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Elsa Cardozo: “En lugar de un Estado fallido estamos ante un régimen desalmado”

Foto: Archivo.

Entrevista a Elsa Cardozo

  • “Venezuela se ha convertido en un país exportador de caos. Cada país va haciendo su lista de lo que le preocupa y eso va desde la de un mundo donde el terrorismo se ha convertido en una amenaza tan compleja, hasta temas de narcotráfico, emigración. Lo otro es el tema económico, Venezuela se ha convertido en un socio no confiable, en un país moroso”
  • “Esa persistencia de Luis Almagro y esa consistencia en su compromiso con  la solución de la crisis venezolana ha sido positiva, aunque a él lo haya sacado del juego para ser mediador,porque al final el que es mediador paga el precio de callar muchas cosas. Creo que hacía falta este movimiento, sin él a lo mejor no habrían sido posible otros movimientos. Creo que la Declaración de Lima no habría sido tan contundente si Almagro no hubiera removido el debate del caso venezolano, eso no sólo se agradece sino que va a dejar huella y su estela.

Elvia Gómez

Elsa Cardozo prefiere, de serle posible, mantenerse en el campo de las certezas. Admite que se le hace difícil opinar con responsabilidad en el caso venezolano, porque prefiere no especular. Critica la “caja negra” en la que el Gobierno mantiene todas sus acciones, incluyendo sus relaciones con otros países.

Como internacionalista experta, opina que la reciente participación del presidente Nicolás Maduro en la Cumbre de Ciencias y Tecnología de la Organización de las comunidades islámicas, realizada en Kazajistán, fue un viaje en plan provocador.

“Maduro desafía, como diciendo: Yo sí tengo con quién reunirme, yo puedo encontrar socios. Da a entender que ante las sanciones de Estados Unidos él cuenta con China, Rusia, la India, Malasia y una lista larga, y ahora también incorporaría a este grupo, pero la verdad es que lo está haciendo en un lugar muy marginal, muy poco significativo geopolíticamente. Se hizo su foto con (Recep Tayyip) Erdogan que es un presidente que representa un gran trastorno para Europa y para los acuerdos en el Medio Oriente. Parecería un gesto de desafío a destiempo. Si se tratara de un gobierno que estuviera buscando solución a los problemas de Venezuela, nada va a encontrar allí.

–El presidente y el vicepresidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges y Freddy Guevara, cumplieron la semana pasada una gira por Europa y fueron recibidos por presidentes, jefes de Estado y de parlamentos de los principales gobiernos del mundo moderno. ¿Cuál es su valoración de ese viaje?

–Que haya sido en Europa y en este momento, la hace una gira importantísima. Es la reafirmación de una agenda que sigue teniendo vigencia y que es necesario atender. Lo más relevante es que autoridades de la Asamblea Nacional fueron recibidas por los gobiernos más importantes de la comunidad democrática al otro lado del Atlántico. Eso es un reconocimiento del peso que tiene la AN como institución representativa del mapa político del país. Eso, combinado con el desconocimiento de la inconstitucionalísima asamblea constituyente, es el apuntalamiento de la gran fortaleza que tiene la oposición venezolana y el país democrático. En ese escenario se hace una valoración de la compleja crisis y de la importancia de apoyar los grandes temas de la agenda democratizadora de la región. En los pronunciamientos hubo apoyo irrestricto a la AN, a la agenda internacionalizada, que en Venezuela se necesita un cronograma electoral con todas las seguridades, que se necesita la mención al tema humano, de medicinas y alimentos. Fue importante transmitir que aquí hay un problema de penurias muy severas día a día, que requiere urgente asistencia internacional; además de la liberación de los presos políticos. Todos los mensajes de los mandatarios tuvieron en común, con variantes, la posibilidad de sanciones de la Unión Europea. Creo que han hecho bien los europeos en ir administrando su discurso hasta llegar a un punto en el que pareciera que ya casi hay consenso. Sólo faltaba Francia, que había sido una piedra de tranca. Existe ahora esa posibilidad más cierta de que junto con la insistencia europea, en Venezuela se resuelva la situación a través de un diálogo, pero que sea serio, significativo, que genere compromisos reales. Creo que allí hay un sano refinamiento en el discurso: no se habla de cualquier diálogo, no a ganar o perder tiempo sino a buscar solución a esa agenda y se reconoce que la responsabilidad principal es del Ejecutivo.

–Llamó la atención que en las noticias provenientes de Europa se dijo que Borges privilegió en sus conversaciones en el tema humanitario. Es una realidad que la gente en Venezuela está muriendo de hambre y se trata de poner al mundo en la misma línea: en una operación de salvamento. ¿Ese enfoque facilita que la izquierda europea termine de deslastrarse del chavismo, luego del debate planteado por parlamentarios Laboristas en la Cámara de los Comunes?

–Esas dos cosas son tremendamente importantes. El tema humanitario, la penuria, la salud, el hambre, llaman la atención sobre la responsabilidad que tiene el Gobierno, que es el que ha bloqueado los canales de acceso internacionales de apoyo con medicinas y alimentos. Eso evidencia un aspecto inhumano del régimen. Se habla de Estado fallido y otros indicadores, pero yo prefiero hablar de que estamos ante un régimen desalmado, porque el mismo Gobierno, en su obsesión por negar que la crisis que se vive es muy grave, ha cerrado los canales de ayuda. Eso quedó claro en el documento del Grupo de Lima. Sobre el reclamo de un sector de los laboristas a (Jeremy) Corbyn, ese es un reclamo a toda la izquierda europea. A estas alturas es inocultable que lo que en algún momento se pensó que era un modelo a seguir ahora se convirtió en un antimodelo. Lo que representa el régimen venezolano es la negación de todo lo que afirmaba defender: justicia social, participación en la riqueza, ¿dónde está eso? En Venezuela lo que estamos viendo es un empobrecimiento terrible, maltrato a los sectores menos favorecidos. Con eso nadie se quiere asociar a estas alturas. En España, hasta Podemos ha ido buscando la manera de no fotografiarse muy cerca de este desastre, y eso que estuvieron asesorando.

–Juan Carlos Monedero es uno de esos que ha marcado distancia.

–Esa toma de distancia es porque este es un régimen que ha mostrado su cara más insensible frente a las necesidades de la gente que decía representar, y ya uno no sabe cómo calificarlo.

–Mientras Borges fue a las capitales del primer mundo y fue recibido por Macron, Merkel, Rajoy y May;  Nicolás Maduro fue a Kazajistan y se fotografió con Nazarbáyev y Erdogan. ¿Facilita ese contraste el distanciamiento del chavismo-madurismo de las izquierdas que se dicen progresistas?

–Esa gira muestra lo chiquito que se le ha hecho el mundo a Maduro, porque dejó de ir a un sitio al que había anunciado que iría, como fue la plenaria del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, mientras que fue a Kazajistan a reunirse con quienes se reunió: los presidentes de Turquía, Rumania e Irán. La reunión de esta organización de Cooperación Islámica para una cumbre de ciencia y tecnología fue una reunión absolutamente marginal a los intereses de Venezuela. Maduro deja la idea de ir casi a cualquier sitio, dándole una importancia que no tiene. Esto es revelador de la pobreza de las relaciones que le quedan al Gobierno en el mundo, de la pérdida de margen de maniobra, de credibilidad. Y de algún modo, de la pérdida de respetabilidad internacional de un régimen con el que ya no se quieren retratar las izquierdas. Maduro anunció que va a haber una cumbre en estos días de movimientos sociales. Dónde están los apoyos de antes, dónde están los líderes en defensa de este caos. No puede haberlos. Lo que vemos es un empobrecimiento grandísimo de las relaciones con el mundo y un intento de buscar recursos afuera a como dé lugar, ofreciendo garantías que no se sabe cuáles son, como el de aprobar leyes ilegítimas en su constituyente para usar rupias, yenes, yuanes y rublos en transacciones internacionales; o una Ley de protección y promoción de inversiones extranjeras.

–Pero esas son todas leyes inviables. Insisto: ese contraste con la gira de Borges y Guevara cómo expone a Maduro en el concierto internacional, que ¡por fin! ha volteado sus ojos hacia Venezuela.

–¿Cómo es visto? Cómo puede pretender generar confianza un Gobierno que él mismo ha ido destruyendo las opciones que se le han ido presentando en el camino, nacionales e internacionales. Incluso en los rusos y chinos, qué confianza puede crear un Gobierno que no sólo está tremendamente endeudado, sino negado a hacer los cambios que tendría que hacer. En 2015, cuando la oposición ganó la Asamblea Nacional, esa fue una oportunidad para haber negociado acuerdos, leyes, medidas que le permitieran al Gobierno salir del callejón sin salida en el que estaba entrando, pero esa oportunidad la desperdiciaron.

–Y la oposición también creyó que esa rectificación del Gobierno sería posible.

–Pensó en esa posibilidad porque eso era lo racional, no sólo para la oposición sino para el Gobierno, para el país. Era una forma de resolver lo que se le venía encima y que a la postre se tradujo en esta pérdida de margen de maniobra, adentro y afuera, de pérdida de prestigio, de legitimidad. El movimiento internacional que hemos visto este año no tiene precedentes, como tampoco he encontrado precedentes sobre una situación tan crítica, aparte de las guerras, que son otra historia. Por el deterioro tan acelerado como el que está viviendo Venezuela, es abrumadora la cantidad de manifestaciones de preocupación, ofertas de ayuda, condenas, reclamos, sanciones, medidas…es un aluvión de reacciones internacionales nunca antes visto.

–¿Va eso en directa proporción a que se ve a Venezuela como un peligro?

–Pues sí, se ve a Venezuela con distintos ojos. Yo pondría en primer lugar el tema de los derechos humanos, porque ese fue el que comenzó la gran movilización internacional desde 2014: el tema del Estado represivo que viola derechos humanos y se fueron sumando expedientes. Ese tema movió a las ONG y a la opinión pública internacional que presionó a los parlamentos, hasta que la ola llegó a los poderes ejecutivos.

–También fue necesario que cambiaran presidentes.

–Sí, en muchos casos eso fue necesario. En América Latina fueron bien importantes esos cambios. Y aun así el tema de violación de derechos humanos  en Venezuela se ha hecho tan grave que le es difícil al Gobierno encontrar solidaridades internacionales, aun en países donde los gobiernos no han cambiado. Cuando uno oye a representantes de Bolivia, Ecuador o Nicaragua en la OEA en las últimas reuniones, los argumentos que usaron son la no intervención, y hasta allí llegaron. No fueron hasta el tema de fondo que es un tema complicado. Aquí ha habido graves violaciones de los DDHH y la escalada de este año fue tremenda, sangrienta. Hay otros temas, como la pérdida de Estado o de institucionalidad, la corrupción, la penetración del Estado por el narcotráfico. Esa es otra cosa que mueve a los países, incluida la pérdida de condiciones de vida y la oleada de venezolanos hacia el exterior. La emigración venezolana en algunos casos adquiere la condición de movimiento de refugiados, porque son personas que se van en condiciones tremendamente precarias. Ese es otro de los temas: el de la seguridad, Venezuela se ha convertido en un país exportador de caos. Cada país va haciendo su lista de lo que le preocupa y eso va desde la de un mundo donde el terrorismo se ha convertido en una amenaza tan compleja, hasta temas de narcotráfico, emigración. Lo otro es el tema económico, Venezuela se ha convertido en un socio no confiable, en un país moroso.

–Hasta los rusos se están quejando.

–Así es, están reestructurando deuda con los rusos y los chinos empezaron hace rato a tomar previsiones. De modo que Venezuela no es un país de fiar como socio comercial y hay países que tienen gran preocupación por sus intereses económicos. Todo eso se conjuga, pero yo destaco el tema de los derechos humanos porque fue el gran movilizador, desde debajo, de la opinión pública y las ONG. No hay que quitarle mérito al Sistema Interamericano de DDHH, a la Comisión  y a la Corte, que aunque el Gobierno venezolano se retiró, no ha dejado de atender la situación venezolana; y el Consejo de DDHH de la ONU, el Alto Comisionado que ha recogido la documentación y expedientes que levantan ONG venezolanas, que también han desempeñado un papel muy importante para que no queden silenciadas estas denuncias.

–Se ha dicho mucho sobre la presencia en Venezuela de células de grupos radicales islámicos y ahora Maduro fue a una cumbre islámica. ¿Debería tomarse la amenaza de la musulmanización como un peligro real? ¿Europa lo toma en serio?

–Ese no es un tema en el que me siento competente para opinar, lo que sí puedo comentar es lo que dicen los gobiernos y lo que ha expresado como preocupación Estados Unidos, y no de ahora sino desde antes de Trump, que es la preocupación por el tema del manejo de los pasaportes venezolanos distribuidos a diestra y siniestra a ciudadanos de países del Medio Oriente. Eso produce enorme preocupación. Yo no tengo datos, pero hay antecedentes de esto, como las simpatías expresadas por Hugo Chávez hacia Hezbollah; se comenta sobre donativos, pero yo no tengo datos. Lo que sí es cierto es que hay preocupación en el mundo porque las organizaciones terroristas internacionales han sabido aprovechar las ventajas de las comunicaciones, y, bueno, donde deja de prevalecer la ley, donde no hay instituciones, donde la corrupción se produce con la mayor impunidad y alcanza a todas las instancias del Estado, esos son espacios muy atractivos para estos grupos.

–Visto ese panorama, cómo se pudiera interpretar que Maduro vaya a una cumbre islámica, siendo el presidente de un país mayoritariamente católico. ¿Quiere convertirse en una amenaza creíble?

–Comparemos esto con el viaje de Chávez a Irak, montado en aquel carro con Sadam Hussein. Yo lo veo como un gesto de desafío, bien distinto en el tiempo, en un momento en que el Gobierno venezolano tiene muy poco margen y muy pocos recursos para desafiar a nadie. Maduro siendo canciller fue muchas veces al Medio Oriente, uno podría ponerse a especular, pero no me gusta, no tengo elementos para hacerlo. Ese es un acercamiento provocador, desafiante, como diciendo: “Yo sí tengo con quién reunirme, yo puedo encontrar socios”. Quiere hacer ver que ante las sanciones de Estados Unidos él cuenta con China, Rusia, la India, Malasia y ahora también incorporaría a este grupo. Pero la verdad es que lo está haciendo en un lugar muy marginal, muy poco significativo geopolíticamente. Se hizo su foto con Erdogan, que es un presidente que representa un gran trastorno para Europa y para los acuerdos en el Medio Oriente. Parecería un gesto de desafío a destiempo. Si se tratara de un gobierno que estuviera buscando solución a los problemas de Venezuela, nada va a encontrar allí.

–Entonces, desde la lógica de la política internacional ese viaje de Maduro no tiene ningún sentido.

–El único sentido que tiene es estar en algún sitio fuera, hacerse algunas fotos impactantes con líderes, pero en realidad son líderes que están en situaciones más o menos complejas en este momento y que no son propiamente miembros de la comunidad democrática internacional ni nada parecido. Creo que no lo ayuda para nada esta fotografía.

–Hablemos de Colombia. Llegan informaciones de que están previendo con seriedad el problema migratorio que le crea Venezuela. ¿Cómo influye nuestra crisis estructural en la relación binacional, en el marco del proceso de desarme de las FARC?

–Para Colombia la situación venezolana es un problema. Está el problema material de la gente que va y viene y de los venezolanos que se están yendo a Colombia. Yo no sé cómo está el tema comercial de la deuda con Colombia, supongo que ellos ya la dan por perdida. El tema de la seguridad en la frontera es un lío para Colombia en el trance en la que está, en la construcción de la paz, en la reincorporación como sea de los guerrilleros a la vida civil, el inevitable flujo de exguerrilleros a grupos de criminales. A Colombia le preocupa que se le vaya a complicar de este lado de la frontera su proceso de pacificación. No dudo que ese es uno de los motivos del presidente Juan Manuel Santos para moverse en este otro sentido en el que lo está haciendo, de presionar fuerte sobre Venezuela. La escala de (Mike) Pence en Colombia, ese acercamiento más claro de otros países, junto con México y Panamá, y la posición de los 12 países del grupo de Lima…Colombia es una pieza muy importante en este rompecabezas porque es un país con intereses muy directamente afectados por la crisis venezolana. Cabe esperar un compromiso importante de Colombia para la búsqueda de una solución para Venezuela.

–Llama la atención que algunos voceros de gobiernos de este lado del mundo, como los de EEUU han dado un matiz a sus declaraciones y últimamente parecen haber suavizado sus amenazas y hablan de que esperan del Gobierno de Maduro “un cambio de actitud”. ¿Cabe esperar que la presión internacional se relaje a cambio de retornar al status quo?

–Hay que hacerle seguimiento a ver con qué se conformaría la comunidad regional. Por lo que hay que luchar es para que no se conforme con nada menor a que en Venezuela regrese la democracia, la vigencia plena el estado de derecho. A mi modo de ver es fantasioso pensar en estabilización en los términos en los que el régimen venezolano pudiera ofrecer. Eso sería una estabilización no democrática, no generadora de bienestar y menos libertades. Lo que Venezuela necesita de la comunidad internacional es una actitud de verdadero compromiso con la recuperación del Estado de derecho, de la vida democrática, apoyándose en los actores internos, en la dirigencia política nacional y en la reconstrucción del propio país.

–Quisiera su apreciación sobre personas que, más allá de las instituciones que representan, han tenido una actitud pública de mucho compromiso con la resolución del problema venezolano, como es el caso de Luis Almagro y de Antonio Tajani ¿Qué influencia puede tener ese compromiso personal en hacer que la OEA y la Unión Europea vayan más allá de lo que la diplomacia tradicionalmente permite.

–Creo que son personas que han movido a la opinión pública y a sus instituciones para iniciativas importantes. En el caso de Tajani, su insistencia para que la UE se mueva, vaya más allá, decida sanciones. Creo que ese es un impulso necesario, es la voz de la conciencia constante que recuerda que no cabe la indiferencia frente a una situación tan grave. Y sobre todo porque son personas que tienen sus ojos puestos, no tanto en Venezuela como un problema de seguridad, sino como un problema humano…

–Un problema que no es ideológico y no deja resquicio a los matices por los que algunos evaden fijar posición.

–Eso, no es un tema ideológico, sino que hay un país donde se ha violentado el pacto social constitucional. Esas son voces que pagan, en cierto modo, su franqueza. Eso les impone ciertos límites en el mundo de la diplomacia pero tienen un enorme valor. En el caso de Almagro, él ha asumido un compromiso personal, directo con la situación venezolana. No ha dejado de decir lo que piensa, no ha dejado de producir informes que más allá del modo como él adjetive la situación, aceptable o no por la diplomacia, son informes muy bien documentados. Almagro no ha dejado de tener iniciativas importantes y sus informes forman parte del expediente venezolano. Una iniciativa muy importante de Almagro es la encomienda al exfiscal de la Corte Penal Internacional, Luis Moreno Ocampo, para alimentar ese expediente. Moreno Ocampo fue muy quisquilloso como fiscal, no admitía cualquier causa en la Corte Penal, es alguien que va a pasar por el filtro todos esos testimonios y pruebas. Esa es una manera muy humana de atender la crisis. Esa persistencia de Almagro y esa consistencia en su compromiso con la solución de la crisis venezolana ha sido positiva, aunque a él lo haya sacado del juego para ser mediador, porque el que es mediador paga el precio de callar muchas cosas. Creo que hacía falta este movimiento, sin él a lo mejor no habrían sido posibles otros movimientos. Creo que la Declaración de Lima no habría sido tan contundente si Almagro no hubiera removido el debate del caso venezolano, eso no sólo se agradece sino que va a dejar su huella y su estela.

–La Cancillería de Francia anunció de manera sorpresiva un encuentro en República Dominicana y de nuevo Rodríguez Zapatero aparece como un actor. ¿Qué opina?

–Una primera cosa que gravita en este asunto es la constante petición de la comunidad internacional de que se procure un espacio de negociación, de contacto, para buscar una salida que no sea más violenta. Aunque parezca una película repetida en realidad no lo es. Primero está la constante petición de la comunidad internacional para que se atienda el tema pendiente de manera negociada, ejerciendo cada vez más presión sobre el Gobierno y sobre la oposición. Segundo: está el hecho de que la oposición siempre ha sostenido que la solución debe ser pacífica, constitucional, democrática y electoral, y todo eso pasa por la construcción de acuerdos, no lo podemos negar. Lo que hace distinta la película ahora es, primero: la exigencia internacional y opositora de que antes de avanzar en cualquier conversación hay unas condiciones que cumplir, que hagan que ese aprendizaje de las experiencias anteriores no sea una mera estratagema del Gobierno, sino que hayan unas condiciones que hagan creíble que se puede entablar una negociación. Así interpreto yo estos contactos que se están anunciando, son contactos para decir en qué condiciones es aceptable sentarse.

–Eso fue lo que dijo de alguna manera el comunicado de la MUD en reacción al anuncio de Francia.

–Eso es importante aclararlo, porque no es lo mismo que se diga que empezaron a negociar. Son contactos para medir el terreno, y es que no se pueden sentar a negociar cuando están amenazando con poner preso al presidente de la Asamblea Nacional. Me pareció leer entre líneas en el comunicado de la MUD que debe haber un acompañamiento internacional que no es Rodríguez Zapatero. Rodríguez Zapatero es el canal de comunicación que el Gobierno utiliza, yo ni siquiera lo llamaría buen oficiante, ni facilitador. Él es un canal de comunicación como lo fue el expresidente Leonel Fernández, y ahora parecen serlo el presidente y el canciller de República Dominicana, que es el lugar para hacer un primer contacto, no para negociar. Hay una serie de condiciones iniciales que plantear, no hay negociación posible si no hay garantías y garantes. Se necesitan garantes que estén en condiciones de premiar y castigar los cumplimientos o incumplimientos de parte y parte. Ahí entra la lista de países con la que Venezuela tiene relaciones significativas: Estados Unidos, Colombia, Cuba, que tiene una posición bien peculiar, porque está afuera y está adentro. Rusia tiene un papel interesante. No creo que los chinos quieran desempeñar ningún papel en esto porque su agenda es más bien geoeconómica que política, pero hay una lista interesante de países para comprometer en esto. Y están, además, los países que son propiamente los que actúan en la mesa, que son los que pueden facilitar el acuerdo.

–¿Por qué cree que el anuncio lo hizo Francia?

–Lo anunció el canciller de Francia con unas coletillas interesantes, como que el Gobierno se debe sentar porque hay riesgo de sanciones de Europa si no se inicia un “diálogo constructivo”. Ese es un diálogo con apellido, no es una propuesta de que “siéntense a hablar…” El canciller francés habló de una conversación con compromisos serios, y se han venido hablando el Vaticano y Rusia. La visita de (monseñor Pietro) Parolin a Rusia fue muy importante. Hay contactos entre los líderes de Europa y los contactos entre países de América Latina que están buscando fórmulas para que haya una solución negociada, seria, creíble, con garantías. El que haya sido anunciado de esa manera puede generar susceptibilidades, pero yo allí veo un asunto importante y es el compromiso europeo con la situación venezolana. Es importante subrayar que el hecho de que se inician contactos no es una negociación, eso no significan que se paraliza la Asamblea Nacional y se para todo. La solución de nuestro problema supone trabajarlo en todos los frentes: en el Parlamento, la protesta en la calle, la campaña para las elecciones regionales, la actividad internacional de la oposición en el fortalecimiento de lazos. También están las sanciones internacionales, no hay que perderlas de vista. En ese abanico de opciones estratégicas está la exigencia de elecciones regionales y de las que tienen que venir y que se respeten los resultados. En todo esto también tenemos que mirar del lado del Gobierno, no tenemos que suponer que es un mecanismo cuyos engranajes funcionan a la perfección, está lleno de complejas situaciones y la Fiscal General ha destapado unas cuantas de ellas. Entonces hay condiciones para iniciar esos contactos, yo no los veo con malos ojos.

–¿Cómo ve a Cuba en este panorama, sobre todo después del giro de EEUU bajo la administración de Donald Trump? ¿Reconsideró Cuba su vínculo con Venezuela?

–En parte sí, creo que Trump sí puede haber afectado los prospectos cubanos de búsqueda de otros apoyos. A Raúl Castro le preocupaba tanta dependencia de Venezuela y el frenazo del cambio de gobierno en EEUU los debió afectar, eso debió revalorizar su apuesta en relación con Venezuela, cuidarla. Sin duda, Cuba apuesta a la estabilización del régimen de Maduro. ¿En este momento qué estará pensando el gobierno cubano? Creo que ellos están intentando jugar a que tienen algo qué decir en un posible giro en Venezuela. Hubo la visita del canciller de México a La Habana ofreciendo la posibilidad de ayudas económicas, petroleras u otro tipo de asistencia. Se dio la visita a Cuba del canciller español y también estuvo presente el tema de Venezuela. El régimen cubano está aprovechando muy pragmáticamente que si se cae esto tiene a México o las inversiones españolas y buscará la manera de articularse con el mundo. Lo que sí es claro es que Raúl Castro no se ha comprometido demasiado, de vida o muerte, con Maduro. Cuando las amenazas de Trump, que no fueron cualquier cosa, fue el único momento en que declararon contra la posible intervención de los EEUU, pero no se ha rasgado las vestiduras por Maduro. Eso es revelador del papel en el que se ve Raúl Castro desde hace rato, como en su foto cuando se logró el acuerdo entre las FARC y el Gobierno de Colombia: como el artífice del acuerdo. Es obvio que está sacando sus cuentas para no perder las ventajas que tiene con Venezuela, pero tampoco desperdiciar oportunidades de asistencia que se le presenten.

15 de septiembre de 2017

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