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La OEA, el Grupo de Lima … y nosotros

FOTO: Agencia IP

Elsa Cardozo

21 de septiembre de 2018

 

Las declaraciones del pasado 15 de septiembre del secretario general de la OEA, Luis Almagro, en cuanto a no descartar ninguna opción internacional respecto a Venezuela, incluida la militar, merecen tanta reflexión como la diferenciación expresa de algunos miembros del Grupo de Lima y como, tan o más seriamente, la ameritan las reacciones de venezolanos, dentro y fuera del país. Estas reacciones son más importantes y urgidas de reflexión que las del gobierno: a fin de cuentas, lo esencial del futuro de Venezuela depende de la claridad de propósitos, la disposición a concertarse entre los venezolanos y la complementación entre los apoyos internacionales necesarios.

Consensos y presiones: la gravedad de la crisis venezolana

El punto de partida común, la grande y franca preocupación exterior e interior –salvo para el gobierno–, es el acelerado deterioro de la situación humana, institucional y material de Venezuela con su desbordamiento exterior. Una de sus manifestaciones internacionales más visibles, aunque no la única, es el éxodo forzado, acompañado por las evidencias inocultables de que las condiciones que lo provocan no hacen más que agravarse. También hay consensos significativos sobre que para cambiar esas condiciones urge regresar al cauce constitucional, lo que incluye recuperar la posibilidad real de elecciones libres, competitivas y confiables. A partir de 2014, pero especialmente desde el año pasado, ese consenso se ha traducido en escrutinio y presiones internacionales crecientes sobre el gobierno, manifestaciones de solidaridad hacia los venezolanos, así como reiterados llamados a la concertación efectiva de la dirigencia opositora. En ello, entre muy diversas iniciativas y medidas internacionales, multilaterales o unilaterales bastante coordinadas entre sí, destacan las del sistema interamericano y, regionalmente, las del Grupo de Lima.

La OEA: búsqueda de respuestas hemisféricas

Tomó su tiempo recuperar a la OEA como ámbito para la consideración de la situación de Venezuela, sin que por ello cesaran los bien documentados informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre la destrucción de las garantías constitucionales y los del Secretario General sobre la pérdida de la democracia y estado de derecho. No cabe negar la recuperación de iniciativa y compromiso de Luis Almagro, tampoco que esa actitud le ha llevado en ocasiones a moverse por sí solo con efectos que pueden dificultar la acción conjunta entre los miembros de la OEA e incluso entre los demócratas venezolanos, dentro y fuera del país. Pero lo fundamental es que no se trata de un asunto de legitimidad de propósitos, sino del cuidado estratégico para promoverlos con el mayor apoyo posible. En ese sentido, el mensaje difundido por Almagro el 16 de septiembre, particularmente en cuanto al principio de la responsabilidad de proteger, ha sido más adecuado, sin dejar de transmitir con el justificado tono de apremio la atención multilateral que reclama el agravamiento de la crisis venezolana.

El Grupo de Lima: proteger y fortalecer la coordinación

La reacción inmediata de diez de los gobiernos que conforman el Grupo de Lima fue la de tomar distancia ante las primeras palabras del Secretario General, no por su diagnóstico de la situación, la solidaridad con los venezolanos ni las demandas al gobierno, sino como manifestación de preocupación y rechazo “ante cualquier curso de acción o declaración que implique una intervención militar o el ejercicio de la violencia, la amenaza o el uso de la fuerza en Venezuela. “Cuatro significativas ausencias en esa Declaración –Canadá, Colombia, Panamá y Guyana– revelan desacuerdos, los que el gobierno colombiano supo manifestar constructivamente al alegar que, pese a la “identidad de propósitos”, no había “total coincidencia en los términos”.

Este conjunto de países, que en diferentes comunicados ha sumado entre diez y dieciocho firmas, ha sido particularmente asertivo en sus declaraciones y propuestas sobre la situación de Venezuela. No es poca cosa que lograran mantener muy viva la presión regional cuando el caso se vio bloqueado en la OEA, a la vez que  contribuyeron a volverlo a colocar en ese foro hemisférico. Con todo, el Grupo de Lima no ha agotado los medios de presión regional concertada que tiene a su alcance y lo que ahora urge es sostener y fortalecer su esfuerzo de coordinación en la persuasión y en la presión por una pronta y pacífica salida a la crisis venezolana.

… Y nosotros:  

Uno de los peligros de la situación presente está en la tentación de polarizar posiciones respecto al Secretario General de la OEA o el Grupo de Lima, sin más, desconociendo la importancia de superar divergencias y alentar la continuación de una atención internacional, activa y consistente. Se impone, con la premura que el momento reclama, exigir a todos, comenzando por los venezolanos, la necesaria coherencia, el aliento a la identidad de propósitos y a lo complementario en las diversas propuestas, así como su atención a lo que ellas revelan: no solo sobre las graves consecuencias internacionales de esta multifacética crisis, sino sobre la medida decisiva en que su evolución y desenlace siguen dependiendo de nosotros, de acuerdos adentro y de la coordinación con los apoyos internacionales para la recuperación humana, material e institucional de Venezuela.

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