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Los partidos políticos y la democracia

Óleo: “La libertad guiando al pueblo”, Eugene Delacroix

Yakeling Benarroche Amado

Licenciada en Estudios Internacionales, Especialista en Derecho Internacional Humanitario, Magíster en Seguridad y Defensa de la Nación, con estudios de Doctorado Seguridad y Desarrollo Integral y de Estudios Políticos y de Gobierno. Se ha desempeñado como Coordinadora Académica de programas de postgrado y extensión en la Universidad de las Fuerzas Armadas, en el Instituto de Altos Estudios de la Defensa Nacional y del Centro Internacional de Servicios Educativos en Línea; y actualmente es la Coordinadora Académica del CEPyG-UCAB. Docente de postgrado en diversas áreas como Derecho Internacional Humanitario, Relaciones Internacionales, Políticas Públicas, Pensamiento Estratégico, seminarios de Trabajo de Grado, entre otras.

@yakybena


Cuando hablamos de regímenes políticos estamos haciendo referencia a la forma en que se organiza la sociedad para gobernarse, al cómo se definen las reglas de juego y las formas de acceso al poder. En ese sentido, la democracia es uno de ellos, quizás el más defendido, pero a la vez el más abusado, y es por ello que a lo largo de la historia han existido muchas definiciones, todas partiendo de su etimología “Poder del Pueblo”, “Gobierno de las Mayorías”, etc., lo que le da a este término múltiples acepciones de acuerdo al interés del actor que la interprete. Sin embargo, a objeto de evitar la tentación del pensamiento egocéntrico y  para hacer más precisos este análisis, vamos a utilizar tres conceptos que están interrelacionados y que a mi juicio definen acertadamente el término en cuestión. Por una parte Bobbio (Meier, 2016), señala que la democracia es un sistema donde se presenta:

“…garantía de los principales derechos de libertad, existencia de varios partidos en competencia, elecciones periódicas y sufragio universal, decisiones colectivas concertadas (en las democracias coasociativas o en el sistema neocorporativo) o tomadas con base en el principio de mayoría, de cualquier manera siempre después del debate libre entre las partes o entre los aliados de una determinada coalición de gobierno…..” (pág. 445).

Por su parte, el artículo 3 de la Carta Interamericana de la OEA, señala que:

“…son elementos esenciales de la democracia representativa, entre otros, el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales; el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho, la celebración de elecciones periódicas, justas y libres basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas y la separación e independencia de los poderes públicos” (pág. 446).

Y por último, el concepto emitido por Eugene McCarthy (Aveledo 2002), quien señala que la democracia es “Una filosofía de la organización política y social que da a los individuos un máximo de libertad y un máximo de responsabilidad” (pág. 71).

Estas tres definiciones permiten determinar que la Democracia es un sistema complejo de interrelaciones, donde actúan una serie de actores comprometidos con su estabilidad y perfectibilidad, que en suma busca el desarrollo integral del Estado y que la materia prima de este sistema los constituyen los ciudadanos, quienes ejercen sus derechos y cumplen sus deberes, Aveledo 2002. Pág. 71.

Dentro de este entramado de instituciones, relaciones y acciones surgen los partidos políticos como actores esenciales, por lo que cuando se habla de partidos políticos y democracia la primera idea que surge es que existe una relación simbiótica entre ambos términos; es decir los partidos políticos son inherentes a la democracia y viceversa. Hoy día la auténtica democracia alberga en su seno el sistema de partidos, bien sea multipartidista o bipartidista, contexto en el cual solo tienen cabida las elecciones libres y competitivas. Es acá donde se presenta la razón de ser de un sistema de partidos en democracia, al tener como principal objetivo la lucha civilizada para acceder al poder del Estado, tanto para desempeñar funciones de gobierno, como para ejercer el rol de oposición, ambas perspectivas inherente a la dialéctica democrática. De allí que las organizaciones políticas y sus integrantes deben estar en permanente interacción con la sociedad, tanto quienes están en funciones de gobierno como en su calidad de organizaciones que están involucradas en la lucha política por el poder, lo que implica su contribución a la formación de la opinión pública respecto a los problemas de interés común, y con ello la consolidación de la sociedad civil como actor fundamental  del sistema.

Ahora bien, para determinar la relación entre partidos políticos y democracia recurriremos a plantear dicho vínculo sobre 5 premisas fundamentales:

  1. El pluralismo político y el pluralismo social son esenciales en una democracia, la existencia de la diversidad, la discrepancia, la opinión divergente, la dialéctica, trae consigo la formación de agrupaciones que los individuos constituyen con base a sus afinidades e intereses. Los partidos políticos y las organizaciones sociales surgen de esta necesidad, los primeros con aspiraciones de crecimiento y acceso al poder; y los segundos para canalizar el complejo entramado que la caracteriza, y segmentar sus intereses por área, necesidad, prioridades, etc. El pluralismo, para Sartori (2008), debe concebirse como una creencia de valor; presupone e implica tolerancia; rechaza el dogmatismo; exige que la Iglesia esté separada del Estado y que la sociedad civil sea autónoma de ambos. (pág. 65). Los partidos políticos son, en suma, la expresión organizada de esa sociedad diversa que aspira aportar soluciones, desde su perspectiva, a los problemas de la sociedad y del Estado.
  2. La negociación y el consenso como base del conflicto de voluntades e intereses. El equilibrio entre las aspiraciones particulares, la búsqueda de la equidad, la convivencia y el bienestar común, la eliminación de la violencia, la regulación de la lucha y el establecimiento de reglas civilizadas.
  3. La participación como acción individual y colectiva, parte del libre albedrío como acto voluntario de actuar, elegir, decidir, como ejercicio de  ciudadanía, donde priven los valores del respeto a la ley, las instituciones, la responsabilidad y la corresponsabilidad. La participación no como un mero acto matemático de cantidad, sino como un acto consciente que busque una democracia de mejor calidad.
  4. La alternabilidad basada en la existencia de dos o más partidos políticos con aspiraciones de acceso al poder, es un principio que se construye como opuesto al continuismo o a la permanencia en el poder por una misma persona, por lo que toda previsión que permita que esto ocurra, es contraria a dicho principio y que expresa la idea de que no puede haber cargos producto de la elección popular ocupados por una misma persona, que las personas deben turnarse sucesivamente en los cargos o que los cargos deben desempeñarse por turnos.(Diccionario de la Real Academia Española). 2. En este sentido la existencia de partidos con propuestas distintas e intereses particulares, le permite al ciudadano elegir, seleccionar, decidir, castigar, premiar en función de lo que a su juicio debe ser un buen gobierno.
  5. Articuladores entre la sociedad y el sistema político: Los partidos políticos constituyen las instituciones de la sociedad política que intermedian  entre el Estado y la sociedad civil y que permiten hacer realidad el principio de la legitimidad de origen de la democracia mediante sus ofertas político-electorales expresadas en programas y en los candidatos a los cargos de representación popular en las instancias del Estado. Dichos programas deben ser el resultado de la captación de las demandas y necesidades de los ciudadanos, la búsqueda de hacer realidad el bienestar social a través el análisis de las mismas y su concreción en estrategias, objetivos y acciones, que plasmen tanto los intereses de la organización como los de los ciudadanos.

Es importante señalar que actualmente los partidos políticos, no solo en Venezuela si no en el mundo están siendo cuestionados en su rol de organizaciones capaces de representar los intereses y aspiraciones de un colectivo determinado. Se les ha señalado de estar desvinculados, total o parcialmente con la sociedad e incluso de su militancia, de ejercer prácticas autoritarias y sectarias en la conducción interna, de corrupción, de carencia de actitud pedagógica, en suma de una serie de perversiones que les han perjudicado en imagen interna y externa. Sin embargo, resulta poco objetivo juzgar a las organizaciones con base en los comportamientos de algunos de sus integrantes. La ética y la moral son base fundamental del comportamiento de toda una sociedad y en especial de quienes aspiran a representarla, por lo que es mandatorio exigir, no a las organizaciones, si no a quienes hacen vida en ellas una conducta proba y consustanciada con los valores y principios que caracterizan a la democracia, exigencia ésta que, no solo debe partir de su militancia, sino de todo el conglomerado social, que de sentido y vigencia a la participación como eje de un sistema que garantice el cumplimiento y ejercicio de los deberes y derechos ciudadanos.


Bibliografía

  • Aveledo, Ramón. ¿Qué es política?. Editorial PANAPO, Caracas Venezuela, 2002.
  • Meier, Henrique. “Teoría político constitucional”. Universidad Metropolitana, 2016.
  • Sartori, Giovanni. “La democracia en 30 lecciones”. Distribuidora y Editora Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A. Bogotá, Colombia, 2008.

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