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Las redes sociales como vitrina política

Foto extraída de: https://digitalisthub.com/5-tendencias-en-redes-sociales-que-veremos-en-2020/

Juan Manuel Trak | 6 de marzo de 2020

Los desafíos sociopolíticos a los que se enfrenta Venezuela exigen la reconstrucción de la identidad nacional diferente a la existente hoy en día. Más allá del rechazo o apoyo del gobierno de Maduro, Venezuela carece de un proyecto societal en el que la mayoría de los ciudadanos se vean representados.

Con el auge de las redes sociales, y las burbujas de opinión que allí se crean, los partidos y sus políticos parecen haberse reducido a buscadores de “seguidores” y “me gusta”, en lugar de ser portadores de proyectos que buscan ser implementados mediante la conquista del poder. Para muchos de ellos el éxito se reduce a los indicadores claves de desempeño de las redes sociales, por lo que su mensaje son consignas polarizantes que solo buscan aplausos sin importar el contenido, los hechos o las consecuencias sobre la convivencia política. Así, la “política” se ha convertido en un show vacuo cuya verdadera naturaleza se pierde en debates inútiles.

En su libro Homo Videns (1997), Giovanni Sartori advertía de los peligros de una sociedad centrada en la imagen, cuyas consecuencias son, según él, que “el hombre vídeo-formado se ha convertido en alguien incapaz de comprender abstracciones, de entender conceptos”. Podría decirse que Sartori fue premonitorio, aunque también hay que señalar que algunas investigaciones previas ya señalaban que el conocimiento político en las sociedades industrializadas era menor al esperado. En cualquier caso, la diferencia entre aquel momento y el actual es que la incapacidad para comprender la política tiene en las redes sociales una vitrina cuyo volumen, variedad y velocidad son inconmensurables. 

En esta vitrina, los conceptos – que son el resultado del pensamiento sistemático de historiadores, científicos y filósofos – dejan de tener importancia si no se acomodan a los prejuicios. En el caso venezolano, por ejemplo, el odio hacia el chavismo ha conducido a muchos ciudadanos a definirse como de derecha o liberales sin tener muy claro estos conceptos ideológicos y confundiéndolos. Peor aún, muchos han comprado la tesis de que el nazismo y el fascismo fueron movimientos de izquierda o socialistas (nuevamente confundiendo ambas posiciones), cuando sus fundadores y propulsores eran anticomunistas declarados. Más grave aún es que, aupados por supuestos “influencers”, algunos rechacen toda evidencia sobre lo equivocado de sus afirmaciones, creando barreras insalvables a la hora de construir un proyecto común.

Las redes sociales, que en un primer momento parecían ser el medio para la potenciación de la democracia deliberativa, se han convertido en cámaras de eco fácilmente manipulables por medio de “influencers”, algoritmos, “bots” y “trolls”. Pero lo culpa no es de la herramienta, sino del poco interés de la gente en buscar información de calidad y formarse una opinión más allá de los titulares o fuentes que solo refuerzan sus prejuicios.  La consecuencia de lo anterior es una  sociedad cada vez más polarizada, incluso entre quienes adversan al gobierno de Maduro, en el que los niveles de intolerancia y el odio van en crecimiento. De allí que cada día se haga más difícil llegar a acuerdos mínimos para la construcción de un espacio público que permita construir un nuevo acuerdo social que siente las bases de la reconstrucción del país.

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