Entrevistas

Benigno Alarcón: “La Asamblea Nacional debe gerenciar su crisis de credibilidad”

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FOTO: EFE

10 de enero de 2018

El director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la UCAB, Benigno Alarcón, explicó que, a la luz de los patrones democráticos y el desconocimiento que numerosos sectores nacionales e internacionales han hecho de los comicios de mayo de 2018 –tras los cuales fue proclamado Nicolás Maduro para una segunda toma de posesión–, podrían ser considerados como inválido, lo que conlleva una usurpación del cargo.

“El escenario al que nos enfrentamos, a partir de este 10 de enero, es que Maduro se juramenta para un nuevo período frente al Tribunal Supremo de Justicia, lo cual no es lo correcto –lo correcto es que lo haga en la Asamblea Nacional–, derivado de una elección que ni el sector democrático del país ni la comunidad internacional consideran como válida. Maduro no tiene la legitimidad de origen para poder juramentarse como Presidente. De allí vienen las posiciones que hemos escuchado, incluso de la boca del mismo presidente de la Asamblea Nacional, diputado Juan Guaidó, que estamos ante una usurpación del cargo del jefe del Poder Ejecutivo. Pero, es importante tener esto claro, la Constitución no resuelve qué se hace con esa usurpación”.

Alarcón afirma que, en estos casos, la ley venezolana debe hacer una interpretación de lo que establece la Constitución. Sin embargo, aclara que en la situación política actual del país es difícil aplicarlo porque las relaciones de poder están desbalanceadas a favor del Gobierno y no existe Estado de Derecho.

“Si se hace una interpretación de la posible solución, se dice que quien debe ocupar el cargo es el presidente de la Asamblea Nacional, por ser el presidente del único órgano que es electo válidamente. El tema es que quien sea que ocupe el cargo, ante la falta del Presidente electo, se tienen que convocar a elecciones en los próximos 30 días y no están las condiciones dadas para poder convocarlas”.

“Con esta juramentación se va a tener un Gobierno de facto, que no está legitimado en una elección democrática, sino que es un gobierno que ha buscado las maneras para mantenerse por la fuerza. Cuando se está en presencia de esto se presentan dos grandes escenarios:

Un primer gran escenario, que es de continuidad, e implica que los que están gobernando lo sigan haciendo por el uso de la fuerza. Ese escenario lo puedes dividir en dos. ¿De qué dependen uno u otro? De quienes gobiernan, porque puede ser una continuidad con los mismos o con otros.

Con “los mismos” implica que Maduro logra controlar el malestar que se genera después del 10 de enero. Todo el rechazo de la comunidad internacional y nacional, las posibles protestas que se susciten y todo lo que pretenda desconocer su presidencia. Eso lo coloca en una posición de mantenerse en el poder, como lo ha hecho hasta ahora con el uso de la represión.

El escenario de continuidad “con otros” es que, en caso de que la situación se vuelva inestable por el rechazo y el desconocimiento de Maduro, quienes sostienen en el poder a Maduro decidan que es más fácil quedarse sin él. Si ese escenario se diera, lo que puede ocurrir es un desplazamiento del actual Presidente de distintas maneras: renuncia, se enferma o lo sacan por la fuerza. Ese nuevo gobierno que se instale, también de facto, trataría de mantenerse en el poder por la misma fuerza, o se va a elecciones para legitimarse ellos mismos.

El segundo gran escenario es de transición, que implica que los que están en el Gobierno dejan de estarlo y que cambian, no solo los actores sino las reglas institucionales, con un gobierno democrático. En ese caso, se presentan dos subescenarios: uno es una transición tradicional o plena que implica que el grupo que accede al Gobierno tiene control sobre toda la situación del país para hacer los cambios que sean necesarios. El segundo, es que se produzca una transición controlada, como el caso de España o Chile. Eso implica que, habiendo colapsado el Gobierno, se llama a elecciones, se instala un nuevo Poder Ejecutivo y quienes permiten que eso ocurra son quienes controlan las armas y condicionan la entrada del nuevo gobierno, para evitar enjuiciamientos y persecución política de quienes salen.

Los escenarios son dinámicos, no se mantienen estáticos. El más probable es que haya continuidad con los mismos actores. Que eso cambie va a depender de las dinámicas internas más que de las externas. Si la conflictividad se eleva va a haber más probabilidad de continuidad con otros o una transición”.

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El director del CEPyG afirma que, en esta coyuntura, el papel de la nueva directiva de la Asamblea Nacional puede ser fundamental para generar cambios de opinión en la sociedad con respecto al trabajo que ha venido desarrollando este órgano desde el 2015.

“Yo creo que la directiva de la Asamblea Nacional debe estar consciente de que está frente a una situación de hecho y no de derecho. O sea, aquí las normas pasan a segundo plano. Lo que en principio debe hacer es tomar ventaja de su legitimidad de origen para seguir teniendo el apoyo de la comunidad internacional, para poder coordinar presión y, también, para coordinar lo que es el proceso de oposición en Venezuela. El problema que tienen los diputados es cómo reconstruir su credibilidad, porque han prometido cosas que no han podido hacer. En un primer momento dijeron que el Gobierno saldría en pocos meses y no lo pudieron hacer. Luego, llamaron a una consulta popular y no pudieron cumplir lo que allí se planteó. Entonces, una primera tarea para la AN es gerenciar su crisis de credibilidad y, en ese sentido, yo creo que sus representantes deben moderarse y no comprometerse con algo que no puedan materializar. El Parlamento debe centrar sus esfuerzos en eso que realmente puede hacer. Los diputados tienen un gran aliado en la comunidad internacional y pueden tener uno en la comunidad nacional democrática si logran manejarse con un discurso que sea creíble sobre lo que están dispuestos a hacer. Yo creo que no deben generar falsas expectativas. Esa debe ser la primera regla”.

Por otro lado, Alarcón explica que las distintas organizaciones de la sociedad civil deben organizarse para fomentar acciones unitarias y masivas si desean  generar cambios que procuren la democratización del país.

“En el caso de la sociedad civil, en el día 10 y posteriores, vamos a ver protestas, declaraciones, expresiones de rechazo hacia el nuevo período de Maduro. Pero, por otro lado, creo que todas esas acciones, mientras se mantengan desarticuladas, sueltas aquí y allá, no logran grandes resultados. La gran tarea que tienen los ciudadanos es articularse en un solo movimiento”.

Tomado de El Ucabista

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