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Notas sobre el escándalo político

Foto cortesía de: teleSUR

Andrés Cañizález | 12 de mayo de 2020

Doctor en Ciencia Política (USB), Maestría en Ciencia Política e Historia de Venezuela, Periodista, Investigador. Premio Monseñor Pellín (2005). Tiene en su haber numerosas publicaciones sobre la relación de los medios de comunicación con la democracia. Articulista. @infocracia

En general se mantienen, en la sociedad democrática moderna, zonas de ambigüedad con respecto a los límites de la responsabilidad política. Cuando se cruzan dichos límites podemos estar en presencia de lo que tradicionalmente se conoce como “abuso de poder”, algo que se hizo cotidiano en Venezuela, desde los tiempos de Hugo Chávez en el poder, o bien ocurre debido a la “violación de la confianza social”, que desde mi punto de vista nos remite al caso reciente de la denominada “Operación Gedeón”.

Se asume que quienes ejercen la actividad política han aceptado, implícitamente, un contrato social. A cambio de desempeñar amplias y complicadas funciones con la esperanza de que obtendrán el poder, consienten en que su comportamiento sea juzgado como un todo, incluso más allá de las leyes que puedan estar establecidas. El valor simbólico del comportamiento político tiene un peso determinante para el público.

Un escándalo clásico tiene que ver con el financiamiento ilegal de los partidos políticos, un asunto que no parece representar para muchos venezolanos una preocupación, y otra arista que puede generar reacciones negativas tiene que ver con las estrategias que se siguen para alcanzar el poder. En Venezuela estamos en una situación límite, sin duda alguna, pero muy importante para la transición democrática será el cómo se logre el cambio, a cuáles medios se apelaron.

El escándalo constituye una manifestación peculiar de la opinión pública. Tal manifestación se caracteriza por expresar una reacción social de indignación, ante lo que se percibe como una violación de la confianza social depositada en una persona o institución que desempeña un papel público relevante en la sociedad.

Para que una acción de un determinado actor político se convierta en un hecho escandaloso y que tenga consecuencias políticas (defenestración, retiro de la vida pública o enjuiciamiento), deben articularse varios factores. En primer lugar, las instituciones políticas (los tipos de régimen –democrático, autoritario, totalitario–, sistema electoral, sistema de partidos, partidos, organización parlamentaria, etcétera) tienen una influencia tanto directa como indirecta en el modo en que puede llegar a interpretarse la conducta de un agente político.

En segundo lugar, los medios de comunicación desempeñan un papel primordial para la difusión del escándalo en las sociedades de masas. Junto a los factores culturales e institucionales, hay que considerar también el contexto temporal. Hablar del factor tiempo es una forma resumida de referirse a la conjunción, en un momento determinado, de factores de índole política o social que propician que se den contextos temporales que son más favorables que otros para que se desencadene el escándalo.

En general se considera que el escándalo político es un juego de elites, en el cual la opinión pública desempeña un papel fundamental pero pasivo. La opinión pública reserva para sí misma la opción de aceptar o no aceptar las descripciones de los hechos y las interpretaciones de su significado que distintos sectores de las elites le presentan.

Finalmente, se han identificado varias etapas del escándalo político:

1.- Revelación. Una información novedosa revela algo que anteriormente era desconocido. Tiene el efecto de abrir un agujero en un círculo de secretismo y, por tanto, se sospecha que puede haber más detrás de lo revelado.

2.- Publicación. Lo más importante en esta fase son las decisiones de quienes controlan los medios informativos.

3.- Defensa. Tiene lugar generalmente justo después de la publicación y puede ser desempeñada por cualquiera que tenga acceso a los medios de información.

4.- Dramatización. En esta fase, los hechos ya conocidos se dramatizan como “mal”. Para que se produzca la dramatización se necesita que haya un conflicto previo entre las partes.

5.- Reajuste institucional. Consiste en la intervención de uno de los mecanismos institucionales de reajuste que existen en la sociedad, tanto a nivel de instituciones públicas como partidistas.

6.- Estigmatización. Tres condiciones posibilitan la estigmatización: que el público advierta que la organización a la que pertenecen los acusados no tiene voluntad de sancionar; que se perciba la seriedad de lo revelado; y el peso público relevante de la figura acusada.

Todo lo expresado en los párrafos anteriores fue fruto de un seminario que tomé hace algún tiempo con el estimado profesor Herbert Koeneke, en la Universidad Simón Bolívar.  En buena medida lo que hecho es glosar la disección que hace del escándalo el autor Fernando Jiménez Sánchez en su libro “Detrás del escándalo político. Posibilidades y límites del escándalo político como forma de control social”, editado por Tusquets Editores en 1995.

Me pareció oportuno volver sobre esta lectura. Lo hice ya años atrás cuando en medio de la campaña presidencial de Henrique Capriles estalló el escándalo con el entonces diputado Juan Carlos Caldera, por financiamiento indebido. Hoy vuelvo en el contexto de la llamada “Operación Gedeón”, de la cual muy seguramente aún desconocemos todas sus implicaciones.

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