Zona Estudiantil

Carlos Egaña: “El movimiento estudiantil debe estar en la calle, lo que no excluye otro tipo de acción”

Carlos Egaña participó, en representación de la UCAB, en un encuentro este mes de enero, en la Asamblea Nacional, con la nueva directiva parlamentaria /FOTO: Cortesía

Alejandro Benzecri*

08 de enero de 2019

La carrera política de Carlos Egaña comenzó en bachillerato. Se graduó en el Colegio Los Arcos donde obtuvo, en 2013, el cargo de secretario general del Centro de Estudiantes. Prosiguió en la política al poco tiempo de ingresar a la universidad Católica Andrés Bello. Desde 2015 hasta 2016 fue Coordinador de Cultura del Centro de Estudiantes de Letras (CEL) de la UCAB. Al año siguiente, asumió como Consejero de Escuela, y en el período 2017-2018 ocupó la presidencia del CEL.  

Fue en junio de 2018, en su penúltimo semestre, cuando ganó en la contienda electoral y se consolidó como uno de los consejeros universitarios (CU).

El actual CU ha sabido combinar la vida universitaria con la vida laboral. Colaboró en medios como Prodavinci, El Nacional, El Ucabista, Guatafoc, Tráfico Visual, The Amarantha y El Universal. En éste último lo destaca como una experiencia de mucho aprendizaje, pues dice que tuvieron la paciencia para “sentarse” y explicarle sus aciertos y desaciertos en los distintos artículos que enviaba.

Cuenta con un poemario publicado en el 2017, cuando apenas tenía 22 años. “Los Palos Grandes” es una obra que reúne múltiples escritos del alumno de Letras y fue calificada por el poeta Luis Pérez Oramas  como un “libro donde destilan muchos sujetos y una Caracas de trancazos, emes amarillas y mareas rojas; una versión cruel del presente y su esperanza reflejada en una máquina de sueños (…)”

Empezaste estudiando derecho, ¿no siempre tuviste claro que querías las letras, la poesía…?

–Por un lado, entro a estudiar Derecho porque lo veía desde una perspectiva muy decimonónica. Los grandes del país estudiaron esta carrera: Rómulo Gallegos, Ramón J. Velázquez, etc. Pero claro, en ese momento era Medicina o Derecho, no había mucho más. Por otro lado, porque siempre me ha interesado la política, y en Derecho me dejaron muy claro la diferencia entre esto y la jurisdicción. Luego, en paralelo, empecé Letras y me tuve que decidir.

¿Entonces, rechazas la idea de que los intelectuales se deberían mantener al margen de la política para ejercer ellos una especie de papel crítico?

–A lo largo de la carrera y de la historia te das cuenta de que hay distintos modelos de intelectual. Sobre todo en occidente, vemos que la ley y las letras van de la mano. En el siglo XIX los intelectuales ejercieron un papel fundamental en la política, especialmente en latinoamérica. Hay de todo, pero, evidentemente, hay muchos intelectuales que prefieren no embarrarse. 

¿Quieres hacer carrera política?

No lo sé. Siempre he querido estar en escenarios en los que pueda combinar lo político y lo cultural. Por ahora no me quiero meter en ningún partido político. 

Creo que lo más inteligente sería formarse bien antes de lanzarse a ese mundo. Pero sí me gustaría participar en ese ámbito en algún momento.

¿No simpatizas con ningún partido?

–Hoy día, no.

¿Y en su momento?

–A ver…soy más de personajes que de partidos en sí. Creo que en Venezuela el tema de las ideologías de los partidos ha sido cosa muy poco clara.

Respecto a lo que pasó en noviembre, el Día del Estudiante: en la UCV gritaban la consigna de defender al país en la calle. ¿Qué significa eso? ¿Estamos preparados?  

–Creo que lo importante es entender que “la calle” no excluye otros tipos de acción. El Movimiento Estudiantil debe estar ahí, en las calles. Es decir, no podemos pensar que no hay que protestar porque no tiene sentido o porque nos reprimen y ya. Tenemos que tratar de destruir la censura y motivar a la gente. ¡Ojo!, no es el único camino.

Ciertamente los estudiantes pueden generar movilizaciones. Supongamos que la gente decide apoyarlos, al final, ¿cómo se canaliza ese poderío, si los políticos no gozan de la confianza de la gente?

–Es un problema bastante complicado. Siempre he dicho que tenemos que trabajar con los partidos, no para los partidos. Ahora, ¿cómo motivar a la gente para que salga a la calle? La gente tiene que estar motivada, no lo podemos hacer nosotros, eso solo es posible con una coyuntura. Y con esto no digo que hay que quedarnos de brazos cruzados, pero tenemos que estar preparados para ese momento.

¿Qué es más decisivo o coyuntural que todo lo que está pasando?

–En los últimos años siempre ha habido un catalizador. En 2014, ya se venían caldeando una serie de protestas por lo de Vielma Mora en Táchira, y explotaron con la muerte de Bassil Da Costa. En 2016, el catalizador fue la invalidación del referéndum revocatorio. Y en 2017, cuando el Tribunal Supremo de Justicia desconoció a la Asamblea Nacional. No sé qué vendrá, pero hace falta algo más contundente para que la gente salga con más vigor.

¿Estarían los políticos preparados para asumir el liderazgo?

–No te sabría decir. Pero me consta que las distintas facciones de la oposición tienen una serie de premisas muy similares. El tema es operativizar a partir de esas premisas. Evidentemente, hay un tema de egos que interfiere entre una acción y otra. También hay complicidad con el Gobierno de parte de algunos.

¿Complicidad?

Sí. Lo vimos, por ejemplo, con la Asamblea Nacional (AN), cuando discutieron el tema de (José Luis Rodríguez) Zapatero. Tal vez la AN no tiene el poder en estos momentos de declarar a Zapatero “persona non grata” y que eso después se cumpla; pero era algo simbólico. Esa división en el Parlamento nos indica que hay un tema de egos importante, que está pasando algo interesante ahí.

¿Necesariamente de colaboración genuina?

–No, no. Hay formas de complicidad. Tal vez algunos diputados no hacen ese tipo de cosas adrede o plenamente conscientes. Pero cuando tú dejas de hacer, o dejas pasar, algo simplemente por seguir la línea del partido y no por lo que quieren tus electores, estás haciendo algo para nada confiable.

¿Consideras que se está ejerciendo presión interna contra el Gobierno?

–Creo que hay mucha gente en el país preparada para la transición, me consta. El tema importante es la Fuerza Armada Nacional Bolivariana. Sin embargo, no olvidemos que la mayoría de los presos que están en Ramo Verde son de las FANB. Y yo he conocido a hijos de militares y me cuentan que se han tramado muchas cosas. Esto no quiere decir que tenemos su apoyo completo, eso es una utopía. Pero no dudo de que hay gente buscando hacer cosas distintas. Ahora, qué tan organizados están esos grupos, no sabría decirte.

La mayoría del país no quiere votar. Muchos no quieren salir a las calles. ¿Cuál es el espacio de protesta?

–Yo no soy para nada provoto. El problema es que sí hay muchísimas protestas en el país pero que no se visibilizan, que no se articulan. Tiene que haber debate en estos momentos. Tienen que crearse espacios para la pluralidad. Espacios que el Gobierno nos ha cerrado. Mucha gente puede pensar que el país está apagado, y no es así. Tal vez no tenemos una hoguera, pero sí tenemos muchas fogatas dispersas. Creo que el 10 de enero es clave. A partir de ahí se tienen que generar movimientos más relevantes. La presión internacional ha sido importante también.

Existe también la visión de que tanta presión internacional no deja margen para la negociación. Muchos de los culpables pueden caer presos fuera de Venezuela, pero si quedan dentro del país, ¿quién los juzga?

–Ahí volvemos al dilema de las FANB (ríe).

¿Un círculo vicioso que termina con una intervención?

–No necesariamente. Recordemos lo que pasó el 23 de enero de 1958: los militares se pusieron en contra de Pérez Jiménez, quiero pensar que gracias a las protestas y a la situación del momento.

Claro, pero las Fuerzas Armadas no eran ni remotamente como las de hoy.

–Es verdad (ríe). Ni la situación del país era como la de hoy, ni las Fuerzas Armadas eran como las de hoy. Pero existía un componente de lealtad militar muy pesado. Pero bueno, no puedo apuntar a una esperanza pura en los militares. Prefiero actuar y, como mínimo, generar esperanza en el país. No sé lo que pueda pasar, en verdad.

¿A quién rescatas de los políticos de hoy en día, o de los partidos?

–María Corina Machado es muy interesante, es coherente. David Smolansky… No sabría decirte cuál otro.

Tal vez ese es uno de los problemas hoy día, ¿no?

–Claro, fíjate cómo cuesta. Américo De Grazia me parece admirable. Arturo Uslar Pietri también.

Egaña por los momentos colabora en distintos proyectos. No tiene horario estricto de oficina, porque le resulta “imposible tener un trabajo fijo y ser consejero universitario al mismo tiempo”.

 

*Alejandro Benzecri es estudiante de Comunicación Social en la UCAB

@Alebenzecry

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