenes libertadores en la marchas, las notas de Tchaikovsky,  según el violinista, reflejan el momento actual de Venezuela.

El jueves 27 de julio, durante el paro cívico en contra de la constituyente madurista, el violinista fue retenido y privado de su libertad. Le imputan dos delitos: instigación pública y posesión de sustancias incendiarias, aunque lo único que portaba al momento de su detención era su violín, según lo informó el representante del Foro Penal Venezolano. Durante tres semanas las visitas y el acceso le fueron restringidos, se denuncia que los militares de la GNB que lo encarcelaron en el Destacamento 433, tuvieron tratos crueles y tortura en su contra, hasta el punto de que es liberado con una lesión en su oído derecho. Quedó sordo, producto de los golpes recibidos, sin olvidar las quemaduras en su cuerpo, denunciadas por su hermano.

Foto: AFP/ Federico Parra

Esta liberación parcial se produce en respuesta a una medida cautelar solicitada por el Ministerio Público, según anuncia el Fiscal General designado por la constituyente. Esta libertad no es plena, pues se le prohíbe participar en manifestaciones y tiene que presentarse cada ocho días ante el tribunal, y por supuesto, se le prohíbe salir del país.

En esta Venezuela donde se criminaliza la protesta pacífica, se le impone el silencio a este mensajero de la paz, la mayor tortura del violinista de las protestas está en este silencio obligado de sus notas musicales. Está libre pero su alma y su corazón están “encarcelados”, son sus ojos y rostro la sombra del dolor. El miedo y la angustia son evidentes, pero ya no podrá inspirar las marchas.

A lo mejor, éste sería el medio que le permita llevar su canción a Nicolás Maduro y darle un mensaje que nace desde las catacumbas del pueblo, un mensaje a favor de los cambios en la gestión del Gobierno, para solventar el hambre, la inseguridad y la falta de salud que conduce a la muerte de muchos venezolanos.

Hoy jóvenes como Wuilly dejan sus vidas en las calles, mientras el proceso político sigue su curso y la represión deja sus huellas, en torturas como las denunciadas por familiares de las víctimas. En el caso de este violinista de la libertad, la vida sigue su curso. Lamentablemente, su compañero en el Sistema de Orquestas, Armando Cañizales, no tiene la misma oportunidad de estar vivo, los muertos, heridos y encarcelados están por toda Venezuela.

Wuilly continuará viendo las marchas por TV, el Internet o en su teléfono celular. Ya el 16 de agosto pasado, se nota el silencio de las notas musicales, pero, su mensaje sigue latente en el corazón de millones de venezolanos y de admiradores en el mundo. “No puedo estar libre porque mi país NO está libre y porque los presos políticos tampoco están libres. Esta ‘libertad’ asfixia“, escribió el músico en la red social Twitter.

18 de agosto de 2017

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