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¿Cuba o Noruega?

Foto: Venezuela al Día

Félix Arellano


En la dinámica social resulta muy difícil, para no decir imposible, predecir los acontecimientos, básicamente podemos definir tendencias, con distintos rangos de probabilidad. En el caso venezolano, incluso la formulación de las tendencias presenta un alto riesgo, por la volatilidad de los acontecimientos; empero, las circunstancias indican que la coalición en el poder está avanzando a la puesta en escena de la elección de una nueva Asamblea Nacional, el próximo 6 de diciembre (6D), que no resuelve la crisis que vive el país, pero logra algunos objetivos importantes. Teniendo en cuenta que el 6D exacerba la crisis, conviene evaluar potenciales escenarios y, en ese contexto, tratar de organizarnos para seguir adelante con nuestro fin de reconstruir la democracia.

La coalición gubernamental se siente exitosa en sus planes, con la liberación de detenidos, proceso que tiene serias debilidades, está logrando fragmentar y debilitar la oposición democrática. También está intentando, sin mucho éxito, dividir a la comunidad democrática internacional. Con el 6D aspira a alcanzar legitimidad, para desarrollar una batalla más fuerte en el plano internacional, particularmente, frente a las sanciones.

La liberación de presos es digna de reconocimiento, pero organizaciones como Foro Penal, han precisado que de los 110 liberados, solo 50 son presos políticos, de tal forma que muchos han quedado en las celdas. Luego, la llamada “puerta giratoria” no  para, y las detenciones arbitrarias continúan. Por otra parte, ante la ausencia de un real Estado de Derecho, no existe confianza para los liberados; de hecho, un alto dirigente del proceso bolivariano, los ha alertado con la irónica expresión: “la justicia los vigila”. 

Las liberaciones han incrementado la fragmentación de la oposición democrática y nuevos grupos se suman a la participación el 6D. Por lo pronto, la comunidad internacional se mantiene firme en su cuestionamiento a las condiciones del proceso electoral. Por otra parte, cabe destacar que  en estos momentos se está conformando una presión, con solida argumentación, a los fines de lograr la postergación de las elecciones.

La coalición gubernamental debe estar considerando la propuesta dado que, además de las condiciones de la pandemia, le podría reportar apoyos internacionales, por ejemplo una eventual observación de la elección por la Unión Europea o las Naciones Unidas, con lo cual va avanzando en sus objetivos de lograr legitimidad y, paralelamente, intentar dividir a la comunidad internacional.

Del contexto internacional uno de los elementos más complejos para el bloque  de poder, tiene que ver con la actuación de los Estados Unidos, en particular, la aplicación de las sanciones secundarias y sus implicaciones financieras. Hasta el presente, el gobierno del presidente Trump se presenta firme tanto, en rechazar lo que define como un fraude electoral, como en el mantenimiento e incremento de las sanciones; sin embargo, no podemos menospreciar que los imprevistos cambios de posiciones, no son extraños en el estilo del mandatario estadounidense.

Si la coalición gubernamental realiza las elecciones parlamentarias, habrá logrado alcanzar objetivos importantes, como la eliminación de la Asamblea Nacional, el único poder constitucional y legítimo, que si bien paralizó desde su primer día de funcionamiento, por las maniobras del TSJ, en la práctica le resultaba incómodo. Asimismo, elimina la fundamentación que apoyaba el liderazgo de Juan Guaidó, como presidente de la Asamblea Nacional y presidente encargado del Ejecutivo.

Podemos fácilmente imaginar los resultados del proceso electoral, tendremos una nueva Asamblea con una importante mayoría del partido oficialista y alguna participación de una oposición poco crítica o, en su mayoría, complaciente. Pero, esta nueva Asamblea no resuelve la crisis nacional, ni implica el levantamiento de las sanciones.

Mientras, el escenario de que la elección parlamentaria se convierta en un detonante para el cambio, podría estar prácticamente descartado, por las divisiones de la oposición, la falta de liderazgo efectivo, la pandemia y la grave crisis humanitaria compleja que vive nuestra población. En estas condiciones, no se aprecia un pueblo con capacidad de protesta, para transformar los acontecimientos.

Con la Asamblea del 6D el problema de las sanciones, en particular las sanciones secundarias,  se mantiene. Al respecto, pareciera que la coalición gubernamental concentra sus esperanzas en los resultados de las próximas elecciones en los Estados Unidos; no obstante, pudiera estar sobreestimando los escenarios. Un triunfo del candidato demócrata Joe Biden no significa un desmonte automático de las sanciones, por el contrario, pudiera implicar un gobierno más efectivo en la coordinación internacional, donde las sanciones son un mecanismo de presión para logar una negociación confiable, su levantamiento dependerá de resultados efectivos en la mesa de negociación.

Con la reelección de Donald Trump, como hemos vivido en estos cuatro años, todo puede ocurrir, pero el desmonte automático de sanciones, es el escenario menos probable. El carácter impredecible del Presidente estimula diversos escenarios, entre otros, una negociación directa con Nicolás Maduro, como ocurrió en el caso de Corea del Norte. También podría restar importancia al tema venezolano, no está prevista una tercera reelección, la Florida deja de ser un cálculo, pero mantiene las sanciones, siguiendo el modelo del bloqueo a Cuba.

Para la coalición gobernante el modelo cubano puede resultar interesante. En el caso de Cuba el embargo permanente le ha generado beneficios políticos, particularmente en las Naciones Unidas y ha mantenido el apoyo económico de los países europeos. Pero el escenario cubano es un seño poco realista en el caso venezolano, pues no existe la vieja URSS, que realizó una inversión importante para mantener a Castro el poder. En estos momentos China, que tiene la fuerza económica, mantiene una posición distante en materia financiera con Venezuela.

El partido comunista cubano también ha utilizado la economía negra para lograr recursos. Sobre este punto conviene destacar que, las condiciones están dadas para que los gobiernos democráticos incrementen los controles y acciones colectivas contra la economía negra venezolana. No podemos negar que los aliados de la coalición le permiten lograr mecanismos de evasión de las sanciones, el detalle es que la economía negra se tiende a quedar en bolsillos personales y no resuelve la grave crisis del país.

En este contexto pareciera que se repotencia Noruega, es decir, un mecanismo de mediación, que permita una negociación efectiva para una transición a la democracia, con el progresivo desmantelamiento de las sanciones. En esta circunstancia sería conveniente desarrollar una detallada evaluación de la experiencia Noruega-Barbados, precisar claramente bondades, debilidades, y posibles cambios.

Un trabajo de revisión de la experiencia de Noruega-Barbados, en principio pudiera tener una naturaleza académica, toda vez que en estos momentos no están dadas las condiciones para retomar la mediación, pero puede contribuir a fortalecer las capacidades para enfrentar con mayor efectividad el escenario de negociación cuando sea el momento adecuado. Todo indica que la mediación y la negociación son caminos en el horizonte.

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