Espacio plural

Liderazgo y Obediencia: frente al escrutinio ético de la estructura militar

Foto: Reuters

Pedro González Caro

18 de septiembre de 2017

Comunicacionalmente, según mi interpretación, existen tres hitos que han marcado la historia del hombre. El primero de ellos, sin lugar a ninguna duda, fue la invención de la escritura para poder conservar y transmitir las ideas. Los otros dos corresponden a la grabación de la voz y finalmente de las imágenes. Sin ellos sería imposible contar la historia ni los progresos de la humanidad.

El acceso y manejo de la información, así como su control en el momento actual, son elementos que brindan condición de poder. El manejo y dominio de la información ha sido, desde tiempos pretéritos, la herramienta que el hombre ha utilizado para doblegar y someter a sus semejantes y provocar los cambios en las relaciones sociales que rigen el comportamiento de los ciudadanos.

En la sociedad moderna la información fluye globalmente, y paradójicamente, se ha convertido en la espada de Damocles que acecha a quienes monopolizan la información para su propio beneficio.

El comportamiento de los líderes militares del día de hoy está significativamente ligado a este hecho a medida que se ha venido acelerando el proceso del manejo de la información y han aumentado los canales de acceso a ella. Todo el estado de cosas que nos rodea se modifica con sorprendente velocidad, los tiempos y facilidades de acceso a los nuevos descubrimientos y a las innovaciones de carácter social y político son cada vez más breves, con lo cual se dificulta el adecuado procesamiento y la asimilación consciente de las implicaciones.

Para el caso militar este fenómeno resulta especialmente notorio, su liderazgo se enfrenta a una realidad que tiene graves dificultades para concebir adecuaciones dentro de un mundo tremendamente cambiante, modelado por la velocidad de los acontecimientos y la variedad de vías en las que fluye la información.

Frente a esta nueva realidad social el liderazgo militar debe enfrentar el reto de comandar una tropa más informada, actualizada y dispuesta a someter al escrutinio ético las más básicas tradiciones y dogmas que fundamentan la conducta militar. Es así como podrán preguntarse: cuáles son las bases del liderazgo militar, cuál es el fundamento ético de la obediencia de cuadros militares informados en tiempo real, sobre la situación social y política, tanto nacional como internacional.

Inevitablemente los miembros de la estructura militar están vinculados por distintas vías con la estructura social que también evoluciona. En las democracias modernas las aspiraciones del pueblo progresan en la medida en la que encuentran condiciones ideales para su florecimiento, son estimuladas por líderes políticos y por las mismas autopistas de la información que impulsan y estimulan las demandas de bienestar y tranquilidad de “un país normal”. Su satisfacción va dando paso a nuevas aspiraciones, sin embargo, el desafío impulsa un reacomodo del sistema de valores que orientan la conducta ciudadana y que trasciende a la estructura militar.

Foto: REUTERS/Ueslei Marcelino

Cuando esta efervescencia social alcanza la madurez, sus efectos tienen consecuencias que conllevan al cuestionamiento de los más arraigados valores de la doctrina militar que sostienen los pilares fundamentales de la sociedad militar: la disciplina, la obediencia y la subordinación. La credibilidad y la confianza en el líder son elementos aglutinantes que deben garantizar la cohesión y la armonía de una fuerza armada sana y democrática, creíble y capaz de actuar según las intenciones de sus dirigentes legítimos; ajustadas a las normas constitucionales y respetando sus fundamentos éticos inquebrantables.

Los viejos paradigmas de disciplina y subordinación que sustentan dogmáticamente la institucionalidad castrense, apoyados en la indispensable obediencia de los cuadros subalternos, ahora deberán pasar por el tamiz de la figura de la autoridad que “merece obediencia”. El compromiso de obediencia ciega de los subordinados se corresponderá con el compromiso de los líderes militares de mantener una conducta ejemplar, ética y libre de toda traza de corrupción.

La manera de ejercer el liderazgo, y no la motivación doctrinaria, será el incentivo para la obediencia. El detonante de la concepción dogmática se presenta cuando los valores que manejan los líderes, con la discreción propia de su autoridad, se debilitan afectando la cohesión estructural de la institución, comprometiendo la estabilidad y la sobrevivencia. Entonces, la uniformidad doctrinaria ya no es suficiente y el líder ya no puede imponerse con la facilidad de la que disfrutó en otros tiempos.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s