Destacado

El juego cambió

Foto de: BBC

Andrés Cañizález |7 de abril de 2020

@infocracia

El último día de marzo el gobierno de Estados Unidos puso sobre la mesa una salida política a la crisis venezolana. Este mes de abril será un tiempo de incubación de dicha propuesta, a mi modo de ver, entre los diferentes actores nacionales y foráneos.

Presentado por el secretario de Estado, Mike Pompeo, como un plan para la transición en Venezuela, este documento oficializa el viraje de la política de Washington en relación con el régimen de Nicolás Maduro.

Estados Unidos apuesta, definitivamente, a una salida política. E incluso hará gala de su fuerza militar en aras de alcanzar dicha salida política, usándola como factor de disuasión. No se ven señales de que esté en marcha una intervención o acción militar de Estados Unidos sobre Venezuela.

El plan anunciado por Pompeo, y del cual el arquitecto es Elliot Abrams, el enviado especial de Washington para la crisis venezolana, terminó siendo del punto neurálgico en un marco de 10 días en los cuales, política y comunicacionalmente, Estados Unidos dejó en claro que en medio de la crisis del Coronavirus insistirá en la transición venezolana.

En primer término, la administración Trump tomó una decisión inédita –al menos en Occidente- de ponerle precio a la cabeza de un gobernante en ejercicio. Por Nicolás Maduro se han ofrecido 15 millones de dólares, y sumas igualmente elevadas por otros de sus colaboradores cercanos. A todos los acusa de narcotráfico, entre otros delitos. Esto provino de la Fiscalía.

Luego vino el anuncio de Pompeo, que es la estrategia diplomática estructurada. Acto seguido la confirmación de que habrá un despliegue naval antidroga en el Caribe, muy cerca de Venezuela. El factor militar, insistimos, no debe verse como el preludio de una intervención, sino una demostración de fuerza.

Washington, con estas acciones, busca el desplazamiento de Maduro del poder por fuerzas internas del propio chavismo. Estados Unidos juega a la variable militar, pero en el sentido de que uniformados venezolanos fuercen la renuncia de Maduro y se abra paso, finalmente, a una transición.

Este mes de abril será clave para calibrar el impacto de esta estrategia, más allá de que sea temprano para verla fructificada o desechada del todo.

La rápida respuesta de apoyo de los países americanos del Grupo de Lima (con Canadá, Perú, Brasil y Colombia teniendo roles claves), así como el respaldo vigoroso de varios países europeos claves (más allá del tímido apoyo de la Unión Europea, refrenada por España), dejan en claro de que Estados Unidos no se sacó este plan de una chistera.

Fue algo preparado con antelación y posiblemente la gira de Juan Guaidó de enero-febrero haya terminado de hilar las cosas para generar una sinergia entre América y Europa, que hasta ahora no estaban alineados en el cómo propiciar el cambio democrático en Venezuela.

Comento, para cerrar, tres elementos significativos. En primer término, es muy importante la propia existencia de un plan, detallado, con respuestas no sólo políticas, sino con apuntes sobre iniciativas para la reconstrucción de Venezuela en el marco de una gran coalición internacional, liderada por Estados Unidos de la mano de entes como el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Se puede discrepar del plan, especialmente se puede cuestionar que no haya sido motivo de consulta con actores relevantes de Venezuela. Sin embargo, quedó patente que los actores internos principales no tienen capacidad o voluntad para una salida a la crisis venezolana. Esto debido a la falta de compromiso de Maduro con cualquier negociación y debido a la falta de elementos de presión por parte de Guaidó.

Así las cosas, esto se conecta con el segundo aspecto significativo de este plan. Las sanciones de Estados Unidos dejaron de ser un fin en sí mismas para pasar a ser un factor disuasivo que pueda obligar al Chavismo a tomar decisiones en torno a Maduro.

Washington ha anunciado su disposición a levantar todas las sanciones y acordar con otros actores medidas similares (se mencionó específicamente a la Unión Europea) si se logra conformar un nuevo gobierno que a mi modo de ver se concibe como tripartito: chavistas no involucrados en narcotráfico o violaciones graves a derechos humanos, opositores liderados por Guaidó y militares.

Este gobierno interino en un lapso de 6-12 meses deberá conducir a unas elecciones generales (presidenciales y legislativas), y se respetará el mandato actual de gobernadores y alcaldes (en su gran mayoría son chavistas).

Una tercera y última arista significativa. Este plan, según han indicado personas conocedoras del proceso, sencillamente recoge lo que habían estado negociando chavismo y oposición con mediación de Noruega, y respaldo de toda Europa Occidental, el año pasado. De esta manera, el plan de Washington no es un meteorito que recién cae sobre Venezuela. Sencillamente pone en el papel lo que ya era objeto de conversaciones y negociaciones políticas el año pasado.

La gran diferencia es que el año pasado Washington no estaba en sintonía con un acuerdo de este tipo. La política hacia Venezuela estaba atrapada en el discurso altisonante de John Bolton. Ahora, sin duda, el juego cambió.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s