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Venezuela a la intemperie

Foto: @Babel_Fotografia

Juan Manuel Trak | 18 de marzo

Lamentablemente en Venezuela hemos perdido la noción de política púbica. Desde la llegada de Chávez al poder, la política pública fue sistemáticamente tergiversada y utilizada con fines clientelares. De allí que la diferencia entre partido, gobierno y Estado se fue haciendo difusa hasta desaparecer. El resultado, luego de más de 20 años en el poder, es la ineficacia del Estado para atender y resolver los problemas más apremiantes de los venezolanos

Hoy, cuando era más necesaria la existencia de un Estado funcional, en el momento que una pandemia se extiende por el mundo, los venezolanos quedaron simplemente expuestos a la supervivencia. Afortunadamente, el COVID-19 no es mortal para la mayoría de las personas, pero no deja de ser un riesgo para la salud pública, sobre todo para la población de adultos mayores y personas con algunas enfermedades crónicas.

En Venezuela no existe un sistema de salud funcional. De hecho, la incapacidad del Estado para atender las demandas básicas de salud de los venezolanos ha sido ampliamente documentada por los medios de comunicación. En primer lugar, el éxodo de médicos, enfermeras y personal técnico formados en las universidades nacionales ha dejado a los hospitales públicos con un déficit grave de recursos humanos. En segundo lugar, la inversión en insumos y equipos médicos necesarios es prácticamente nula, dejando en manos de los propios pacientes y sus familiares el costo de los equipos necesarios para atender una emergencia de salud. En tercer lugar, el estado de la infraestructura también es deficiente, lo que supone un riesgo mayor para quienes acuden a los centros de salud. Finalmente, todo lo anterior ocurre en un contexto en que los servicios públicos básicos, como son electricidad y agua, han colapsado en buena parte del territorio nacional, por lo que las medidas preventivas básicas son más difícil de cumplir por parte de la población general. 

A lo anterior se le añade el carácter autoritario del gobierno de Maduro, cuya única respuesta a todas las crisis es involucrar al sector militar desde una perspectiva represiva. En este sentido, difícilmente sea posible esperar que el gobierno acepte la experticia de las universidades o que haga pública la información necesaria para que los ciudadanos y las instituciones puedan tomar decisiones de forma asertiva. De hecho, lo más probable es que aproveche la situación para aumentar el sistema de control clientelar, la estatización de sectores estratégicos y el aumento del poder militar sobre la población.

El autoritarismo hegemónico que es Venezuela hoy supone que las políticas públicas están diseñadas para satisfacer las necesidades de enriquecimiento y dominación de esos grupos de interés que viven de los beneficios de aferrarse al poder, mientras que la oferta de bienes y servicios públicos, además de la satisfacción de demandas públicas se deja en el abandono.

De tal suerte, Venezuela se encuentra a la intemperie frente a la pandemia mundial. La conjunción de la crisis humanitaria compleja y la pandemia de COVID-19 suponen un reto para el ciudadano común y la sociedad civil organizada. Le toca a la sociedad venezolana darse a sí misma soluciones paliativas, en un contexto de carencias inconmensurables.

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