Opinión y análisis

Venezuela en la agenda China

Foto extraída de: El Universal

Félix Arellano

Internacionalista. Doctorado en Ciencias Políticas, Profesor Titular UCV. Coordinador del Postgrado de Relaciones Internacionales FACES/UCV. Miembro de la Mesa de Análisis Coyuntural del CEPyG – UCAB.


Desde la apertura de la China comunista al mercado capitalista, promovida por Deng Xiaoping, lo que le permitió superar las hambrunas que caracterizaban al gobierno de Mao Xedong, la agenda internacional empieza a jugar un papel progresivamente relevante, toda vez que su expansión y hegemonía en el contexto global se convierten en una de sus prioridades fundamentales. Desde la apertura podemos organizar la actuación internacional de China en tres fases y, en cada una de ellas, podemos apreciar que el proceso bolivariano venezolano, que inicia con Hugo Chávez en el año 1999, ha estado presente.

La primera fase, que se corresponde con los inicios de la apertura, bajo la conducción de Deng Xiaoping, el “gran timonel”, la actuación internacional se define por el bajo perfil. Una China que viene de la pobreza, va creciendo y generando confianza para las inversiones extranjeras, que empieza a incursionar en los mercados con bienes de bajo nivel de transformación, poco competitivos. Con una diplomacia imperceptible, que además cuenta con el importante respaldo de Henry Kissinger, el gran operador de la apertura de los Estados Unidos a China, y quien la considera un factor de contención frente a Rusia.

Esta primera fase la podríamos extender hasta la presidencia de Hu Jintao. Las prioridades de expansión son fundamentalmente comerciales y partiendo del entorno asiático, de forma progresiva, va alcanzando el planeta, en particular, los países en desarrollo. En la medida en la que se fortalece y diversifica la producción, los intereses alcanzan África, donde el comercio y las inversiones chinas son recursos vitales; pero también en nuestra región latinoamericana, donde propicia la firma de Acuerdos de Libre Comercio con Chile (2006), Perú (2010) y Costa Rica (2011).

En esta primera fase, caracterizada por la prudencia y el bajo perfil político, Venezuela, como el resto de países de la región, representa mercado, como lo confirman las visitas a Caracas de los presidentes chinos: Jiang Zemin (abril 2001) y Hu Jintao (agosto 2006). Conviene destacar que para la revolución bolivariana, China es un aliado estratégico.

La segunda fase en la actuación internacional china la podríamos definir como de gran expansión y creciente protagonismo, inicia con la llegada de Xi Jinping a la presidencia (marzo 2013). Representa el gran avance de China como potencia mundial, con una actuación internacional muy activa, presentando la revolución como defensora del libre mercado. La producción se orienta a un mayor nivel tecnológico, e inicia la competencia por el control de la alta tecnología, las telecomunicaciones, el ciberespacio, incluso se fortalece la carrera armamentista.

El aislacionismo que inicia Donald Trump al llegar a la presidencia de Estados Unidos (enero 2017), resulta favorable para los proyectos de gran expansión y hegemonía global que desarrolla Xi Jinping. En este contexto, el proyecto de la Franja y la Ruta o Ruta de la Seda, es la más clara evidencia del expansionismo global y protagónico de China.

En esta segunda fase Venezuela va perdiendo importancia como mercado y, en el exitoso portafolio de inversiones y comercio de China con la región, en alguna medida el proceso bolivariano resulta incómodo, al punto de marcar distancias y presentar críticas al desastre administrativo del proceso bolivariano.

La tercera fase, en pleno desarrollo, la podríamos definir como la expansión agresiva, se acabó la prudencia y el bajo perfil, los halcones chinos asumen las riendas de la agenda internacional. La presión del Presidente Trump con su guerra arancelaria, es el inicio de la lucha por la hegemonía global en los sectores de punta de la economía mundial. Luego, con la pandemia del Covid-19 se observa un punto de inflexión, se incrementan las críticas al comportamiento de China en el manejo del nuevo virus, tanto por parte de gobiernos, como de la sociedad civil.

El partido comunista chino reacciona con agresividad, se presenta como triunfador frente a la pandemia y activa la llamada “diplomacia de las mascarillas”, para fortalecer su protagonismo mundial, especialmente, en los países en desarrollo. Rechaza duramente las críticas, incluso amenaza con potenciales sanciones a socios comerciales tan importantes como Australia.

Son múltiples los temas que generan e incrementan las tensiones, sobre todo, con Estados Unidos, entre otros: el déficit de la balanza comercial, subvenciones a las empresas chinas, falta de transparencia en el mercado, los temas de propiedad intelectual; el control de la 4ta Revolución Industrial, el 5G; las empresas de electrónica. También están generando tensiones los casos de las minorías étnicas: el Tíbet, los Uigur; la ley de seguridad contra Hong Kong; los ataques a la India en la zona de Cachemira, y las movilizaciones militares en el Mar Meridional de China.

La diversidad de tensiones ha llevado a considerar que Estados Unidos y China han iniciado una “guerra fría”; pero debemos ser cautelosos. Por una parte, existen lazos económicos muy importantes entre ambas partes, un comercio que sobrepasa los 500 mil millones de dólares, además China es el gran tenedor de bonos de deuda de los Estados Unidos, que se calcula en 1.6 billones de dólares. Por otra parte, que las encuestas no estén resultando favorables al presidente Trump, lo lleva a incrementar la agresividad nacionalista contra China.
En lo que respecta a Venezuela en esta tercera fase, todo indica que resulta una ficha conveniente en el enfrentamiento contra el imperio. Ahora bien, debemos tener presente que para China la relación con Estados Unidos es fundamental, ambas partes necesitan superar las contradicciones que están enfrentando y retomar la mesa de negociación, para avanzar en los primeros acuerdos alcanzados en enero del presente año, situación que podría resultar factible luego de las elecciones y, cuando eso ocurra, el proceso bolivariano puede resultar incómodo.

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