Opinión y análisis

¿Qué hacer cuando la democracia no es democracia? (I)

Foto: AFP

Moris H. Rauseo J.*

05 de febrero de 2018

Toda protesta es legítima

¿Cuál es la diferencia entre un pernil y un país? Ninguna. Las dos son promesas incumplidas de políticos inescrupulosos que usan su habilidad discursiva para mentir. Ese ha sido el gran problema de la política durante los siglos de los siglos: la mentira. El liderazgo histórico siempre ha tenido promesas que se traducen en objetivos tangibles, por ejemplo: durante la Edad Media el poder eclesiástico  imponía unos modos de comportamiento y un orden social bajo la premisa de que les conseguiría “un pase al paraíso”. En el antiguo Egipto el poder se regía bajo la promesa de que había un dios caminando entre los hombres y por lo tanto ese individuo estaba por encima de todos, El Faraón. ¿Pero cómo saber si eso era o no una mentira? Hoy en día sabemos que las personas no son dioses, y que el paraíso es posible en la tierra, pero en aquel entonces aquella “mentira” era la única verdad disponible y era tan real como hoy en día la gravedad es un hecho científico.

La diferencia entre la ciencia y la religión es fundamentalmente la capacidad de cambio que tiene la verdad científica, siempre dinámica. La ciencia es retadora y siempre rebelde con cualquier verdad, incluyendo la propia. Sobre todo la propia. Es la verdad del cuestionamiento: principio que llevó al hombre a preguntarse sobre el origen del universo e “inventar” la religión como explicación. En el mundo de la ciencia no existe tal cosa como la mentira y ni siquiera la verdad absoluta, pues la verdad que existe está en constante cuestionamiento y todo lo desconocido –que pueda negar esa realidad– está buscándose constantemente. La religión, contrapuesta a esto, solo contempla dos opciones: la verdad absoluta o la herejía. La religión es radical en este sentido y no acepta grises.

Ya no estamos hablando de religión si no de ideología. Aquello que tenían los Nazis y aquello que tienen los comunistas. El capitalismo, socialismo, yihadismo, budismo, ateísmo,  cristianismo, machismo¸ feminismo, racismo…chavismo. Todas son ideologías que plantean una verdad absoluta bajo una promesa, bajo una premisa. Todas tienen una contraparte cuya verdad absoluta es opuesta y por lo tanto se niegan rotundamente. En matemáticas, la suma de dos elementos iguales y opuestos es igual a cero, en los procesos sociales es igual a conflicto…guerra.

¿Qué tiene que ver esto con las protestas por el pernil? Bueno, en su momento, la ciencia y la filosofía necesitaban un tipo de gobierno que admitiera verdades relativas, es decir, que estuviese abierto a debate y en constante cambio, y por lo tanto distinto al gobierno monárquico o imperial que dominó en la gran mayoría de la historia humana. Fue entonces cuando redescubrieron la democracia inventada por los griegos en Atenas: un concepto en el cual eran los ciudadanos los que dirigían a los políticos, gracias al debate abierto en un parlamento. Pensadores como Rousseau concibieron la división de poderes para generar así una argumentación constante entre quienes ostentan el poder, evitando el establecimiento de una única línea de pensamiento y el regreso de las ideologías al poder absoluto que demanda su naturaleza conflictiva. Además, la democracia propicia formas de dirimir conflictos sin recurrir a la guerra y la ciencia tendría espacio y tiempo suficiente para discutir sobre la verdad del universo, y la filosofía sobre la verdadera ética. Es importante entender esto para comprender la lógica detrás de las revoluciones de La Ilustración y porqué la democracia era el norte de ellas. Los ilustrados eran personas que debatían, eran encarcelados y protestaban por sus valores e ideales. Conceptos como libertad e igualdad surgen con fuerza en estos tiempos, los mismos valores por los que se estuvo más de cuatro meses en la calle el pasado 2017 en Venezuela.

La revolución Francesa también inició tras una intensa crisis económica, catastrófica, que trajo hambruna y pobreza a su gente. ¡Inició por protestas por falta de pan! Protestas iniciadas por los más devotos y adeptos a la monarquía: los plebeyos. Primero, fueron los campesinos en las provincias alejadas de París, la capital; luego, fueron en aumento, a pesar de que incontables veces la represión del gobierno las detuvo; hasta que llegó el momento en el que la capital ardió en llamas y los pensadores de La Ilustración aprovecharon el escándalo para venderles la idea de la democracia a los ciudadanos que nada sabían sobre valores y solo les interesaba sobrevivir y no morir de hambre.

Foto: AFP

¿Qué hubiese sucedido si los pensadores hubiesen desprestigiado las protestas como lo hemos hecho los venezolanos con las que se produjeron por la falta de cajas CLAP? ¿Qué sería del mundo si el grupo de “herejes”, hubiesen difundidos mensajes como: ‘¿No estabas rezándole a la iglesia ayer? Ah, bueno, ahí tienes tu canasta de pan vacía, no te quejes’?  “Cuando a nuestra gente la arrestaron por advertirles que esto iba a pasar, ustedes no hicieron nada, ¿ahora están llorando porque no les llega el pan?” “Ningún campesino que le haya servido comida al rey tiene derecho a huir de Francia por la crisis, porque son tan responsables como el rey de ella”. O: “unos protestan por libertad y valores, mientras que otros por canillas de pan… dos Francia distintas”? Este tipo de mensajes hubiese favorecido muchísimo a la monarquía, porque lejos de unir a las personas bajo la bandera de los ilustrados, los discrimina y les recrimina el peso de la crisis como si fuese posible que el país (o ciertos sectores del país) se merecieran morir de hambre. Genera enemistad, discordia y división que, al final del camino, le hacen daño es a los ciudadanos y benefician al régimen despótico de turno. Los gobiernos despóticos se concentran tanto en dividir a la población porque una nación unida es la única causa de su caída. Es por esto que Venezuela debe buscar unir esfuerzos con cualquier protesta que se genere en contra del régimen, porque así como se nos prometió un pernil en diciembre, se nos garantizó un país próspero y libre, desde el momento en el que decidimos independizarnos de España en 1810.

¿Qué sucedió con la ciencia y la filosofía? Pues al no negar ni aceptar por completa ninguna realidad como absoluta, sin darse cuenta, negaban a todas las ideologías, por lo que cualquiera fuese el momento en el que La Ilustración se produjese (siglo XIX o el antiguo Egipto) la ideología vigente le declararía la guerra, por hereje. El asunto fue que era una suma desigual, es decir, no era 1 -1 sino 1 -0,5. Siendo “1” la ideología y “0,5” el cuestionamiento: el resultado es “+0,5”. La ideología desaparece y permanece una verdad relativa. Una verdad que esta determinada por el consenso de una mayoría –bajo unos parámetros específicos–, y cuestionada constantemente por una minoría que busca romper con ella en busca de una mejor y más amplia. Sin consenso mayoritario no existiría una verdad que gobernase durante un tiempo y sin una minoría que cuestione y rete constantemente, no existiera la ciencia misma.

La misma relación aplica a la democracia, pues está basada en la capacidad de los hombres de organizarse para hacerse escuchar –de ahí su necesidad de que los individuos sean libres– y de que las políticas solo pueden realizarse tras un consenso unitario o mayoritario. Sin consenso no hay gobernabilidad, pero sin cuestionamiento no hay democracia. El momento en el que todos los gobernantes o miembros de un país piensen igual, habrá caído en las garras del totalitarismo.

Todas las democracias impulsan una cultura de protesta en sus sociedades porque es el medio en el cual las minorías pueden expresarse, manifestar su descontento y hacer que su voz sea escuchada por el gobierno para que éste tome medidas al respecto. Si una democracia cuenta solo con el sufragio corre el riesgo de que la minoría nunca sea escuchada y por lo tanto no se generen medidas que solucionen sus problemas, acumulándolos en el tiempo y en la opinión pública. La receta perfecta para que llegue un líder hábil con un discurso opuesto al de la clase política vigente y dirigido a esta minoría impotente, teniendo como resultado que la minoría, antes ignorada, se motive a votar y exista la posibilidad de que se convierta en mayoría y gobierne desde entonces.

Esto es perfectamente aceptable para el equilibrio democrático. Pero si este líder usa los complejos de la minoría que lo llevó al poder como premisa principal (promesa de acabar con todos los problemas de la minoría), su mandato puede derivar en una terrible venganza hacia los grupos que él considere culpables de su suplicio, degenerando en tiranía. Estoy hablando del perpetrador del 4-F. Fue la acumulación de problemas y complejos –por negligencia o ignorancia– la que le abrió la puerta al despotismo en Venezuela, por lo que hoy en día es crucial para la nación legitimar toda clase de protesta como forma de expresión del descontento social, y debe llamarse a la unión de todas estas bajo un mismo objetivo, no muy distinto al de la Revolución Francesa.

Tenemos la ventaja de que en nuestro caso la historia nos ha enseñado cómo hacerlo, muchas veces, al contrario de aquella revolución que fue, apenas, la primera de muchas. Venezuela busca la restitución de la democracia, depurada de los males anteriores. Tenemos ante nosotros un año de oro para este objetivo, pues si algo es seguro es que 2018 no será un año tranquilo y que mientras el régimen marcha sin pausa ni freno, también lo hace el momento de un estallido social nunca antes visto y de su caída.

@MorisHRJ

*Moris Rauseo es estudiante de Comunicación Social de la UCAB, ganador del I Concurso Narremos Esperanza

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